El domingo 19 de abril toda la Diócesis de Quilmes se une para el Inicio solemne del Tercer Sínodo Diocesanoque está animado con el lema «Iglesia de Quilmes, ¡camina con la alegría del Evangelio!».

La Celebración Eucarística será a las 19 h en la Iglesia Catedral de Quilmes (Pasaje Papa Francisco 355 -ex Rivadavia-, Quilmes Centro) y se transmitirá en vivo por Youtube.com/DiocesisQuilmesOficial

En el marco de esta celebración se realizará la presentación oficial de quienes integran la asamblea sinodal, que antes de la misa realizarán la jura y profesión de fe.

Toda la comunidad está invitada a participar de este momento histórico y de enorme alegría para la diócesis.

El viernes 26 de junio por la Imposición de manos y la Oración del Padre Obispo Carlos José Tissera el Diácono Ezequiel David Ifrán será ordenado Presbítero.

La celebración eucarística será a las 19 h en la Iglesia Catedral de Quilmes (Pasaje Papa Francisco -ex Rivadavia- 355, Quilmes Centro)

Damos gracias a Dios por la vocación de Ezequiel, rezamos por sus intenciones y rogamos “al dueño de los campos que envíe trabajadores para su cosecha” (cf. Mateo 9, 38).

El próximo domingo 12 de abril nos unimos para celebrar la Misa de Acción de Gracias por el 90º cumpleaños del Padre Obispo Luis Teodorico Stöckler, emérito de Quilmes.

La celebración eucarística se llevará a cabo a las 19 h en la Iglesia Catedral de Quilmes (Pasaje Papa Francisco 355 -ex Rivadavia-, Quilmes Centro).

El Padre Obispo Luis nació en Paderborn, Alemania, el 12 de abril de 1936. Estudió Filosofía y Teología en la Facultad de Teología de Paderborn y en la Universidad de Münich. El 17 de diciembre de 1960 fue ordenado sacerdote. En marzo de 1970 llegó a la Argentina, donde lo recibió la Diócesis de Lomas de Zamora como sacerdote misionero «Fidei Donum». Allí acompañó a las comunidades parroquiales María Auxiliadora, Nuestra Señora de los Dolores y Cristo Redentor, y ejerció el cargo de director de estudios de la Escuela de Ministerios y del Instituto de Diaconado Permanente de la diócesis de Lomas de Zamora, hasta su nombramiento como obispo.

El 26 de noviembre de 1985 el Papa Juan Pablo II lo nombró Obispo de Goya. Su Ordenación Episcopal fue el 17 de diciembre del mismo año, actividad pastoral que comenzó a ejercer en esta Diócesis correntina unos días después, el 21 de diciembre.

Entre sus actividades, una vez nombrado Obispo, se desempeñó en la Conferencia Episcopal Argentina como Presidente de la Comisión Episcopal de Misiones en los períodos 1987-1991, 1991-1993, 1999-2002 y 2002-2005. También fue miembro de la Comisión Episcopal de Ministerios en los períodos 1993-1996 y 1996-1999. Entre 1994 y 2003 fue Delegado Episcopal para las Comunidades Eclesiales de Base, y en 2006 fue nombrado miembro de las Comisiones Episcopales para el Apostolado Laico y Pastoral Familiar, y de Pastoral de la Salud. Finalmente, en la 96º Asamblea Plenaria, fue elegido Presidente de la Comisión Episcopal de la Pastoral de la Salud para el trienio 2008-2011.

Por designación de San Juan Pablo II, el 11 de mayo de 2002, Luis Stöckler tomó posesión como nuevo Obispo de Quilmes para suceder a Jorge Novak, y se convirtió, así, en el 2º obispo de esta porción de la Iglesia que comprende los partidos de Quilmes, Berazategui y Florencio Varela.

Luego de nueve años de ministerio pastoral, el 12 de octubre de 2011 el Papa Benedicto XVI le aceptó la renuncia que había presentado al Santo Padre al cumplir los 75 años de edad, tal como lo establece el Código de Derecho Canónico, y se convirtió en Obispo emérito de Quilmes. Actualmente reside en el Hogar Sacerdotal «Mons. Mariano Espinoza» de la Ciudad de Buenos Aires.

El próximo domingo 12 de abril de 2026, el querido Padre Obispo Luis Stöckler celerará su 90ª cumpleaños.

Damos gracias a Dios por el regalo de su vida.

En esta oportunidad compartimos los detalles del inicio de ministerio en Nuestra Señora de la Guardia de Bernal, y designaciones en el Movimiento de Jornada de Vida Cristiana: 

El domingo 19 de abril el sacerdote salesiano Daniel Eduardo Antúnez iniciará su misión pastoral como Párroco de Nuestra Señora de la Guardia. La celebración eucarística será presidida por el Padre Obispo Carlos José Tissera a las 11.30 h en el santuario de la Virgen (Belgrano 230, Bernal).

A partir de que la XXIII Asamblea Ordinaria del Movimiento Jornadas de Vida Cristiana que estableció a la Diócesis de Quilmes como sede del Secretariado Nacional para el bienio 2026-2028 se ha designado al Padre Obispo Carlos José Tissera como Director General Nacional del movimiento, al Presbítero Oscar Ernesto Marchessi como Director Nacional, y al Presbítero Ernesto Joaquín García como Director Diocesano.

Rezamos por todos ellos y por la fecundidad de sus servicios.

En esta oportunidad acercamos el comunicado del Padre Obispo Carlos José Tissera, titual de la Diócesis de Quilmes, y el Padre Jerzy Faliszek svd, Provincial de la Sociedad del Verbo Divino Argentina Sur, sobre el cese de la causa canónica de beatificación y canonización del Siervo de Dios Padre Obispo Jorge Novak.

El texto completo se trascribe a continuación.

Comunicado sobre el cese de la causa canónica de beatificación y canonización del Siervo de Dios Padre Obispo Jorge Novak svd, primer obispo de Quilmes (1976-2001)

Prot. Nº 137/2026

Notificamos que el 13 de octubre de 2025, el cardenal Marcelo Semeraro, Prefecto del Dicasterio para la Causa de los Santos, a pesar de examinar toda la documentación que le remitimos, debido a un posible procedimiento canónico no efectuado por parte del Padre Obispo Jorge Novak svd respecto a la conducta de un sacerdote de la Diócesis, y “sin expresar ‒escribió el Prefecto‒ ningún juicio moral sobre la vida, virtudes y acción pastoral del Siervo de Dios” confirmó la decisión de revocar el nihil obstat a la continuación de la Causa. El mismo Cardenal Semeraro manifestó que Mons. Jorge Novak conserva su condición de Siervo de Dios.

El Obispado de Quilmes y la Sociedad del Verbo Divino, ‒ambas coactores de la causa canónica iniciada el 11 de diciembre de 2017‒, difundimos con dolor esta comunicación, confiados en que Dios en su inmensa bondad le conceda, al querido y recordado Padre Obispo Jorge Novak svd, gozar de la vida eterna, aunque no sea anotado en el libro canónico de los beatos/santos proclamados oficialmente por la Iglesia.

Mons. Carlos José Tissera
Obispo de Quilmes

P. Jerzy Faliszek svd
Provincial de la Sociedad
del Verbo Divino Argentina Sur

Quilmes, 04 de abril de 2026.

Querido hermanos y hermanas:

¡Ustedes no tengan miedo, alégrense, ha resucitado!

El capítulo veintiocho de Mateo, que leímos en la vigilia pascual, nos regala el relato de la resurrección de Jesús. 

“El ángel dijo a las mujeres: Ustedes no tengan miedo. Yo sé que buscan a Jesús, el crucificado. No está aquí; ha resucitado como había dicho. Acérquense a ver el lugar donde yacía. Después vayan corriendo a anunciar a los discípulos que ha resucitado.

Las mujeres, atemorizadas pero llenas de alegría, se alejaron rápidamente del sepulcro y corrieron a dar la noticia a los discípulos. De pronto Jesús salió a su encuentro y las saludo, diciendo: Alégrense. Ellas se acercaron y abrazándole los pies, se postraron delante de él. Y Jesús les dijo: No tengan miedo; avisen a mis hermanos que vayan a Galilea, y allí me verán”.


Como Iglesia de Quilmes queremos caminar juntos compartiendo la alegría del evangelio. 

Celebramos los primeros 50 años de la creación de nuestra diócesis, también de la elección de su primer Obispo, nuestro padre fundador, el Siervo de Dios Jorge Novak SVD, Profeta y Pastor que supo enseñarnos a orientar la mirada y el corazón colocando en el centro a Jesús y Su proyecto del Reino, como Iglesia en camino hacia la Pascua, compartiendo La Palabra de Dios junto con el pan y el vino en cada eucaristía celebrada y compartida en comunidad, que supo orientar la mirada hacia Jesús, inspirándole los cuatro cauces fundacionales, transversales en el camino de la vida de Fe de cada uno y de toda nuestra diócesis, que siempre nos pone en la tensión evangélica de vivir una mística más concreta y encarnada en el seguimiento de Jesús desde el llamado que nos hace para vivir la misión, asumiendo la opción por los más pobres, la defensa de los derechos humanos, el ecumenismo y la misión.

En el camino de estos cincuenta años, como ocurre en la vida de cada uno, de nuestras familias y como Pueblo, transitamos momentos marcados por experiencias de pasión, de muerte y resurrección, donde, ayer y hoy, el temor y las incertidumbres parece que nos hacen trastabillar, momentos de alegría y esperanza que nos vuelven a colocar en el eje, y también algunas certezas fundantes que le dan sentido a los temores, las incertezas, las esperanzas y alegrías: 

Hace cincuenta años transitamos la noche oscura y violenta de la dictadura, el terrorismo de estado, que nos llevó a vivir la cruz en los 30.000 desaparecidos y en el sufrimiento de la gran mayoría de las familias de nuestro Pueblo de Dios condenados por la represión y planes económicos que solo trajeron violencia, muerte, miseria y desempleo.

Hoy estamos viviendo una situación triste y difícil. La gran mayoría de los jubilados recibe mensualmente $380.000 más un bono de $70.000. Les suspenden muchos de los beneficios en sus prestaciones y de medicamentos crónicos. La situación de los discapacitados, los docentes, los trabajadores de la salud y la cantidad de hermanos nuestros que están perdiendo las fuentes laborales. La mayor parte de las familias endeudadas para intentar cubrir los gastos de sus mayores y, muchos, con dificultades para viajar al trabajo y comer. Tristemente, el día a día genera violencia a flor de piel, divisiones y conflictos que nos llevan a padecer situaciones muy dolorosas.

La Fe en Jesús resucitado, que no omite ni deja fuera ninguna de las situaciones difíciles que nos tocan vivir, nos regala la convicción de la vida nueva que atraviesa y transforma todo y nos invita a salir de todos los sepulcros, donde yace la noche y la oscuridad de la muerte. Hoy Jesús resucitado sale a nuestro encuentro como lo hizo con María Magdalena y la otra María, y nos dice también a nosotros hoy: 

¡Alégrense, no tengan miedo, vayan a avisar a mis hermanos que los quiero ver!

Profundizar la alegría del evangelio no es vivir mirando para el cielo con cara de estampita o invadido de una tristeza individualista, donde no puedo ver nada más allá de mí mismo. Vivir la alegría de la buena noticia de Jesús resucitado, significa asumirme necesitado del otro. Sin el otro no tengo vida, o, mejor dicho, estoy escondido en una vida que no es tal, que es artificial. Estoy muerto en vida. La vida real es relación, es vínculo, es encuentro, comunión y participación. El otro es mi hermano, es Jesús. También es crisis, dolor y conflicto. 

Vivir la alegría del evangelio, vivir la resurrección nos provoca a trascender y vivir una relación de encuentro con el “Otro” con mayúsculas, encuentro personal con JESUS. Nuestro recordado Papa Francisco nos decía: “Invito a cada cristiano, en cualquier lugar y situación en que se encuentre, a renovar ahora mismo su encuentro personal con Jesucristo, o al menos, a tomar la decisión de dejarse encontrar por Él, de intentarlo cada día sin descanso” (E.G n. 3) y a continuación citando a Pablo VI expresaba: “Nadie queda excluido de la alegría que nos regala El Señor”.

Necesitamos asumir que el seguimiento de Jesús resucitado nos transforma el corazón de piedra en un corazón de carne y nos lleva a bajar los muros de la división y tender puentes de encuentro, diálogo y compromiso con todos buscando el bien común. 

Este año nuestra diócesis también está viviendo el III Sínodo diocesano. Que la fuerza de Jesús resucitado, el amor del Padre y el viento del Espíritu que sopla donde quiere, porque es libre y liberador, nos vaya marcando el camino, trabajando el corazón, nos quite los miedos, los prejuicios y las orejeras para que en este momento de la historia sepamos responder con ternura y esperanza haciendo más amable y creíble a Jesús.

Que María, la que supo acoger en su vientre al Salvador, acompañarlo en su vida, al pie de la cruz y a la primera comunidad con sus miedos e incertidumbres, nos ayude a caminar con esperanza.

¡Feliz Pascua de Resurrección!

+ Carlos José Tissera
Obispo de Quilmes

+ Eduardo Gonzalo Redondo
Obispo Auxiliar de Quilmes

Quilmes, 05 de abril de 2026.

Catedral de Quilmes, miércoles 1° de abril

“Él me envió a llevar la Buena Noticia a los pobres” (Lc. 4, 18)

Queridas hermanas y hermanos.
Queridos Presbíteros y Diáconos:

Todos somos enviados a llevar la Buena Noticia a los pobres, como pueblo de Dios. En este Año Jubilar Diocesano, desde este lugar recordamos las primeras palabras del primer pastor, las palabras del apóstol san Pablo: “Ay de mí si no predicara el Evangelio” (1 Cor. 9, 16)

Acompañados por el pueblo de Dios, los que fuimos llamados al ministerio ordenado queremos renovar nuestro compromiso de fidelidad a Dios y a su pueblo, en el marco de la Misa Crismal, cuyas lecturas bíblicas iluminan y dan sentido a nuestras vidas selladas con el sacramento del Orden.

“Conocer a Jesús es el mejor regalo que puede recibir cualquier persona; haberlo encontrado nosotros es lo mejor que nos ha ocurrido en la vida, y darlo a conocer con nuestra palabra y obras es nuestro gozo” (DA 29)

El evangelio según san Lucas nos presenta a Jesús, en la sinagoga de su pueblo, un día sábado como de costumbre, leyendo al profeta Isaías.

“Ahora nuestros ojos están fijos en Él. Acaba de anunciar un jubileo. Lo ha hecho no como quien habla de otros. Ha dicho: «El Espíritu del Señor está sobre mí» como uno que sabe de qué Espíritu está hablando. Y de hecho añade: «Hoy se ha cumplido este pasaje de la Escritura que acaban de oír». Esto es divino: que la Palabra se haga realidad. Ahora los hechos hablan, las palabras se cumplen. Esto es nuevo, es fuerte. «Yo hago nuevas todas las cosas»”. (Francisco, Misa Crismal, 2025)

Queridos diáconos, queridos presbíteros: en este Jubileo Diocesano queremos vivir hondamente y celebrar este precioso ministerio que Dios nos ha regalado. Las palabras de Jesús nos traen al corazón el día de nuestra ordenación. No es algo que ha quedado en el pasado. El Espíritu ha seguido obrando en nosotros, al modo de Dios, con el amor de un padre, con el amor de una madre.

“Es obra de Dios, no nuestra, la de llevar a los pobres un mensaje de alegría, a los cautivos la liberación, a los ciegos la vista y la libertad a los oprimidos. Si Jesús encontró este pasaje en el libro, hoy lo sigue leyendo en la biografía de cada uno de nosotros. Primero porque, hasta el último día, es siempre Él quien nos evangeliza, quien nos libera de nuestras prisiones, quien nos abre los ojos, quien aliviana la carga puesta sobre nuestros hombros. Y luego porque, al llamarnos a su misión y al insertarnos sacramentalmente en su vida, Él también libera a otros a través de nosotros” (idem)

En su última Misa Crismal, hace veinticinco años, el Padre Obispo Jorge Novak decía desde este mismo lugar:

“El texto evangélico ha hablado de cautiverio, de pobreza, de opresión. Ustedes, presbíteros y diáconos, muy en contacto con el santo pueblo de Dios, conocen sobradamente la dureza de la situación (…) Pero Jesús da también testimonio de un anuncio, que compromete la vida y la actividad de la Iglesia. A los poderosos de esta tierra, sobre todo si se precian de su fe cristiana, les hemos de predicar que no es tolerable una conducción que condena al hambre a verdaderas multitudes. Hemos de predicar, queridos presbíteros y diáconos, que una sociedad organizada según el espíritu del Evangelio ha de respetar el derecho de toda familia a un trabajo seguro, a una vivienda digna, a la salud protegida y a la educación integral. ¡Que los pobres nos vean de su lado y no del lado de los opresores!” (Novak, 12 de abril de 2001)

Hemos querido regalarles la Carta Apostólica “Una fidelidad que genera futuro” del Santo Padre León XIV, con motivo del LX Aniversario de los documentos conciliares “Optatam Totius” y “Presbiterorum Ordinis”. El Papa León nos escribe “para considerar juntos la identidad y la función del ministerio ordenado a la luz de lo que el Señor pide hoy a la Iglesia, prolongando la gran obra de actualización del Concilio Vaticano II” (n. 4). León XIV propone hacerlo a través de la perspectiva de la fidelidad, que es a la vez gracia de Dios y camino constante de conversión, para corresponder con alegría a la llamada del Señor Jesús. El Papa comienza “expresando gratitud por el testimonio y la entrega de los sacerdotes y diáconos que, en todas partes del mundo, ofrecen su vida, celebran el sacrificio de Cristo en la Eucaristía, anuncian la Palabra, absuelven los pecados y se dedican día tras día con generosidad a los hermanos y hermanas, sirviendo a la comunión y a la unidad, y cuidando, en particular, de quienes más sufren y pasan necesidad” (id.) Luego el Santo Padre desarrolla su contenido en cinco puntos: Fidelidad y servicio, fidelidad y fraternidad, fidelidad y sinodalidad, fidelidad y misión, fidelidad y futuro.

Próximos a iniciar formalmente nuestro Tercer Sínodo Diocesano, destaco estas palabras del Papa en su ítem “Fidelidad y sinodalidad”: “En este campo aún queda mucho por hacer. El impulso del proceso sinodal es una fuerte invitación del Espíritu Santo a dar pasos decididos en esta dirección. Por eso reitero mi deseo de invitar a los sacerdotes a abrir de alguna manera su corazón y a participar en estos procesos que estamos viviendo” (n. 21)

En otro de los puntos dice: “La vocación sacerdotal se desarrolla entre las alegrías y las fatigas de un servicio humilde a los hermanos, que el mundo a menudo desconoce, pero del que tiene una profunda sed: encontrar testigos creyentes y creíbles del Amor de Dios, fiel y misericordioso, constituye una vía primordial de evangelización” (n. 23)

Será de mucho fruto la lectura de esta Carta Apostólica para todos y cada uno de nosotros.

En este día en que se expande la fragancia de Cristo que dimana del aceite perfumado, el Santo Crisma, deseamos que se difunda el amor entre nosotros y en todo el santo pueblo de Dios.

De parte de los obispos, nuestro agradecimiento a todos ustedes queridos presbíteros, a ustedes queridos diáconos y a sus esposas, junto con sus hijos, nietos y familia entera. Gracias por la entrega de cada día. Gracias por tantos gestos de amor y de servicio. Gracias por hacer presente la Palabra y predicarla con unción. Gracias por estar junto a los enfermos, a los más olvidados y solos. Gracias por hacer presente a Jesús en la Eucaristía y en el sacramento del perdón. Gracias por acompañar, aconsejar, consolar, sostener y prevenir. Gracias por la oración silenciosa y sostenida por el pueblo. Gracias por los gestos y palabras de solidaridad con los más postergados, y por trabajar por la justicia y la paz.

Gracias por el sufrimiento padecido y ofrecido de nuestros hermanos diáconos y presbíteros sufrientes, que sobrellevan cualquier dolor en su cuerpo o en su espíritu, haciendo presente a Cristo en la Cruz. Queremos estar muy cerca de cada uno, sea que esté internado en una clínica, postrado en la cama de su casa, limitado en una silla de ruedas, o interno en la celda de una cárcel. Hoy están participando espiritualmente con nosotros en esta Eucaristía. Hacemos un momento de oración silenciosa por ellos.

Este es un día en que también, viendo tanta necesidad de sacerdotes, de diáconos, de consagradas y consagrados, se hace imperiosa la oración por el aumento de las vocaciones. Pero a la vez, como nos dice el Papa León XIV: “Debemos tener el valor de hacer a los jóvenes propuestas fuertes y liberadoras, y de que en las Iglesias particulares crezcan los ambientes y las formas de pastoral juvenil impregnadas del Evangelio, donde puedan manifestarse y madurar las vocaciones a la entrega total de sí. Con la certeza de que el Señor nunca deja de llamar (cf. Jn. 11,28), es necesario tener siempre presente la perspectiva vocacional en todos los ámbitos pastorales, en particular en los juveniles y familiares. Recordémoslo: ¡no hay futuro sin el cuidado de todas las vocaciones!

Tenemos un ejemplo de fidelidad a Dios y al pueblo que nos anima y acompaña, tan particularmente presente en nuestra Diócesis: el Santo Cura Brochero. Todos sabemos de su preocupación para que a sus feligreses no les faltara el buen pasto de la Palabra de Dios. Por medio de los Ejercicios Espirituales los condujo al encuentro personal con Cristo. Conocemos su lucha para que tuvieran lo necesario para vivir con dignidad. No le tuvo asco a nada, ni siquiera a perder su reputación en los ámbitos eclesiásticos. Supo estar con todos, sin renunciar a la vivencia del Evangelio. Se inmoló por su pueblo y padeció con su gente las penurias de la pobreza y la postergación. Pero supo luchar con ellos para lograr un mejor progreso para todos, sin exclusiones. En sus épocas de seminarista había escuchado aquella expresión del santo Cura de Ars: “El sacerdocio es el amor del Corazón de Jesús”. Brochero se encargó de hacerlo carne en medio de sus serranos cordobeses. Y cuando, ya leproso y ciego, las fuerzas no lo acompañaron, permaneció rezando, desgranando rosarios por los pasados, presentes y por los que habrían de venir. Hoy trasciende las tierras del centro del país para ser un ejemplo cristiano de fidelidad a Dios y al Evangelio, fidelidad al pueblo y a sus luchas por la justicia y la paz.

Algunos afirman que Brochero estuvo en Quilmes, visitando a su amigo el Padre Bartolomé Ayrolo, teniente cura y luego párroco de esta Iglesia parroquial. Si no lo fue así, sabemos que ahora Brochero sigue visitándonos, viviendo en el corazón de tantas y tantos que “seguimos teniendo puestos los ojos fijos en Jesús”.

Inmaculada Virgen María te pedimos que nos ayudes cada día a mirar a Jesús, y a ser fieles a su llamado: “Ven y sígueme”. Amén

+ Carlos José Tissera
Obispo de Quilmes

Catedral, 29 de marzo de 2026

“Mira que tu rey viene hacia ti, humilde y montado sobre un asna, 
sobre la cría de un animal de carga” 
(Mt. 21, 5)

Hermanas y hermanos:

Con nuestros ramos hoy aclamamos a nuestro rey, Jesús el Mesías prometido, el rey de la paz, el Hijo de Dios. Desde lo hondo del corazón ha brotado esa alabanza: “¡Hosanna!”.

Las lecturas bíblicas hoy nos presentan la persona de Jesús, centro de toda esta Semana Santa, la cual culmina con la celebración del Triduo Pascual. 
 
“Conocer a Jesús es el mejor regalo que puede recibir cualquier persona; haberlo encontrado nosotros es lo mejor que nos ha ocurrido en la vida, y darlo a conocer con nuestra palabra y obras es nuestro gozo” (DA 29)

Contemplar a Jesús, mirarlo, escucharlo, admirarlo, prestarle atención. “Cada mañana Él despierta mi oído para que yo escuche como un discípulo” (Is. 50, 4)

Él quiere enseñarnos, el viene a nosotros, “humilde y montado sobre un asna, sobre la cría de un animal de carga”. Como nos dice San Pablo: “se anonadó a sí mismo, tomando la condición de servidor, y haciéndose semejante a los hombres. Y presentándose con aspecto humano, se humilló hasta aceptar por obediencia la muerte y muerte de cruz” (Flp. 2, 7-8)

Mientras Jesús entra a Jerusalén aclamado por el pueblo que lo seguía, “toda la ciudad se conmovió, y preguntaban: «¿Quién es este?». Y la gente respondía: «Es Jesús, el profeta de Nazaret en Galilea»” (Mt. 21, 10-11). Jesús ya ha empezado a mostrarse como un “signo de contradicción”, como lo había profetizado Simeón, cuando María y José lo habían presentado en el Templo. 

El Mesías no se muestra como muchos esperaban, montado en un brioso caballo, con el poder de los ejércitos, haciendo gala de su fuerza dominadora, ostentando riquezas, opulencia y lucimientos pasajeros. Jesús aparece como uno de tantos, huyendo de toda apariencia vanidosa.

Ese modo de ser llena de envidia y de odio a muchos de los que ostentaban el poder religioso, político y económico de Jerusalén. La persecución y la condena a muerte ya empezó a gestarse en los círculos del poder reinante. El poder religioso y el poder político se confabularon para lograr su cometido. Las profecías se cumplían.

El mismo que fue aclamado como el Mesías Salvador, a pocos días experimentará la traición y el pedido de la multitud, instigada por los poderosos, para que sea crucificado.

Hoy Jesús viene a nosotros humildemente en cada circunstancia de la vida, en el orden personal, comunitario, social. Viene a nuestra realidad de país y del mundo.
Jesús es la luz que viene a disipar las tinieblas, en nuestro corazón y en nuestro exterior. El Misterio de su muerte y resurrección nos muestra el Camino. Ese Camino es la persona misma de Jesús. Él es la paz, la justicia, la verdad, la libertad, el amor. Muchos se quieren presentar como los salvadores del pueblo, del mundo. Estemos atentos. No nos dejemos engañar.

Escuchando la Palabra de Dios hoy, como en toda la Cuaresma y en estos días santos, Él mismo nos enseñará el verdadero camino de la paz, de la justicia, del amor. Él viene hacia vos, hacia mí, hacia toda persona. Viene como el Mesías, como el rey; pero Rey de un Reino muy diferente del reino de los poderosos, de los explotadores, de los que día a día mediante discursos de odio y de venganza, hambrientos de dinero y de poder, siembran muerte y destrucción en todas partes.

Hoy, el Papa León, en su homilía de la Misa en la Plaza San Pedro nos dice: 

“Hermanos y hermanas, este es nuestro Dios: Jesús, Rey de la paz. Un Dios que rechaza la guerra, al que nadie puede utilizar para justificar el enfrentamiento, que no escucha la oración de quienes hacen la guerra y la rechaza diciendo: «Por más que multipliquen las plegarias, yo no escucho: ¡las manos de ustedes están llenas de sangre!» (Is 1,15).

Al mirarlo a Él, que fue crucificado por nosotros, vemos a los crucificados de la humanidad. En sus llagas vemos las heridas de tantos hombres y mujeres de hoy. En su último grito dirigido al Padre escuchamos el llanto de quienes están abatidos, de quienes carecen de esperanza, de quienes están enfermos, de quienes están solos. Y, sobre todo, escuchamos el gemido de dolor de cada uno de los que están oprimidos por la violencia y de cada víctima de la guerra”
.                 

Desde esta porción del pueblo de Dios, que es la Diócesis de Quilmes, queremos repudiar esta “tercera guerra mundial a pedazos” (como decía el Papa Francisco). 

Camino al Tercer Sínodo Diocesano y en el Jubileo de los 50 años de creación de la Diócesis, queremos aclamar a Jesucristo, rey del universo, el Ungido para evangelizar a los pobres y que nos envía a anunciarlo a todos, todos, todos.

“Queremos ser la Iglesia que soñó Jesús: samaritana, cordial, solidaria, y en búsqueda de la justicia y la paz, especialmente con los más pobres; abrazando misericordiosamente a todos”. 

La Virgen, Madre de Jesús y Madre nuestra, nos acompañe en esta Semana Santa, para contemplar, escuchar y seguir a Jesús.

+ Carlos José Tissera
Obispo de Quilmes

Quilmes, 29 de marzo de 2026

El miércoles 1.º de abril, en camino hacia la Pascua, la comunidad diocesana de Quilmes celebrará la Misa Crismal, Será a las 19.00 en la Catedral de Quilmes (Pasaje Papa Francisco 355 -ex Rivadavia-, Quilmes Centro) y se transmitirá en vivo por Youtube.com/DiocesisQuilmesOficial

Acompañamos a los sacerdotes y diáconos en la renovación de sus promesas, y a los obispos en la bendición de los santos óleos y en la consagración del crisma.

El Equipo diocesano de Retiros de Silencio invita el domingo 12 de abril al Retiro de Silencio «El Samaritano», que tendrá lugar en la Casa de Retiros del Colegio María Ward (Calle 43 entre 155 y 156, Plátanos)

El retiro se llevará a cabo entre las 09.30 y las 17.30 y se requiere inscripción previa.

Para inscribirse y para obtener más información, comunicarse al whatsapp 11 2574-2631