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Catedral de Quilmes, miércoles 1° de abril

“Él me envió a llevar la Buena Noticia a los pobres” (Lc. 4, 18)

Queridas hermanas y hermanos.
Queridos Presbíteros y Diáconos:

Todos somos enviados a llevar la Buena Noticia a los pobres, como pueblo de Dios. En este Año Jubilar Diocesano, desde este lugar recordamos las primeras palabras del primer pastor, las palabras del apóstol san Pablo: “Ay de mí si no predicara el Evangelio” (1 Cor. 9, 16)

Acompañados por el pueblo de Dios, los que fuimos llamados al ministerio ordenado queremos renovar nuestro compromiso de fidelidad a Dios y a su pueblo, en el marco de la Misa Crismal, cuyas lecturas bíblicas iluminan y dan sentido a nuestras vidas selladas con el sacramento del Orden.

“Conocer a Jesús es el mejor regalo que puede recibir cualquier persona; haberlo encontrado nosotros es lo mejor que nos ha ocurrido en la vida, y darlo a conocer con nuestra palabra y obras es nuestro gozo” (DA 29)

El evangelio según san Lucas nos presenta a Jesús, en la sinagoga de su pueblo, un día sábado como de costumbre, leyendo al profeta Isaías.

“Ahora nuestros ojos están fijos en Él. Acaba de anunciar un jubileo. Lo ha hecho no como quien habla de otros. Ha dicho: «El Espíritu del Señor está sobre mí» como uno que sabe de qué Espíritu está hablando. Y de hecho añade: «Hoy se ha cumplido este pasaje de la Escritura que acaban de oír». Esto es divino: que la Palabra se haga realidad. Ahora los hechos hablan, las palabras se cumplen. Esto es nuevo, es fuerte. «Yo hago nuevas todas las cosas»”. (Francisco, Misa Crismal, 2025)

Queridos diáconos, queridos presbíteros: en este Jubileo Diocesano queremos vivir hondamente y celebrar este precioso ministerio que Dios nos ha regalado. Las palabras de Jesús nos traen al corazón el día de nuestra ordenación. No es algo que ha quedado en el pasado. El Espíritu ha seguido obrando en nosotros, al modo de Dios, con el amor de un padre, con el amor de una madre.

“Es obra de Dios, no nuestra, la de llevar a los pobres un mensaje de alegría, a los cautivos la liberación, a los ciegos la vista y la libertad a los oprimidos. Si Jesús encontró este pasaje en el libro, hoy lo sigue leyendo en la biografía de cada uno de nosotros. Primero porque, hasta el último día, es siempre Él quien nos evangeliza, quien nos libera de nuestras prisiones, quien nos abre los ojos, quien aliviana la carga puesta sobre nuestros hombros. Y luego porque, al llamarnos a su misión y al insertarnos sacramentalmente en su vida, Él también libera a otros a través de nosotros” (idem)

En su última Misa Crismal, hace veinticinco años, el Padre Obispo Jorge Novak decía desde este mismo lugar:

“El texto evangélico ha hablado de cautiverio, de pobreza, de opresión. Ustedes, presbíteros y diáconos, muy en contacto con el santo pueblo de Dios, conocen sobradamente la dureza de la situación (…) Pero Jesús da también testimonio de un anuncio, que compromete la vida y la actividad de la Iglesia. A los poderosos de esta tierra, sobre todo si se precian de su fe cristiana, les hemos de predicar que no es tolerable una conducción que condena al hambre a verdaderas multitudes. Hemos de predicar, queridos presbíteros y diáconos, que una sociedad organizada según el espíritu del Evangelio ha de respetar el derecho de toda familia a un trabajo seguro, a una vivienda digna, a la salud protegida y a la educación integral. ¡Que los pobres nos vean de su lado y no del lado de los opresores!” (Novak, 12 de abril de 2001)

Hemos querido regalarles la Carta Apostólica “Una fidelidad que genera futuro” del Santo Padre León XIV, con motivo del LX Aniversario de los documentos conciliares “Optatam Totius” y “Presbiterorum Ordinis”. El Papa León nos escribe “para considerar juntos la identidad y la función del ministerio ordenado a la luz de lo que el Señor pide hoy a la Iglesia, prolongando la gran obra de actualización del Concilio Vaticano II” (n. 4). León XIV propone hacerlo a través de la perspectiva de la fidelidad, que es a la vez gracia de Dios y camino constante de conversión, para corresponder con alegría a la llamada del Señor Jesús. El Papa comienza “expresando gratitud por el testimonio y la entrega de los sacerdotes y diáconos que, en todas partes del mundo, ofrecen su vida, celebran el sacrificio de Cristo en la Eucaristía, anuncian la Palabra, absuelven los pecados y se dedican día tras día con generosidad a los hermanos y hermanas, sirviendo a la comunión y a la unidad, y cuidando, en particular, de quienes más sufren y pasan necesidad” (id.) Luego el Santo Padre desarrolla su contenido en cinco puntos: Fidelidad y servicio, fidelidad y fraternidad, fidelidad y sinodalidad, fidelidad y misión, fidelidad y futuro.

Próximos a iniciar formalmente nuestro Tercer Sínodo Diocesano, destaco estas palabras del Papa en su ítem “Fidelidad y sinodalidad”: “En este campo aún queda mucho por hacer. El impulso del proceso sinodal es una fuerte invitación del Espíritu Santo a dar pasos decididos en esta dirección. Por eso reitero mi deseo de invitar a los sacerdotes a abrir de alguna manera su corazón y a participar en estos procesos que estamos viviendo” (n. 21)

En otro de los puntos dice: “La vocación sacerdotal se desarrolla entre las alegrías y las fatigas de un servicio humilde a los hermanos, que el mundo a menudo desconoce, pero del que tiene una profunda sed: encontrar testigos creyentes y creíbles del Amor de Dios, fiel y misericordioso, constituye una vía primordial de evangelización” (n. 23)

Será de mucho fruto la lectura de esta Carta Apostólica para todos y cada uno de nosotros.

En este día en que se expande la fragancia de Cristo que dimana del aceite perfumado, el Santo Crisma, deseamos que se difunda el amor entre nosotros y en todo el santo pueblo de Dios.

De parte de los obispos, nuestro agradecimiento a todos ustedes queridos presbíteros, a ustedes queridos diáconos y a sus esposas, junto con sus hijos, nietos y familia entera. Gracias por la entrega de cada día. Gracias por tantos gestos de amor y de servicio. Gracias por hacer presente la Palabra y predicarla con unción. Gracias por estar junto a los enfermos, a los más olvidados y solos. Gracias por hacer presente a Jesús en la Eucaristía y en el sacramento del perdón. Gracias por acompañar, aconsejar, consolar, sostener y prevenir. Gracias por la oración silenciosa y sostenida por el pueblo. Gracias por los gestos y palabras de solidaridad con los más postergados, y por trabajar por la justicia y la paz.

Gracias por el sufrimiento padecido y ofrecido de nuestros hermanos diáconos y presbíteros sufrientes, que sobrellevan cualquier dolor en su cuerpo o en su espíritu, haciendo presente a Cristo en la Cruz. Queremos estar muy cerca de cada uno, sea que esté internado en una clínica, postrado en la cama de su casa, limitado en una silla de ruedas, o interno en la celda de una cárcel. Hoy están participando espiritualmente con nosotros en esta Eucaristía. Hacemos un momento de oración silenciosa por ellos.

Este es un día en que también, viendo tanta necesidad de sacerdotes, de diáconos, de consagradas y consagrados, se hace imperiosa la oración por el aumento de las vocaciones. Pero a la vez, como nos dice el Papa León XIV: “Debemos tener el valor de hacer a los jóvenes propuestas fuertes y liberadoras, y de que en las Iglesias particulares crezcan los ambientes y las formas de pastoral juvenil impregnadas del Evangelio, donde puedan manifestarse y madurar las vocaciones a la entrega total de sí. Con la certeza de que el Señor nunca deja de llamar (cf. Jn. 11,28), es necesario tener siempre presente la perspectiva vocacional en todos los ámbitos pastorales, en particular en los juveniles y familiares. Recordémoslo: ¡no hay futuro sin el cuidado de todas las vocaciones!

Tenemos un ejemplo de fidelidad a Dios y al pueblo que nos anima y acompaña, tan particularmente presente en nuestra Diócesis: el Santo Cura Brochero. Todos sabemos de su preocupación para que a sus feligreses no les faltara el buen pasto de la Palabra de Dios. Por medio de los Ejercicios Espirituales los condujo al encuentro personal con Cristo. Conocemos su lucha para que tuvieran lo necesario para vivir con dignidad. No le tuvo asco a nada, ni siquiera a perder su reputación en los ámbitos eclesiásticos. Supo estar con todos, sin renunciar a la vivencia del Evangelio. Se inmoló por su pueblo y padeció con su gente las penurias de la pobreza y la postergación. Pero supo luchar con ellos para lograr un mejor progreso para todos, sin exclusiones. En sus épocas de seminarista había escuchado aquella expresión del santo Cura de Ars: “El sacerdocio es el amor del Corazón de Jesús”. Brochero se encargó de hacerlo carne en medio de sus serranos cordobeses. Y cuando, ya leproso y ciego, las fuerzas no lo acompañaron, permaneció rezando, desgranando rosarios por los pasados, presentes y por los que habrían de venir. Hoy trasciende las tierras del centro del país para ser un ejemplo cristiano de fidelidad a Dios y al Evangelio, fidelidad al pueblo y a sus luchas por la justicia y la paz.

Algunos afirman que Brochero estuvo en Quilmes, visitando a su amigo el Padre Bartolomé Ayrolo, teniente cura y luego párroco de esta Iglesia parroquial. Si no lo fue así, sabemos que ahora Brochero sigue visitándonos, viviendo en el corazón de tantas y tantos que “seguimos teniendo puestos los ojos fijos en Jesús”.

Inmaculada Virgen María te pedimos que nos ayudes cada día a mirar a Jesús, y a ser fieles a su llamado: “Ven y sígueme”. Amén

+ Carlos José Tissera
Obispo de Quilmes

Catedral, 29 de marzo de 2026

“Mira que tu rey viene hacia ti, humilde y montado sobre un asna, 
sobre la cría de un animal de carga” 
(Mt. 21, 5)

Hermanas y hermanos:

Con nuestros ramos hoy aclamamos a nuestro rey, Jesús el Mesías prometido, el rey de la paz, el Hijo de Dios. Desde lo hondo del corazón ha brotado esa alabanza: “¡Hosanna!”.

Las lecturas bíblicas hoy nos presentan la persona de Jesús, centro de toda esta Semana Santa, la cual culmina con la celebración del Triduo Pascual. 
 
“Conocer a Jesús es el mejor regalo que puede recibir cualquier persona; haberlo encontrado nosotros es lo mejor que nos ha ocurrido en la vida, y darlo a conocer con nuestra palabra y obras es nuestro gozo” (DA 29)

Contemplar a Jesús, mirarlo, escucharlo, admirarlo, prestarle atención. “Cada mañana Él despierta mi oído para que yo escuche como un discípulo” (Is. 50, 4)

Él quiere enseñarnos, el viene a nosotros, “humilde y montado sobre un asna, sobre la cría de un animal de carga”. Como nos dice San Pablo: “se anonadó a sí mismo, tomando la condición de servidor, y haciéndose semejante a los hombres. Y presentándose con aspecto humano, se humilló hasta aceptar por obediencia la muerte y muerte de cruz” (Flp. 2, 7-8)

Mientras Jesús entra a Jerusalén aclamado por el pueblo que lo seguía, “toda la ciudad se conmovió, y preguntaban: «¿Quién es este?». Y la gente respondía: «Es Jesús, el profeta de Nazaret en Galilea»” (Mt. 21, 10-11). Jesús ya ha empezado a mostrarse como un “signo de contradicción”, como lo había profetizado Simeón, cuando María y José lo habían presentado en el Templo. 

El Mesías no se muestra como muchos esperaban, montado en un brioso caballo, con el poder de los ejércitos, haciendo gala de su fuerza dominadora, ostentando riquezas, opulencia y lucimientos pasajeros. Jesús aparece como uno de tantos, huyendo de toda apariencia vanidosa.

Ese modo de ser llena de envidia y de odio a muchos de los que ostentaban el poder religioso, político y económico de Jerusalén. La persecución y la condena a muerte ya empezó a gestarse en los círculos del poder reinante. El poder religioso y el poder político se confabularon para lograr su cometido. Las profecías se cumplían.

El mismo que fue aclamado como el Mesías Salvador, a pocos días experimentará la traición y el pedido de la multitud, instigada por los poderosos, para que sea crucificado.

Hoy Jesús viene a nosotros humildemente en cada circunstancia de la vida, en el orden personal, comunitario, social. Viene a nuestra realidad de país y del mundo.
Jesús es la luz que viene a disipar las tinieblas, en nuestro corazón y en nuestro exterior. El Misterio de su muerte y resurrección nos muestra el Camino. Ese Camino es la persona misma de Jesús. Él es la paz, la justicia, la verdad, la libertad, el amor. Muchos se quieren presentar como los salvadores del pueblo, del mundo. Estemos atentos. No nos dejemos engañar.

Escuchando la Palabra de Dios hoy, como en toda la Cuaresma y en estos días santos, Él mismo nos enseñará el verdadero camino de la paz, de la justicia, del amor. Él viene hacia vos, hacia mí, hacia toda persona. Viene como el Mesías, como el rey; pero Rey de un Reino muy diferente del reino de los poderosos, de los explotadores, de los que día a día mediante discursos de odio y de venganza, hambrientos de dinero y de poder, siembran muerte y destrucción en todas partes.

Hoy, el Papa León, en su homilía de la Misa en la Plaza San Pedro nos dice: 

“Hermanos y hermanas, este es nuestro Dios: Jesús, Rey de la paz. Un Dios que rechaza la guerra, al que nadie puede utilizar para justificar el enfrentamiento, que no escucha la oración de quienes hacen la guerra y la rechaza diciendo: «Por más que multipliquen las plegarias, yo no escucho: ¡las manos de ustedes están llenas de sangre!» (Is 1,15).

Al mirarlo a Él, que fue crucificado por nosotros, vemos a los crucificados de la humanidad. En sus llagas vemos las heridas de tantos hombres y mujeres de hoy. En su último grito dirigido al Padre escuchamos el llanto de quienes están abatidos, de quienes carecen de esperanza, de quienes están enfermos, de quienes están solos. Y, sobre todo, escuchamos el gemido de dolor de cada uno de los que están oprimidos por la violencia y de cada víctima de la guerra”
.                 

Desde esta porción del pueblo de Dios, que es la Diócesis de Quilmes, queremos repudiar esta “tercera guerra mundial a pedazos” (como decía el Papa Francisco). 

Camino al Tercer Sínodo Diocesano y en el Jubileo de los 50 años de creación de la Diócesis, queremos aclamar a Jesucristo, rey del universo, el Ungido para evangelizar a los pobres y que nos envía a anunciarlo a todos, todos, todos.

“Queremos ser la Iglesia que soñó Jesús: samaritana, cordial, solidaria, y en búsqueda de la justicia y la paz, especialmente con los más pobres; abrazando misericordiosamente a todos”. 

La Virgen, Madre de Jesús y Madre nuestra, nos acompañe en esta Semana Santa, para contemplar, escuchar y seguir a Jesús.

+ Carlos José Tissera
Obispo de Quilmes

Quilmes, 29 de marzo de 2026

Próximos a iniciar la Semana Santa compartimos las celebraciones que presidirán los obispos de Quilmes Carlos José Tissera y Eduardo Gonzalo Redondo.

A continuación, el detalle de los días y celebraciones de estos días centrales para los cristianos:


Domingo de Ramos (29 de marzo)

09.00 h. Misa de Ramos en la Iglesia Catedral (Pasaje Papa Francisco – ex Rivadavia- 355, Quilmes)
P. Obispo Redondo

19.00 h. Misa de Ramos en la Iglesia Catedral (Pasaje Papa Francisco – ex Rivadavia- 355, Quilmes)
P. Obispo Tissera

19.00 h. Misa de Ramos en el Santuario San Cayetano (Mosconi 21, Quilmes Oeste)
P. Obispo Redondo


Miércoles Santo (1.º de abril)

19.00 h. Misa Crismal en la Iglesia Catedral (Pasaje Papa Francisco – ex Rivadavia- 355, Quilmes)
Pp. obispos Tissera y Redondo


Jueves Santo (02 de abril)

10.00 h. Misa y lavatorio de los pies en el Complejo Penitenciario de Florencio Varela
Pp. obispos Tissera y Redondo

19.00 h. Misa de la Última Cena y lavatorio de los pies en la Iglesia Catedral (Pasaje Papa Francisco – ex Rivadavia- 355, Quilmes)
P. Obispo Tissera

19.00 h. Misa de la Última Cena y lavatorio de los pies en el Santuario San Cayetano (Mosconi 21, Quilmes Oeste)
P. Obispo Redondo


Viernes Santo (03 de abril)

15.00 h. Celebración de la Cruz y Vía Crucis en el Santuario San Cayetano (Mosconi 21, Quilmes Oeste)
P. Obispo Redondo

15.00 h. Celebración de la Cruz y Vía Crucis en la Iglesia Catedral (Pasaje Papa Francisco – ex Rivadavia- 355, Quilmes)
P. Obispo Tissera

17.00 h. Vía Crucis en la Iglesia Catedral (Pasaje Papa Francisco – ex Rivadavia- 355, Quilmes)
P. Obispo Tissera

20.00 h. Celebración de la Cruz y Vía Crucis en el Santuario San Cayetano (El Zonda y El Atalaya km. 26, Florencio Varela)
P. Obispo Redondo


Sábado Santo (04 de abril)

19.00 h. Vigilia Pascual en la Iglesia Catedral (Pasaje Papa Francisco – ex Rivadavia- 355, Quilmes)
P. Obispo Tissera

20.00 h. Vigilia Pascual en la Parroquia Sagrada Familia (Calle 148 Nº 1351, Berazategui)
P. Obispo Redondo


Domingo de Pascua (05 de abril)

10.00 h. Misa en la Parroquia Jesús el Niño de Belén (Smith esq. Zeballos, Bernal Oeste)
P. Obispo Tissera

11.00 h. Misa en la Iglesia Catedral (Pasaje Papa Francisco – ex Rivadavia- 355, Quilmes)
P. Obispo Redondo

17.00 h. Misa en Hogares Madre Teresa (Berazategui)
P. Obispo Redondo

19.00 h: Misa en la Iglesia Catedral (Pasaje Papa Francisco – ex Rivadavia- 355, Quilmes)
P. Obispo Tissera


Hermanas y hermanos:

¡Alegría y paz en el Señor!

En esta Pascua llegue a cada una, a cada uno nuestro saludo afectuoso y agradecido. Este afecto nace de sabernos hermanos por el Bautismo, hijas e hijos de un mismo Padre. Les agradecemos, porque siempre rezan por nosotros, como nosotros lo hacemos por ustedes cada día. Porque comparten con nosotros una misma misión: proclamar el Evangelio y dar testimonio de servicio fraterno en la construcción del Reino de Dios.

Pascua es pasar con Jesús de la muerte a la vida, del egoísmo al amor. Pascua es dejarnos transformar por el poder del Espíritu, que es el amor de Dios derramado en nosotros.

El Papa Francisco dice: “El amor nos hace abrir los ojos, ampliar la mirada, nos permite reconocer en el extraño que cruzamos en nuestro camino el rostro de un hermano, con un nombre, con una historia, con un drama ante el cual no podemos permanecer indiferentes. A la luz del amor de Dios, la fisonomía del otro emerge desde la sombra, sale de la insignificancia y adquiere valor, relevancia. Las carencias del prójimo nos interpelan, nos incomodan, nos piden que asumamos el reto de hacernos responsables… Nos lleva a sentir como propias las heridas que contemplamos en su cuerpo y nos llama a derramar el óleo de la fraternidad sobre las llagas invisibles que leemos en la filigrana del alma de los demás”. (Francisco, 11 de mayo de 2024)

Como parte de este pueblo creyente, en esta Semana Santa nos acercamos a nuestros lugares de culto para contemplar a Jesús muerto y resucitado. Celebrar juntos el gran amor de Dios por todo el pueblo. Hay en nosotros el profundo deseo de “ver a Jesús”, de “estar con Él”. Lo necesitamos; sin Él no podemos nada. Es nuestra roca firme en medio de nuestras inseguridades; es nuestro alimento y sustento en nuestras debilidades y necesidades; es alivio para nuestros dolores del cuerpo y del alma; es consuelo en nuestros duelos y dolores. Él nos dice: “Vengan a mí”. La fuerza de su Espíritu nos lleva a su encuentro y posibilita nuestro encuentro con los demás. Vivimos en un mundo que sutilmente nos tienta a salvarnos cada uno por su cuenta, exaltando el individualismo; como creyentes cristianos proclamamos un Dios que es Comunión y que hace Comunidad. Un Dios que se goza en tener un pueblo, y nosotros gustamos la alegría de ser parte de su pueblo. Todo esto gracias a la gran gesta que celebramos: el buen pastor que da la vida por sus ovejas. Es la Pascua del Señor Jesús que sella su alianza de amor eterno con su pueblo, derramando su sangre para el perdón de los pecados.

Vamos caminando juntos, compartiendo nuestras alegrías y nuestras penas, nuestros fracasos y esperanzas, acompañados por Jesús que nos alienta con su Espíritu. Esto es sinodalidad. Es sentirnos parte de la Iglesia de Jesús que proclama el Evangelio y va realizando el Reino de justicia, de amor y de paz en este presente concreto, en las comunidades de los partidos de Berazategui, Florencio Varela y Quilmes.

A las hermanas y hermanos de las Iglesias cristianas, a sus pastores y pastoras en particular, les brindamos nuestro saludo, acompañado del compromiso de trabajar juntos por la unidad que Cristo pidió al Padre, sirviendo a nuestro pueblo con la alegría del Evangelio.

Queremos saludar a los enfermos, a las personas mayores, a niños y jóvenes, a los imposibilitados de participar de las celebraciones litúrgicas, a los presos, a tantas servidoras y servidores de los más necesitados. A las familias, a las personas de todas las instituciones públicas y privadas, parte vital de nuestra sociedad. A todos los que trabajan por el bien común. Vaya nuestro saludo pascual a las autoridades de distinto rango de los tres partidos.

Estamos felices de ser Iglesia diocesana de Quilmes.

¡Felices Pascuas!

+ Carlos José Tissera
Obispo de Quilmes

+ Eduardo Gonzalo Redondo
Obispo Auxiliar de Quilmes

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Quilmes, 27 de marzo  de 2024


El Movimiento de la Palabra de Dios celebra en esta Pascua el 50º aniversario de su nacimiento, en recuerdo del primer retiro que realizó el Padre Ricardo Martensen, su fundador, con 80 jóvenes en Buenos Aires: “En esta experiencia comunitaria de fe y de encuentro con un Dios Vivo en 1974, el Movimiento reconoce su nacimiento”, comentan desde la comunidad pastoral.

Bajo el lema “Correrán ríos de Agua Viva” (cf. Jn 7,37-39) en todas las ciudades y localidades en donde existen grupos de oración en Argentina, España, Estados Unidos y en varios países de Latinoamérica se realiza el Retiro de Pascua Nº 51 que convoca a más de 9000 personas (niños, jóvenes, adultos, familias, profesionales) “reunidos en oración en torno a la Palabra de Dios y el compartir de la vida comunitaria”.

El Domingo de Pascua, 31 de marzo, el Padre Obispo Carlos José Tissera presidirá la Misa de Acción de gracias a las 19 h en la Parroquia Nuestra Señora de la Guardia (Belgrano 230, Bernal) con los integrantes del Movimiento de la zona sur del Gran Buenos Aires. Esta celebración se realizará en simultáneo con las que se organicen en las distintas zonas pastorales de la comunidad.

Damos gracias a Dios por los frutos de este Movimiento en nuestra Diócesis de Quilmes y en toda la Iglesia.


Iglesia Catedral de Quilmes

“El Espíritu del Señor está sobre mí” (Lc 4,18)

Hermanas y hermanos:

En la lectura del libro Isaías y en el Evangelio según san Lucas, hemos escuchado: “El Espíritu del Señor está sobre mí” (Is. 61, 1; Lc. 4, 18) En el principio está el Espíritu del Señor.

“Cada uno de nosotros puede decir esto; y no es presunción, es una realidad, pues todo cristiano, especialmente todo sacerdote, puede hacer suyas las siguientes palabras: «porque el Señor me ha ungido» (Is 61,1). Hermanos, sin méritos, por pura gracia hemos recibido una unción que nos ha hecho padres y pastores en el Pueblo santo de Dios. Consideremos, pues, este aspecto del Espíritu: la unción” (Francisco, Misa Crismal del 2023) El Crisma, los óleos de los catecúmenos y de los enfermos que serán consagrados hoy, nos hablan de esta realidad que somos, mujeres y hombres, ungidos por el Espíritu.

Reunidos en esta Catedral, acompañados de nuestro predecesor, el P. Obispo Luis Stöckler, del querido Padre Obispo Juan Carlos, junto con el Padre Obispo Eduardo queremos celebrar con ustedes, queridos sacerdotes y diáconos, religiosas y religiosos, y todos los fieles presentes de los tres partidos, el gran amor de Dios manifestado en Cristo Jesús: el Ungido del Padre.

Hoy, junto a nuestro pueblo, diáconos y sacerdotes queremos renovar nuestras promesas ministeriales, así como en la Vigilia Pascual todos renovaremos las promesas de nuestro Bautismo. Delante de ustedes, hermanas y hermanos, queremos manifestar que “hemos creído en el amor que Dios nos tiene” (1 Jn. 4, 16) y que, de nuestra parte, sólo podemos decir: “Señor, tu lo sabes todo, sabes que te quiero” (Jn. 21, 17)

Algunas consideraciones que pueden ayudarnos a contemplar el gran regalo que Dios nos hace.

Primero, el diácono, el sacerdote, el obispo somos signos de un Dios que es amor. “Como el Padre me amó, también yo los he amado a ustedes, Permanezcan en mi amor” (Jn. 15, 9) Esta es nuestra experiencia más bella y profunda sentirnos amados, escogidos, consagrados y enviados por Él. “Como el Padre me envió a mí, yo también los envío a ustedes” (Jn. 20, 21) “No son ustedes los que me eligieron a mí, sino yo el que los eligió a ustedes, y los destiné para que vayan y den fruto, y ese fruto sea duradero” (Jn. 15, 16) Esta experiencia del amor de Cristo, renovada cada día, conserva la frescura y el ardor de nuestro sacerdocio, de nuestro diaconado.

Segundo, somos llamados a ser pastores y servidores de nuestro pueblo. Para eso hemos sido ordenados. Cristo es el don del Padre para la vida del mundo. “Yo soy el buen Pastor. El buen Pastor da la vida por las ovejas” (Jn. 10, 11) Como Cristo –pastor, servidor, esposo- ofrecemos nuestra vida por la salvación del mundo. En el corazón de nuestra espiritualidad está la caridad pastoral, hecha de profundidad contemplativa, de serenidad de cruz pascual, de generosa disponibilidad para el servicio. Dice el apóstol Pablo: “Nosotros no somos más que servidores de ustedes por amor de Jesús” (2 Cor. 4, 5) A ustedes, hermanas y hermanos, les pedimos que recen siempre para que el Señor aumente en nosotros la caridad pastoral.

Por último, sacerdotes y diáconos somos constructores de comunión. Somos los elegidos de Dios y consagrados por el Orden para ser constructores de la comunidad eclesial; en comunión profunda con el Obispo, con el presbiterio, con los demás diáconos, con las religiosas y religiosos y con los fieles laicos. Nuestra vida y ministerio están al servicio de la comunión eclesial, por medio de la Palabra, la Eucaristía y la caridad pastoral. La comunión exige una gran capacidad de donación, hecha con humildad de servidor y con alegría de amor fraterno. Como dice Juan: “Queridos míos, amémonos los unos a los otros, porque el amor procede de Dios, y el que ama ha nacido de Dios y conoce a Dios. El que no ama no ha conocido a Dios, porque Dios es amor” (1 Jn. 4, 7-8) (Cfr. Cardenal Pironio, homilía del 22 de junio de 1995)

“El Espíritu del Señor está sobre mí, porque el Señor me ha ungido. Él me envió” —continúa la profecía—, «y me envió a llevar una buena nueva, liberación, curación y gracia» (cf. Is 61,1-2; Lc 4,18-19); en una palabra, a llevar armonía donde no la hay. Porque como dice san Basilio: “El Espíritu es armonía”, es Él el que crea la armonía. Esta es una consideración que el Papa Francisco hacía en la Misa Crismal del año pasado. “Crear armonía es lo que Él desea, especialmente a través de aquellos en quienes ha derramado su unción”. “Ayudémonos, hermanos, a custodiar la armonía, custodiar la armonía —esta es la tarea—, empezando no por los demás, sino por uno mismo; preguntándonos: mis palabras, mis comentarios, lo que digo y escribo, ¿tienen el sello del Espíritu o el del mundo?»

Queridos sacerdotes, gracias por el sí de cada uno, por la entrega de cada día, por el servicio a sus comunidades y a la Iglesia de Quilmes. Son también los sentimientos del Padre Obispo Eduardo. En ustedes agradezco a aquellos que no están presentes, pero sí los tenemos en nuestro corazón unidos a esta Eucaristía. Vaya el recuerdo agradecido de los sacerdotes que nos han precedido en el encuentro definitivo con Dios, y que recordaremos en el momento de los difuntos.

Nuestro agradecimiento a los diáconos, a sus esposas y familias. Gracias por el testimonio de servicio generoso en sus destinos pastorales. Tenemos en cuenta a aquellos que están enfermos o imposibilitados de participar en esta celebración, que expresa la comunión de todo el pueblo cristiano junto a su Pastor.

Hermanas y hermanos: Rezaremos por nuestros diáconos y sacerdotes, como se hace en todas las Catedrales del mundo en la Misa Crismal. Recemos también por nuestros seminaristas, por los que se forman en el Instituto Diaconal, y por el aumento de las vocaciones.

Oremos también por todo nuestro pueblo que vive momentos de crisis social y política, de incertidumbre, de inseguridad, de empobrecimiento, de ataque sistemático a los valores culturales de la solidaridad y justicia social, para que nada ni nadie nos aleje de los grandes cauces de nuestra Iglesia diocesana de Quilmes: la opción preferencial por los pobres, el ardor misionero, la defensa de los derechos humanos y la fraternidad ecuménica.

Que María Inmaculada nos acompañe a vivir con alegría nuestra vocación de servicio al pueblo de Dios, consagrados para testimoniar el amor de Dios y ser factores de comunión fraterna.

+ Carlos José Tissera
Obispo de Quilmes

Quilmes, 27 de marzo  de 2024


Parroquia “San Juan Bautista” – Florencio Varela
“Día Nacional de la Memoria por la Verdad y la Justicia”

Hermanas y hermanos:

Estamos participando de la Misa con la que iniciamos la Semana Santa. Al comenzar, conmemoramos la entrada triunfal de Jesús en Jerusalén, días antes de su muerte y resurrección. Entrada que está llena de contrastes. La ciudad está llena de gente venida de todas partes para celebrar la Pascua de los judíos. Esta celebración despertaba cada año ese sueño de la venida de un mesías nacionalista que con poder los liberara del poder opresor. Así es que reciben a Jesús con todos los honores y desbordantes de alegría cantan: “¡Hosana! ¡Bendito el que viene en nombre del Señor! ¡Bendito que ya viene el Reino de nuestro padre David! ¡Hosana en las alturas!”

Parece que Jesús acepta estos homenajes, pero hay manifestaciones suyas despegándose de ese mesianismo. Él ha enviado al pueblo a sus discípulos a buscar un asno. Da precisiones: “un asno atado cerca de una puerta, en la calle”. No hace como los reyes de entonces que montaban a caballo, con aire de conquistador, como jefe de un ejército triunfador luego de dar muerte a los enemigos. Todo lo contrario, el asno en esos tiempos era signo de vida. Era el animal compañero del hombre en su trabajo, vivía en la misma casa de su amo y lo ayudaba en sus tareas. Era su transporte para los viajes. El “asno atado y que nadie ha montado” es un signo de verdadera novedad. Jesús viene con una misión. Hasta entonces ningún jefe en Israel había entrado en la ciudad de Jerusalén como Jesús. Nadie había hecho la opción de hacer el camino de la humildad y de servicio a la vida, como Jesús que va a ofrecer su vida por el pueblo. Las autoridades religiosas sólo conocían el camino del interés, del poder, de las vanaglorias de los honores, de la explotación y de la violencia. El pueblo quería algo así, un rey o mesías poderoso. Cuando se dan cuenta que Jesús tiene otro proyecto distinto, lo rechazan y abandonan. Se dejarán engañar y muy pronto, al mismo que aclamaron como liberador estarán pidiendo al poder romano que lo crucifique. Será tratado como un delincuente y llevado a morir fuera de la ciudad, colgado en la cruz como un esclavo. No van a creer, salvo algunos, que esa era la máxima manifestación del amor, una vida entregada para que todo el mundo tenga vida, y vida en abundancia.

Comenzamos la Semana Santa. Las celebraciones de estos días, particularmente las del Triduo Pascual, son ocasión para que cada uno de nosotros renovemos nuestra vida de fe, contemplando el gran misterio de amor manifestado en Jesús muerto y resucitado. Es el núcleo vital de nuestra fe. Esto es lo que celebramos en cada Eucaristía, en cada Misa y de modo especial, el domingo. A todos los fieles cristianos de la diócesis los invito, en la medida de sus posibilidades, a participar de las celebraciones que se han organizado en las parroquias y capillas. Participemos en familia. Necesitamos todos unirnos como pueblo cristiano a celebrar y expresar nuestra fe. Los momentos difíciles que vive la Patria y el mundo entero requiere que fortalezcamos nuestro espíritu. No nos dejemos llevar por el odio, la desesperanza, el inmovilismo del individualismo que nos tienta a pensar y decir: que cada uno se las arregle: sálvese quien pueda. Jesús nos ha salvado, pero nadie se salva solo. Es la hora de la solidaridad, de la lucha por la justicia que es el camino de la paz. La hora de hacernos prójimo, mirando al costado del camino y socorrer al que necesita ayuda y consuelo. Atrevámonos a transitar la senda de la ternura para vencer la insensibilidad, el cinismo y la crueldad, tan en boga en muchos discursos y conversaciones. Ese es el camino del bien, de la verdad, de la justicia y la paz. No es el camino de los poderosos y comerciantes de la muerte.

Sepamos estar junto a las víctimas de la injusticia, de la ambición, de la prepotencia y soberbia de aquellos que sólo buscan servir al dios dinero y no tienen en cuenta el bien común de la sociedad. 

Este domingo de Ramos coincide con una fecha que ya ocupa un lugar en nuestra historia argentina, es el “Día Nacional de la Memoria por la Verdad y la Justicia”, conmemorando el trágico golpe de Estado del 24 de marzo de 1976. Fueron años de oscuridad, dolor y muerte para los argentinos. El miedo cundió en la sociedad como pocas veces en los doscientos años de la vida de la Patria. Del seno de la Iglesia nacieron voces proféticas, como también de otros sectores de la sociedad. Fueron luces en medio de las tinieblas. Nuestra Diócesis de Quilmes fue creada en ese mismo año, y tuvo como primer pastor al Padre Obispo Jorge Novak, quien recibiera la ordenación episcopal en nuestra Catedral el 19 de septiembre de 1976. Ya en los primeros días de su ministerio empezaron a golpear a su puerta aquellas personas que nadie quería recibir ni escuchar: los familiares de las personas detenidas y muchas desaparecidas hasta el día de hoy. Hay cientos de testimonios escritos del accionar de nuestro obispo junto a esas familias, buscando saber algo de sus hijos e hijas. Esa actitud no era la de la mayoría de los dirigentes, más bien, muy pocos fueron los que se comprometieron a riesgo de sus propias vidas. 

He traído para tener en este altar hoy, una carta del Padre Obispo Jorge dirigida a los detenidos a disposición del Poder Ejecutivo Nacional, respondiendo a cartas que los presos le habían hecho llegar. Es un saludo que les hace con motivo del comienzo de la Semana Santa, fechada el 12 de abril de 1981. Leeré algunos párrafos.

“Queridos hermanos:

En la imposibilidad de escribirles a cada uno de ustedes, extendiéndome como quisiera en consideraciones que fueran respuesta a las inquietudes expresadas en sus cartas, les hago este saludo, que ojalá les llegue para la Pascua.

Ustedes me agradecen la preocupación que les he exteriorizado en mi acción pastoral como obispo de esta diócesis de Quilmes. Al respecto, hay que tener presente que todo Obispo es ordenado, en primer lugar, para demostrar inequívocamente una actitud de paternal afecto hacia los necesitados…

Que estas líneas que les escribo a una semana de la Pascua, interpreten mis deseos de que ustedes gocen de salud, de la visita de sus seres queridos y de un trato acorde a su condición de hijos de Dios y hermanos nuestros por la fe en el Señor Jesucristo…

El criterio que me guía es el del Apóstol Pablo que escribió: “¿Quién es débil, sin que yo me sienta débil? ¿Quién está a punto de caer, sin que yo me sienta sobre ascuas? (1 Cor. 11, 29) …. 

Siempre que me otorguen el permiso las autoridades responsables, los visitaré personalmente. Porque no se me borran del corazón las graves sentencias de Jesús: ´Estaba preso, y me vinieron a ver´ (Mt. 25, 36), en base a lo cual como a las otras correlativas, seremos juzgados todos, sin excepción alguna.

Nada mejor para concluir esta carta pascual que una fórmula que nos llega de la primera comunidad cristiana (2 Cor. 13, 11-13)

´Finalmente, hermanos, estén alegres, trabajen para ser perfectos, anímense, tengan un mismo sentir y vivan en paz. Y el Dios del amor y de la paz estará con ustedes. Salúdense mutuamente con el beso santo. Todos los hermanos les envían saludos. La gracia del Señor Jesucristo, el amor de Dios y la comunión del Espíritu Santo permanezcan con todos ustedes.

Afmo. 
+ J.N.

Quilmes, 12 de abril de 1981, comienzo de la Semana Santa”



Hermanas y hermanos, es un verdadero regalo que tengamos tan cerca de nuestro corazón el testimonio de este Siervo de Dios, que muchos han conocido y que tantas veces celebró la Eucaristía en este templo principal de Florencio Varela. Él vivió su seguimiento de Jesús en un momento preciso de la historia de nuestro pueblo argentino. Hoy nosotros, a más de cuarenta años, en otro siglo, somos protagonistas de otro momento histórico.

Comencemos esta Semana Santa con los ojos fijos en Jesús. Nos preguntamos: ¿cuáles serán mis actitudes en estos días? Como sugerencia, diría:

– Imitar el silencio y la humildad de Jesús, como hoy lo presenta la Palabra que escuchamos. ¿Cómo puedo hacer este silencio? ¿En qué situaciones podré vivir esa humildad? ¿En qué momentos puedo estar a solas y comunitariamente con Jesús?   
– Contemplando el mayor servicio de Jesús, al entregar su propia vida por amor a mí ¿Cuáles serán mis decisiones para servir mejor a los demás? En este momento de nuestra vida ¿cómo puedo ser reflejo del amor de Jesús? ¿Qué veo a mi alrededor? ¿Agradezco las muestras de amor hacia mi persona? ¿Cómo retribuyo a Dios y a los demás lo que recibo cada día? Ante la crisis alimentaria que vivimos ¿sé compartir con los más necesitados lo que tengo y puedo dar? 
– Mirando a Jesús que también me mira, me animo a dejar que Él me pregunte ¿qué puedo hacer por ti? ¿Qué le pediría en estos días a Jesús que me muestra su corazón traspasado?
 
Que María nos conceda tener también sus sentimientos de Madre para estar con Jesús, para estar de pie junto a los crucificados de hoy. Que San Juan Bautista nos conceda ser profetas de este Reino de justicia, de amor y de paz que Jesús inauguró para siempre en su misterio pascual.

+ Carlos José Tissera
Obispo de Quilmes

Florencio Varela, 24 de marzo  de 2024