“Desátenlo para que pueda caminar” (Jn. 11, 44)
HOMILIA DE LA MISA PENITENCIAL INICIO DEL SINODO 2026
Domingo 22 de marzo de 2026
Colegio San José – Iglesia Catedral
“Desátenlo para que pueda caminar” (Jn. 11, 44)
Hermanas y hermanos:
Estamos ya asomando a la Semana Santa. Hoy es el V Domingo de Cuaresma que iniciamos el miércoles de cenizas. El Papa León Nos decía en su Mensaje de Cuaresma: “Nuestras parroquias, familias, grupos eclesiales y comunidades religiosas están llamadas a realizar en la Cuaresma un camino compartido, en el que la escucha de la Palabra de Dios, así como el clamor de los pobres y de la tierra, se convierta en forma de vida común, y el ayuno sostenga un arrepentimiento real”.
Hoy la Palabra nos ayuda en el conocimiento del misterio de Cristo para vivir en conformidad con él. La resurrección de Lázaro es el último signo de Jesús antes de su pasión; y se convertirá también en el motivo inmediato de su arresto (Jn. 11,47-56). “El que va al encuentro de la muerte, quiere antes ver la muerte cara a cara”. Marta, María y Lázaro son los amigos entrañables de Jesús. La muerte de un amigo es la muerte más parecida a nuestra propia muerte. Sus amigas mandan a llamar a Jesús para que venga a salvar a Lázaro de la muerte. Jesús no escucha esos ruegos. Es como que deja morir a Lázaro. Quiere postrarse ante la tumba de su amigo, cerrado por una piedra y llorar conmovido, consternado, enojado a causa del terrible poder de este “último enemigo” (1 Cor. 15, 26) que sólo puede ser vencido desde dentro, desde lo profundo de sí mismo. Sin estas lágrimas ante el sepulcro de Lázaro, Jesús no sería el hombre que es.
El evangelio de san Juan narra este hecho portentoso con un entrelazado de palabras que nos muestran el poder divino de Jesús, el poder del Espíritu del que nos habla hoy el profeta: “Yo voy a abrir las tumbas de ustedes, los haré salir de ellas… Yo pondré mi espíritu en ustedes, y vivirán” (Ez. 37, 12.14) Retenemos las palabras de Jesús en este relato de hoy: “Tu hermano resucitará”. “Yo soy la Resurrección y la Vida. El que cree en mí, aunque muera vivirá; y todo el que vive y cree en mí, no morirá jamás. ¿Crees esto?”. “¿Dónde lo pusieron?”. “Quiten la piedra”. “Padre, te doy gracias porque me oiste. Yo sé que siempre me oyes, pero lo he dicho por esta gente que me rodea, para que crean que tú me has enviado”. “Lázaro, ven afuera”. “Desátenlo para que pueda caminar”. Qué fuerte que resuenan estas palabras hoy, como siempre. “El poder de Jesús sobre la muerte es parte de su misión, pero no será un “pleno poder” hasta que, exhalando el Espíritu Santo hacia Dios y hacia la Iglesia, muera en la cruz” (Hans Urs hvon Balthasar).
“Desátenlo para que pueda caminar” (Jn. 11, 44) Hoy lo dice Jesús también a nosotros. Su fuerza nos levanta de la muerte. Cristo vive y nos quiere vivos. “Cada día en el mundo renace la belleza, que resucita transformada a través de las tormentas de la historia. Los valores tienden siempre a reaparecer de nuevas maneras, y de hecho el ser humano ha renacido muchas veces de lo que parecía irreversible. Ésa es la fuerza de la resurrección y cada evangelizador es un instrumento de ese dinamismo” (EG 276)
“Iglesia de Quilmes, camina con la alegría del Evangelio”
A la luz de este Evangelio de Vida plena, queremos mirarnos y reconocernos como Iglesia, como pueblo de Dios nacido del costado abierto de Cristo. “Hay un solo Señor, una sola fe, un solo bautismo. Hay un solo Dios y Padre de todos, que está sobre todos, lo penetra todo y está en todos” (Ef. 4, 5-6) Hoy, en esta Catedral, como lo hicieran aquellos hermanos y hermanas junto al Padre Obispo Jorge Novak en el Primer y en el Segundo Sínodo Diocesano, queremos decir en voz alta y contentos: “SOMOS DE LA IGLESIA DE QUILMES NOMÁS”
Esto lo expresamos de una manera más dinámica cuando decimos también: “IGLESIA DE QUILMES, CAMINA CON LA ALEGRÍA DEL EVANGELIO”. Con ello estamos diciendo que nuestra Iglesia es SINODAL. Al Papa Francisco le gustó mucho nuestro lema. Nos mandó un mensaje muy bello. También el Papa León XIV lo conoce.
Al iniciar con este Encuentro Penitencial el Tercer Sínodo Diocesano, con la presencia de los sinodales, permítanme desglosar la reflexión del Papa Francisco al comienzo del último Sínodo de la Iglesia:
TRES PALABRAS
“Las palabras clave del Sínodo son tres: comunión, participación y misión. Comuniónymisiónson expresiones teológicas que designan el misterio de la Iglesia. La Iglesia, por medio de esas dos palabras (comunión y misión) contempla e imita la vida de la Santísima Trinidad, misterio de comunión ad intra y fuente de misión ad extra.
La tercera palabra es participación. Si no se cultiva una praxis eclesial que exprese la sinodalidad de manera concreta a cada paso del camino y del obrar, promoviendo la implicación real de todos y cada uno, la comunión y la misión corren el peligro de quedarse como términos un poco abstractos. La participación es una exigencia de la fe bautismal. ¡La participación de todos es un compromiso eclesial irrenunciable! Todos los bautizados y bautizadas, este es el carné de identidad: el Bautismo.
TRES RIESGOS
El Sínodo, al mismo tiempo que nos ofrece una gran oportunidad para una conversión pastoral en clave misionera y también ecuménica, no está exento de algunos riesgos. Cito tres de ellos:
El primero es el formalismo: un Sínodo se puede reducir a un evento extraordinario, pero de fachada, como si nos quedáramos mirando la hermosa fachada de una iglesia, pero sin entrar nunca.
Un segundo riesgo es el intelectualismo —es decir, la abstracción; la realidad va por un lado y nosotros con nuestras reflexiones vamos por otro—, convertir el Sínodo en una especie de grupo de estudio; una suerte de “hablar por hablar”, donde se actúa de manera superficial y mundana, terminando por caer otra vez en las habituales y estériles clasificaciones ideológicas y partidistas, y alejándose de la realidad del Pueblo santo de Dios y de la vida concreta de las comunidades.
Por último, puede surgir la tentación del inmovilismo. Es mejor no cambiar, puesto que «siempre se ha hecho así» (Exhort. apost. Evangelii gaudium, 33) —esta palabra es un veneno en la vida de la Iglesia, “siempre se ha hecho así”—.
TRES OPORTUNIDADES
Vivamos esta ocasión de encuentro, escucha y reflexión como un tiempo de gracia que, en la alegría del Evangelio, nos permita captar al menos tres oportunidades.
La primera es la de encaminarnos, no ocasionalmente, sino estructuralmente hacia una Iglesia sinodal. Un lugar abierto, donde todos se sientan en casa y puedan participar.
El Sínodo también nos ofrece una oportunidad para ser Iglesia de la escucha, para tomarnos una pausa de nuestros ajetreos, para frenar nuestras ansias pastorales y detenernos a escuchar. Escuchar el Espíritu en la adoración y la oración. ¡Cuánto nos hace falta hoy la oración de adoración!
Por último, tenemos la oportunidad de ser una Iglesia de la cercanía. Volvamos siempre al estilo de Dios, el estilo de Dios es cercanía, compasión y ternura. Una Iglesia que no se separa de la vida, sino que se hace cargo de las fragilidades y las pobrezas de nuestro tiempo, curando las heridas y sanando los corazones quebrantados con el bálsamo de Dios.
JORGE NOVAK: UN OBISPO SINODAL
En nuestra Iglesia de Quilmes tenemos un ejemplo indiscutido: el Padre Obispo Jorge Novak. Encarnó en su vida la cercanía, la compasión y la ternura.
Cuando convocó al Tercer Sínodo, a fines del año 2000, describió la situación social del momento con estas palabras (cito sólo un párrafo): “Nuestro pueblo continúa decayendo. Decae la persona, ante el embate del oleaje embravecido de planificaciones pensadas para grupos económicamente poderosos. La libertad sigue siendo una aspiración, pero no puede resistir ante el ataque masivo de las realidades bien concretas. El trabajo es pura filosofía y también el Evangelio del trabajo queda relegado al desprecio y al olvido. Los que “gozan” de una ocupación saben que la permanencia es incierta. La subocupación alcanza desniveles de esclavitud… La violencia y la droga se han instalado en nuestros barrios. Además de la crítica situación social no cabe duda que hay una estrategia teledirigida desde la concentración del poder en el mundo, y que cuenta con testaferros fidelísimos e incondicionales en nuestro país… Nuestras respuestas, sinceras y generosas, son insuficientes. Nuestras Cáritas se sienten desbordadas. Las autoridades civiles desvían a los indigentes a nuestros modestísimos centros asistenciales, aunque cobran los impuestos que permitirían respuestas más eficientes”. (Novak. 4 de octubre de 2000)
Durante ese año 2000, mientras el Padre Obispo Gerardo Farrell, su auxiliar coadjutor, se debatía en su enfermedad, el 27 de abril, en la ciudad de Buenos Aires, en el panel de presentación de su libro sobre los Derechos Humanos, el Padre Obispo Jorge decía: “Mi actitud pastoral en el área de los Derechos Humanos maduró en mi conciencia como respuesta a la Palabra de Dios, al Magisterio de la Iglesia y a una comunidad de sufrientes que golpeaban a las puertas de nuestro obispado… Los grandes modelos episcopales de todos los tiempos, defendiendo al pobre y encarando al poderoso, me animaban a imitarlos, aplicando a mis circunstancias concretas la respuesta. No se podía callar, no cabía refugiarse tras un escudo mentiroso que pretendiera justificar la inercia… El desfile de personas y familias golpeadas por la violencia represora se repetía a diario. Las entrevistas eran sencillas, pero de una profundidad abismal en lo tocante a la verdad de los hechos. ¡Sólo Dios fue testigo de estos testimonios, verdaderas confidencias que esas víctimas no se animaban a deponer como testimonios sangrantes! La conciencia no me permitía actuar si no en la forma en que, con la ayuda de Dios, lo pude hacer. Siempre quedé a mucha distancia del ideal. Que Dios me perdone si no lo supe hacer mejor”.
El Padre Obispo Jorge Novak tenía un corazón de pastor que palpitaba con el corazón traspasado de dolor de su pueblo. Era la voz de los que no tienen voz. En este lugar, donde descansan sus restos, desde donde él hacía escuchar su voz, y donde recibía a todos, todos, todos… hoy queremos decir juntos: “SOMOS DE LA IGLESIA DE QUILMES NOMÁS”.
“Queridos hermanos y hermanas, que este Sínodo sea un tiempo habitado por el Espíritu. Porque tenemos necesidad del Espíritu, del aliento siempre nuevo de Dios, que libera de toda cerrazón, revive lo que está muerto, desata las cadenas y difunde la alegría. El Espíritu Santo es Aquel que nos guía hacia donde Dios quiere, y no hacia donde nos llevarían nuestras ideas y nuestros gustos personales. El padre Congar (un teólogo del Concilio Vaticano II), de santa memoria, recordaba: «No hay que hacer otra Iglesia, pero, en cierto sentido, hay que hacer una Iglesia otra, distinta» (Verdadera y falsa reforma en la Iglesia, Madrid 2014, 213). Y esto es un desafío. Por una “Iglesia distinta”, abierta a la novedad que Dios le quiere indicar, invoquemos al Espíritu con más fuerza y frecuencia, y dispongámonos a escucharlo con humildad, caminando juntos, tal como Él —creador de la comunión y de la misión— desea, es decir, con docilidad y valentía.
¡Ven, Espíritu Santo! Tú que suscitas lenguas nuevas y pones en los labios palabras de vida, líbranos de convertirnos en una Iglesia de museo, hermosa pero muda, con mucho pasado y poco futuro. Ven en medio nuestro, para que en la experiencia sinodal no nos dejemos abrumar por el desencanto, no diluyamos la profecía, no terminemos por reducirlo todo a discusiones estériles. Ven, Espíritu Santo de amor, dispón nuestros corazones a la escucha. Ven, Espíritu de santidad, renueva al santo Pueblo fiel de Dios. Ven, Espíritu creador, renueva la faz de la tierra. Amén” (Francisco, Discurso en el Aula nueva del Sínodo, 9 de octubre de 2021)
María Inmaculada, patrona de la Diócesis, enséñanos a ser una Iglesia sinodal, a escuchar, a ser cercanos para todos, todos, todos. Tu presencia maternal nos llene de alegría y esperanza.
Por eso hoy, con el Negrito Manuel, decimos: “YO SOY DE LA VIRGEN NOMÁS”.
+ Carlos José Tissera
Obispo de Quilmes











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