Catedral de Quilmes, 17 de febrero del 2023

Lo primero que quisiera es agradecer a Dios por el regalo de la vida, de mi familia y de mis amigos. Mis Papás, Marta y Gonzalo, y mi hermana Silvia. Mis abuelos, tíos/as, primos/as, amigos/as. Desde niño hasta hoy siempre fui acompañado y querido.

Mi Papa Gonzalo, nacido en León, España, y con toda la carga de una vida dura, con muchas necesidades, tuvo que partir dejándolo todo: madre, padre, siete hermanos, amigos, sabiendo que nunca más volvería a su tierra natal, de la que mucho tiempo renegó por lo vivido, y con su acento español, de recién bajado del barco, después de cincuenta años acá, repetía que él era argentino, porque este bendito país le dio la familia, el trabajo y los hijos. Serio por fuera y un niño dulce por dentro. Siempre fue mozo de bar. Falleció inesperadamente en el 2015 cuando yo estaba como cura en Cuba. Mi mamá Marta, argentina, mujer de fe, puro corazón, mucha ternura y sensibilidad. Atenta a todos y en todo, tenía una mirada que captaba fácilmente los sentimientos y las necesidades de los otros, presencia permanente y muy corajuda.

Ellos nos enseñaron, a mi hermana y a mí, a descubrir que en la vida hay que ser honrado, tener palabra, ser responsables, austeros y generosos, trabajar mucho para llevar el pan a la mesa cada día. Me mostraron que la fe se vive con gestos concretos y en familia: en el amor de estar juntos aunque nos separen kilómetros, en el darse, sirviendo siempre a los demás, cultivando la amistad con todos, siendo buena gente, especialmente estando cerca de los más necesitados, los enfermos y los que sufren injusticia. Nos enseñaron que todos somos iguales, que nos tenemos que ayudar siempre y vivir las alegrías y las tristezas juntos, haciendo de todos los momentos oportunidades para crecer.

Mi hermana Silvia es a la que le confío todo, siempre cuento con ella; es la que, sin anestesia, me llama la atención y me anima. Ella y mi cuñado me han regalado la gracia de mis sobrinos Julián y Germán. Los amo como si fueran mis hijos.

Esta es la raíz de lo que soy. Es el sello del amor de Dios en mi corazón. Dios me llamó a ser cura en tantos rostros del amor y del dolor, se valió de muchas mediaciones que fui haciendo consciente muy poco a poco a lo largo de mi vida.

Agradezco a mi Parroquia de la Piedad, donde tomé la primera comunión y me confirmé. Conocí al Padre Emilio Riamonde, su sencillez y cercanía marcó mi vida y la de muchos niños y jóvenes. Amigos que continúan siéndolo hasta hoy. Como a los 14 años de edad, más o menos, me borré de todo lo que tuviera que ver con la Iglesia. Mis padres, cada vez más comprometidos. Mezcla de adolescencia y quizá cierta ingenuidad o rebeldía. Creo que le ha ocurrido a muchos de los de mi generación. Enojos, incomprensión, rechazos y complicidades que me han hecho colocarme lejos. Sin embargo, después de algunos años de distancia y enfriamiento, y ya entrando en la juventud, comencé a participar nuevamente.

Nunca podré olvidar la segunda Jornada Mundial de la Juventud. En Buenos Aires, aquella tarde noche de 1987, en la 9 de Julio, ante millares de jóvenes, San Juan Pablo II dijo: «Que no haya nunca más ni detenidos ni desaparecidos». Yo estaba allí ese día. Recuerdo que lloramos y nos abrazamos todos los jóvenes, se me abrió el cielo y el corazón. Me sentí reconciliado y dentro del rebaño. La presencia y la voz del Padre Obispo Novak, Monseñor Hessayne, Monseñor De Nevares y otros sacerdotes, laicos, religiosos/as muy comprometidos, tantos/as que dieron la vida, me significaron mucho en esos tiempos hasta hoy; y su compromiso me hizo redescubrir a Jesús. Me pregunté muchas veces: ¿cómo podrían tener un amor tan grande por Jesús, sirviendo hasta dar la vida?

En esos años fue que me invitaron a participar en un grupo de jóvenes de la Parroquia San Ignacio de Loyola, a una cuadra de la Plaza de Mayo, en San Telmo. Comencé a dar una mano en el trabajo con niños y las familias de los conventillos de San Telmo, muchas vivencias hermosas y dolorosas, fecundas y sencillas. En esos años conocí la vida del Padre Mugica, del Beato Angelelli y otros hermanos que ofrecieron la vida por amor a Jesús sirviendo por el Reino. Allí comenzaron los primeros cuestionamientos vocacionales, que compartí por primera vez con el Padre Jorge Lozano, curita joven y vicario parroquial. En ese tiempo me habían regalado un afiche de cuando mataron al Padre Mugica, que pegaban en las parroquias y en los barrios, que tenía su foto y decía: «Un sacerdote ha sido asesinado. ¿Quién seguirá sus pasos?». Eso me pegó muy fuerte. Recuerdo que me lo regaló un sacerdote ya mayor ,conversé bastante con él. Pichi Meisegeier se llamaba, y era jesuita. Al tiempo, una amiga, Gabriela, me invitó a un retiro para jóvenes sobre el Proyecto de Vida y comienzó el acompañamiento hasta ingresar al seminario en 1990 con los Padres Operarios Diocesanos. En el último retiro, antes del ingreso, el sacerdote que me acompañaba, que después fue mi rector (fuimos compañeros en Brasil y hoy esta acá, el P. Eusebio Pascual), nos pasa un video donde presenta como modelo sacerdotal al Padre Mugica, y al final pregunta quién quiere seguir a Jesús, siendo un cura como él. Y bueno, me mató. Recuerdo que no me daba el cuero para decirle que yo quería serlo, simplemente le dije: «me tiro a la pileta». Y estoy nadando hasta hoy.

Jesús tiene sus mediaciones, sus referentes. No puedo dejar de mencionar al Padre Luis Sánchez de Wilde Este, en la querida Parroquia del Valle, donde compartí casi cinco años, siendo seminarista y celebrando mi primera Misa.

Siempre aposté, a pesar de mis tantos límites, por ser cura viviendo con otros curas. Esto lo mamé en la Hermandad de Sacerdotes Operarios Diocesanos, mi familia. Un puñado de sacerdotes que vivimos y compartimos la vida en fraternidad siendo curas diocesanos. Compartimos la vida y la misión trabajando especialmente en la pastoral juvenil, la pastoral vocacional, acompañando en parroquias, y especialmente en seminarios diocesanos, optando por las diócesis pobres en todos los sentidos y, en particular, donde faltan curas. Estamos presentes en muchos países. Aquí hoy me acompañan varios hermanos operarios y el Director general, el Padre Florencio Abajo. Siempre seré agradecido a mi familia. Siempre estaré en deuda con cada uno.

Así, en estos 24 años de sacerdote, el Señor me llevó por Brasil, me trajo a Buenos Aires; me mandó por Roma y otros países para un servicio propio de los padres operarios, por seis años fue Santiago de Cuba y, finalmente, Huancayo, en Perú, a los 3.200 metros de altura. Desde allí el Señor me bajó de un hondazo, apenas llevaba dos años y me trajo a Quilmes.

Siempre me tocó partir y volver a empezar, siempre fui un aprendiz. Siempre me enamoré de las comunidades y lugares donde me ha tocado estar, sin conocer ni saber casi nada cuando tuve que llegar. Soy muy argentino, pero también muy brasileño, muy cubano y muy peruano. Siempre seré agradecido por tanto que, desde el corazón, me han regalado.

Este es un momento muy intenso, de sentimientos y emociones que se encuentran y de las que no es fácil expresarme. Creo que, esta ordenación, sin dudas, es, humanamente hablando, tan fuerte y tan luchada como cuando me ordenaron de cura el día 6 de diciembre del ‘98 en la parroquia San Pío X de Mataderos. La ordenación de cura fue muy intensa, la esperaba y la deseaba mucho, pero el corazón estaba empañado por la repentina muerte de mi mamá cinco meses antes. En esos años yo ya vivía en Brasil, en la diócesis de Santos. Aquí hay hermanos curas que han venido de Brasil. Me costaba aceptar las cosas como se presentaban. 

Lo fuerte en este momento, además de por lo que es en sí, tiene la carga de que, al contrario de mi ordenación de cura, esto ha sido inesperado, sorpresivo e inicialmente hasta con bastantes resistencias de mi parte. Sin embargo, hoy puedo decir que acepto y asumo lo que el Señor me pide, con cierto temor y temblor como se lo he escrito al Papa.

Me siento vulnerable delante del amor de Dios y soy medio duro de mollera, me cuesta ser dócil y arrodillarme con el corazón abierto asumiendo que se haga Su voluntad y no la mía. Muchas veces «creí» estar en sintonía con lo que Dios quería. Ahora me doy cuenta de que no siempre fue así. Quiero ser todo de Dios y todo del pueblo, en este camino que Jesús me pide transitar como Padre Obispo auxiliar, aprendiendo y desaprendiendo, acompañando y siendo acompañado. Confiando y arrodillándome delante del Señor, agradeciendo y pidiendo perdón. Es bueno que Papa Dios me puso como auxiliar del P. Obispo Cacho, Pastor bueno, sencillo y cercano, y también de ustedes, bendito Pueblo de Dios que camina en la Diócesis de Quilmes, hermanos/as laicos/as, hermanos sacerdotes y seminaristas, hermanos diáconos con sus esposas, hijos/as y nietos, religiosos/as. Tengo mi vida para compartir y mucho que aprender.

Quiero ser Padre y Pastor. Pido la intercesión del Santo cura Brochero, del siervo de Dios Padre Novak, del Beato Angelelli y compañeros mártires: que ellos y ustedes me enseñen.

Estrenarme como Padre Obispo auxiliar en la Iglesia de Quilmes es un regalo, pero también una exigencia y un desafío grande. Una Iglesia con tanta historia, con una memoria y compromiso, marcada por la profecía de tantos/as que desde su creación han dado todo desde el servicio a los hermanos más necesitados.

Cuatro cauces marcó el Padre Novak en el seguimiento de Jesús, que hoy son tan fuertes como ayer: Los pobres, los derechos humanos, el ecumenismo y la misión.

En este momento de la vida el Señor me pide que deje todo nuevamente, pero ahora también me pide que me deje a mí mismo, que baje la guardia y que me abandone en sus manos. En la medida que vamos sumando camino cuesta un poco más, pero no me escaparé esta vez. Ya me he escapado otras, ahora ya no. Jesús me puede, el Pueblo de Dios me puede. Los pobres y los jóvenes son y serán siempre el ahora de Dios en mi vida. «Desde los pobres a todos», nos dejó como enseñanza el Beato Juan Pablo I.

Agradezco profundamente al Papa Francisco. En estos años me renovó la esperanza de creer que otro mundo es posible, saliendo al encuentro de todos, donde nadie quede fuera de este gran «hospital de campaña», donde todos somos acogidos y nadie es descartado. Me ayudó a profundizar que, en esta Iglesia, tan santa como pecadora, soy parte y es también mi Madre. Francisco me ayudó a centrarme en Jesús y en la misión.

Yo he sido un sacerdote muy frágil en la fe durante un buen tiempo. Mucho esfuerzo, perseverancia, compromiso, buenas ideas pero desde mí. Soy un pecador perdonado y no me arrepiento de confesarle delante de ustedes. Siempre fui una oveja media revoltosa y un tanto básica. Sin embargo, ahora el Señor me llama a ser aprendiz de Pastor. Solo me resta ponerme en manos de Jesús y que pueda ser barro para que me dé la forma de su corazón y, con su amor, pueda ser alimento para los hermanos y hermanas de nuestras comunidades.

Para terminar, pido la intercesión de la Mamá de Jesús y nuestra Madre: Virgen de Luján; Nuestra Señora Aparecida, patrona de Brasil; Virgen de la Caridad del Cobre, patrona de Cuba; y Mamá Cocharcas, patrona del Valle del Mantaro en Perú.

+ Eduardo Gonzalo Redondo
Obispo Auxilar de Quilmes

Catedral de Quilmes – viernes 17 de febrero de 2023

Hermanas y hermanos:

El evangelio proclamado nos presenta a Jesús a orillas del lago, llamando a sus primeros discípulos en el marco de la pesca milagrosa. Texto tan querido para todos nosotros, particularmente los consagrados. Pareciera que la brisa fresca del lago nos abraza en esta tarde y nos llena de profunda alegría y paz, renovando su Palabra que suena clara, profunda, fuerte, a la vez que suave, como prolongándose en nuestro camino discipular: “¡Sígueme!”.

Jesús, el que caminó por la periférica Galilea, es el centro de esta celebración. ¡A Él toda gloria y bendición!

Hace dos años, haciendo nuestro Camino Sinodal Diocesano, les proponía a todos como ícono otra escena junto al lago: “Al desembarcar, Jesús vio una gran muchedumbre y se compadeció de ella, porque eran como ovejas sin pastor, y estuvo enseñándoles largo rato” (Mc. 6, 34)

Así transitamos el doloroso tiempo de la pandemia viral y existencial, que fue sembrando tanta muerte y desolación. Éramos como los pescadores de aquella mañana cargados de cansancio y desilusión, limpiando las redes del desencanto, del trabajo sin fruto. Nuestras comunidades fueron visitadas por la enfermedad y la muerte; la pobreza de medios y la situación social amenazante, nos pusieron a prueba. Como familia diocesana, presbiteral y diaconal, lloramos la muerte de hermanos muy queridos. Los sentimientos de los apóstoles en la orilla del mar, eran los nuestros. Pero Dios nunca abandona. Jesús se acercó como siempre a nuestra orilla, como uno más. Su voz se hizo sentir: “Navega mar adentro”. Como Pedro, pusimos nuestra confianza en la Palabra del Maestro: “si Tú lo dices…”. Las oraciones y celebraciones, hechas de la manera que se podía; el riesgo de arremangarse y ponerse a cocinar, hacer las compras, ir a los hospitales o centros de atención; docentes que acompañaban ingeniosamente a niños y adolescentes; voluntarios que surgían espontáneos. Manos que se unían para socorrer y aliviar en el dolor. La palabra viva del Señor se adueñó de los corazones para hacer frente al mar de lo desconocido y amenazante, sólo guiados por la Palabra salvadora: “ámense unos a otros como yo los he amado” (Jn. 15, 12) “Cada vez que lo hicieron con el más pequeño de mis hermanos, lo hicieron conmigo» (Mt. 225, 40)

Dice el evangelio de hoy: “sacaron tal cantidad de peces, que las redes estaban a punto de romperse. Entonces hicieron señas a los compañeros de la otra barca para que fueran a ayudarlos. Ellos acudieron, y llenaron tanto las dos barcas, que casi se hundían” .

Los discípulos pidieron ayuda a sus compañeros. Recuerdo que el año pasado, reunido con los sacerdotes antes de viajar a Roma y visitar al Papa Francisco, hicimos un discernimiento sobre la situación que vivíamos. Consideramos que era importante que fuera y le contara de nuestras desolaciones y nuestras esperanzas. Así fue. El corazón pastoral del obispo de Roma (que hace once años estuvo en este mismo lugar, al inicio de mi caminar como obispo de Quilmes) recibió mi confesión y mi pedido de luz para el camino. Inmediatamente me dijo: “Tenés que pedir un obispo auxiliar”. Hermanas y hermanos, acá lo tenemos: el Padre Obispo Eduardo Gonzalo. ¡Gracias Papa Francisco! ¡Gracias Señor Jesús, porque seguís invitándonos a navegar mar adentro y a tirar las redes! ¡Gracias, Eduardo, por tu respuesta al llamado!

Este sí lleva consigo una renuncia dolorosa: el desprendimiento de una actividad y un servicio vivido por tantos años en la Hermandad de los Operarios Diocesanos. Es algo que jamás estuvo en tu perspectiva. Pero, el Espíritu que siempre te animó, es el que te llevó a confiar, como lo hizo Pedro… “pero, si Tú lo dices”. Ante la maravilla de la pesca, Pedro experimenta su nada y su pecado: “Aléjate de mí, Señor, porque soy un pecador”. Simón tuvo la audacia de echar las redes al mar fiándose de la palabra del Maestro; luego tuvo que tener la audacia de permanecer en la compañía de Jesús fiándose de su palabra alentadora.

Las palabras del libro del profeta Isaías que vos has elegido, son más que apropiadas: “No temas, porque yo te he redimido, te he llamado por tu nombre, tú me perteneces… Porque yo soy el Señor, tu Dios, el Santo de Israel, tu salvador… Porque tú eres de gran precio a mis ojos, porque eres valioso, y yo te amo” (Is. 43, 1.3.4)

Volviendo al evangelio de Lucas, Jesús le dice a Simón: «No temas, de ahora en adelante serás pescador de hombres» Pescar hombres es una empresa mucho más noble y difícil que pescar peces. Es una misión maravillosa. Vos Eduardo lo has experimentado en tantos destinos pastorales; desde ahora, lo harás con nosotros, en Quilmes. Como lo expresas en tu lema de ordenación episcopal, citando a San Pablo: “Todos somos compañeros de trabajo de Dios” (1 Cor. 3, 9)

Muchas gracias a la Hermandad de los Operarios Diocesanos. Lo hago en la persona del Director General, el P. Florencio Abajo Núñez, que ha querido venir desde España para acompañar a Eduardo y a nuestra Iglesia diocesana. ¡Muchas gracias! ¡Qué desafío también para su pastoreo! No puedo olvidar a algunos de los sacerdotes operarios que he conocido. El Padre Vicente Zueco, tan importante en la pastoral vocacional en nuestro país, y también en la formación de Eduardo. Desde el Cielo nos acompaña. Al P. Arsenio Barrionuevo, que desde Tucumán nos acompaña espiritualmente, con sus 91 años de vida entregada a Dios, importante también en la formación permanente del clero argentino. A vos, querido Padre Lucas Smiriglia, nacido, criado e incardinado en esta Diócesis, y siempre cercano a nosotros. A la Hermandad le confiamos desde este año la formación de los nuevos seminaristas, en la Comunidad de las diócesis de la Patagonia, en Villa Devoto. Querida Hermandad: ¡Muchas gracias! Dios les pague tanta generosidad. Rezamos por sus vocaciones y también para nuestra diócesis. Lo hacemos invocando al Beato Mosén Sol, “el santo apóstol de las vocaciones”, fundador de la Hermandad.

Querido Cardenal Pedro Ricardo Barreto, muchas gracias por estar aquí, acompañando al P. Eduardo y a nosotros. Sabemos que este nombramiento ha significado una renuncia de parte suya y de la Arquidiócesis de Huancayo, en comunión con otras diócesis peruanas, porque el Padre Eduardo ha sido hasta ahora el rector de su Seminario. ¡Muchas gracias también a los sacerdotes peruanos que le acompañan! A ustedes y al pueblo hermano de Perú queremos expresarles nuestra solidaridad en estos momentos de dolor y de incertidumbre que están viviendo.

Gracias hermanos Obispos presentes y a los que no pudieron asistir hoy. Gracias a los co-consagrantes, cercanos al camino vocacional de Eduardo: Mons. Jorge Lozano, Mons. Carlos Sánchez y Mons. Juan Carlos Ares.

Muchas gracias a la querida familia de Eduardo: su hermana Silvia y su esposo Fabián; sus sobrinos Julián y Germán. ¡Ya tienen en Quilmes su casa!

También gracias a todos los sacerdotes, religiosas y religiosos, diáconos, familiares y amigos de Eduardo que han viajado hasta este sur de Buenos Aires. Varios sacerdotes han venido de Brasil para esta celebración ¡Gracias por estar aquí!

A las hermanas y hermanos de otras confesiones cristianas, queridas pastoras y pastores, de corazón les agrademos su presencia.

Agradezco, en nombre de toda la Diócesis, a las autoridades presentes del gobierno nacional, provincial y municipal. Destaco y agradezco la presencia del Intendente de Florencio Varela, Andrés Watson, y demás autoridades de los tres Partidos de nuestra Diócesis.

A ustedes, miembros del Presbiterio de Quilmes, Diáconos Permanentes, Religiosas y Religiosos de la diócesis, miembros de los Institutos de Vida Consagrada, Orden de Vírgenes, seminaristas, y a todas y todos los fieles cristianos de la Diócesis les quiero decir: reciban al Padre Obispo Eduardo con el mismo afecto y confianza que tienen conmigo. Sé que lo harán. Somos una gran familia, sencillos y hospitalarios. Con Eduardo, nos desgastaremos para servirles y acompañarles de la mejor manera. ¡Muchas gracias!

Con el Padre Obispo Luis Stöckler, emérito de Quilmes, y el Padre Obispo Juan Carlos Romanín, emérito de Río Gallegos, que me acompañan siempre, te doy la bienvenida, querido hermano Eduardo, a esta amada Diócesis de Quilmes.

Hace más de 46 años, en este lugar, era ordenado obispo nuestro primer Pastor: el Padre Obispo Jorge Novak. Ese 19 de septiembre de 1976, en este mismo altar pronunció las palabras de San Pablo: “¡Pobre de mí si no predicara el Evangelio!” Su vida y su testimonio, querido Eduardo, te animen cada día. Al decir del Papa Francisco: “Novak es una luz que brilla en el episcopado argentino” Que siempre sea nuestro guía y nos acompañe en el Camino Sinodal de la Iglesia de Quilmes.

María Inmaculada, la tierna Madre de Dios siempre te cuide.

+ Carlos José Tissera
Obispo de Quilmes

El Padre Obispo Carlos José Tissera nombró Rector del Centro de Estudios Filosóficos y Teológicos de Quilmes «Santo Toribio de Mogrovejo» (CEFITEQ) al Presbítero Gustavo Miguel Módica. Asumirá el jueves 09 de marzo a las 19 h en Av. Néstor Kirchener (ex Mitre) 3240, Berazategui.

En otro orden de cosas, el superior provincial de la Congregación Salesiana dispuso que a la comunidad de San Juan Bosco, de la localidad de Don Bosco, se integre el Padre Antonio María Fierens, y a la comunidad de Nuestra Señora de la Guardia de Bernal se sumen el Diácono Ramón Osvaldo Molina y el Hermano Hugo Vera. El Obispo de Quilmes nombrará Párroco de San Juan Bosco al Padre Fierens, y agradece de manera especial al padre Miguel Haag por su servicio generoso en esta porción de la Iglesia, dado que seguirá sirviendo a la congregación en un nuevo destino fuera de esta diócesis.

Además, el provincial de los misioneros redentoristas dispuso que también formen parte de la comunidad de Nuestra Señora de Lourdes de Quilmes Oeste, el Padre Mario Octavio Gómez y el diácono Federico José Romero.

Rezamos por el Padre Gustavo en su nueva misión, por los religiosos que se integran a la Diócesis de Quilmes y por las comunidades que los reciben.

El próximo sábado 11 de febrero, en la Jornada Mundial del Enfermo y día de Nuestra Señora de Lourdes, la Pastoral de la Salud de la Diócesis de Quilmes invita a un encuentro diocesano entre las 09 y 13 h en el Hospital «El Cruce» (Av. Calchaquí 5401, Florencio Varela), con el lema «Cuida de él con cercanía, compasión y ternura».

Destinado a sacerdotes, diáconos, ministros extraordinarios de la comunión, grupos de Pastoral de salud y acompañantes de personas enfermas.

Próximos a celebrar la ordenación episcopal del Padre Eduardo Gonzalo Redondo como Obispo Auxiliar de Quilmes, la Iglesia diocesana que peregrina en Berazategui, Florencio Varela y Quilmes se prepara con gran entusiasmo y alegría.

Detallamos, a continuación, aspectos prácticos para que toda la comunidad diocesana pueda participar de la celebración y festejos:

ORDENACIÓN EPISCOPAL
Será el viernes 17 de febrero a las 19 h en la Catedral de Quilmes (Rivadavia 355, Quilmes Centro). La celebración se hará en el interior del templo y se podrá seguir en vivo a través del canal de Youtube de la diócesis: Youtube.com/DiocesisQuilmesOficial

– Participación del Pueblo de Dios: Toda la gente que quiera participar podrá ingresar al templo y ubicarse en los bancos del pasillo central, luego del noveno banco, y en la columna de asientos que se encuentre del lado derecho (mirando hacia el altar). También podrán ubicarse en el atrio de la Catedral, donde se podrá seguir la celebración a través de la pantalla gigante.

– Obispos, sacerdotes, diáconos, familiares del Padre Eduardo, autoridades y periodistas serán recibidos por personas de la organización que les indicarán los lugares asignados.

FESTEJO DIOCESANO
El ágape fraterno como comunidad diocesana junto con el nuevo obispo auxiliar se llevará adelante el viernes 17 de febrero en el gimnasio del Colegio San José -a 3 cuadras de la Catedral- (Mitre 460, Quilmes Centro), luego de la celebración.
La invitación es abierta a todas las instituciones, grupos y comunidades de la Diócesis de Quilmes.

Hermanas y hermanos:
 
Quiero invitarles a la Misa de Ordenación Episcopal del Padre Eduardo Gonzalo Redondo, obispo auxiliar electo de Quilmes.
 
Con gran alegría hace más de tres meses todos recibimos la noticia del nombramiento del Padre Eduardo como Obispo Auxiliar de nuestra diócesis, y titular de Tingaria. Estoy agradecido al Papa Francisco por esta decisión, respondiendo a mi pedido realizado en mayo del año pasado en la conversación que tuve con él en mi visita al Vaticano.
 
Ya hemos podido compartir con el Padre Obispo electo algunos momentos, no solo de manera virtual, sino también presencial en diciembre y a principios de este año, en respectivos encuentros con sacerdotes y seminaristas. Hemos gustado de su compañía y, a la vez que él pudo ver nuestros rostros concretos y disipar la lógica incertidumbre ante lo desconocido, pudimos encontrar en su persona un corazón disponible al servicio y una gran sencillez en el trato con cada persona. Agradezco a la Hermandad de los Operarios Diocesanos que con generosidad ofrecen al Padre Eduardo para que brinde su total consagración al Señor, ahora como obispo.
 
Ha elegido como lema de su episcopado: “Todos somos compañeros de trabajo de Dios” (1 Cor. 3,9). Es una palabra que nos compromete en nuestro Camino Sinodal, para compartir la vida codo a codo con los hermanos anunciando la alegría del Evangelio.
 
Con estos sentimientos de gratitud y de profunda alegría hago la invitación para su Ordenación Episcopal que será el viernes 17 de febrero de 2023, a las 19 horas, en la Iglesia Catedral de Quilmes. El Padre Eduardo me ha pedido que presida la Misa de Ordenación: le agradezco de corazón. Serán co-consagrantes: Mons. Jorge Eduardo Lozano, arzobispo de San Juan de Cuyo, Mons. Carlos Alberto Sánchez, arzobispo de Tucumán y Mons. Juan Carlos Ares, obispo auxiliar de Buenos Aires.
 
Espero la presencia de ustedes; particularmente invito a participar a todos los miembros del Presbiterio de la Diócesis, a los Diáconos Permanentes, a las Religiosas y Religiosos, a los miembros de Institutos seculares, Orden de Vírgenes, a los miembros de los Movimientos e Instituciones de la Diócesis, personal y alumnos de todas las Comunidades Educativas del Obispado y de las Congregaciones religiosas.
 
Que la Inmaculada Concepción y el Santo Cura Brochero acompañen el ministerio episcopal del Padre Eduardo, y a nuestra Diócesis de Quilmes.
 
¡Hasta el viernes 17, si Dios quiere! Con mi bendición:

Carlos José Tissera
Obispo de Quilmes

Quilmes, 01 de febrero de 2023.

Prot. Nº 09/2023

Cirtular Nº 02/2023

Compartimos la carta de presentación de la Comisión Ejecutiva de la Conferencia Episcopal Argentina (CEA) del libro publicado por Editorial Planeta «La verdad los hará libres. Tomo I: La Iglesia católica en la espiral de la violencia de la Argentina entre 1966 y 1983»

Presentamos el Calendario Diocesano 2023 con las principales actividades de la Diócesis de Quilmes y de la Iglesia Católica.

Se puede ver y descargar ingresando aquí

El departamento de Laicos de la Diócesis de Quilmes invita el próximo viernes 13 de enero de 19.00 a 21.00 a la primera reunión para preparar la X peregrinación a pie brocheriana de la diócesis a celebrarse en marzo.

Se invita a todas las personas que quieran sumarse como servidores a la sede del Departamento de Laicos (Av. Calchaquí 1371, Quilmes Oeste -frente a la parroquia Nuestra Señora de Lourdes) para comenzar a preparar está fiesta diocesana.

El departamento de Laicos de la Diócesis de Quilmes para la festividad de los Reyes Magos compartirá juguetes y golosinas para las niñas y niños de la parroquia Nuestra Señora del Valle de Ingeniero Allan el próximo sábado 07 de enero de 14.00 a 18.00

Se invita a las personas que puedan colaborar, a llevar golosinas y juguetes a la sede del departamento de Laicos (Av. Calchaquí 1371, Quilmes Oeste – frente a la parroquia Nuestra Señora de Lourdes) el miércoles 04 de enero de 19.00 a 21.00.