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Hermanas y hermanos:
 
Quiero invitarles a la Misa de Ordenación Episcopal del Padre Eduardo Gonzalo Redondo, obispo auxiliar electo de Quilmes.
 
Con gran alegría hace más de tres meses todos recibimos la noticia del nombramiento del Padre Eduardo como Obispo Auxiliar de nuestra diócesis, y titular de Tingaria. Estoy agradecido al Papa Francisco por esta decisión, respondiendo a mi pedido realizado en mayo del año pasado en la conversación que tuve con él en mi visita al Vaticano.
 
Ya hemos podido compartir con el Padre Obispo electo algunos momentos, no solo de manera virtual, sino también presencial en diciembre y a principios de este año, en respectivos encuentros con sacerdotes y seminaristas. Hemos gustado de su compañía y, a la vez que él pudo ver nuestros rostros concretos y disipar la lógica incertidumbre ante lo desconocido, pudimos encontrar en su persona un corazón disponible al servicio y una gran sencillez en el trato con cada persona. Agradezco a la Hermandad de los Operarios Diocesanos que con generosidad ofrecen al Padre Eduardo para que brinde su total consagración al Señor, ahora como obispo.
 
Ha elegido como lema de su episcopado: “Todos somos compañeros de trabajo de Dios” (1 Cor. 3,9). Es una palabra que nos compromete en nuestro Camino Sinodal, para compartir la vida codo a codo con los hermanos anunciando la alegría del Evangelio.
 
Con estos sentimientos de gratitud y de profunda alegría hago la invitación para su Ordenación Episcopal que será el viernes 17 de febrero de 2023, a las 19 horas, en la Iglesia Catedral de Quilmes. El Padre Eduardo me ha pedido que presida la Misa de Ordenación: le agradezco de corazón. Serán co-consagrantes: Mons. Jorge Eduardo Lozano, arzobispo de San Juan de Cuyo, Mons. Carlos Alberto Sánchez, arzobispo de Tucumán y Mons. Juan Carlos Ares, obispo auxiliar de Buenos Aires.
 
Espero la presencia de ustedes; particularmente invito a participar a todos los miembros del Presbiterio de la Diócesis, a los Diáconos Permanentes, a las Religiosas y Religiosos, a los miembros de Institutos seculares, Orden de Vírgenes, a los miembros de los Movimientos e Instituciones de la Diócesis, personal y alumnos de todas las Comunidades Educativas del Obispado y de las Congregaciones religiosas.
 
Que la Inmaculada Concepción y el Santo Cura Brochero acompañen el ministerio episcopal del Padre Eduardo, y a nuestra Diócesis de Quilmes.
 
¡Hasta el viernes 17, si Dios quiere! Con mi bendición:

Carlos José Tissera
Obispo de Quilmes

Quilmes, 01 de febrero de 2023.

Prot. Nº 09/2023

Cirtular Nº 02/2023

El Padre Obispo Carlos José Tissera comparte con toda la Diócesis de Quilmes las siguientes designaciones que se harán efectivas en los primeros meses de 2023, en días y horarios que se darán a conocer en las próximas semanas

Monseñor Juan Carlos Romanín, salesiano, Obispo Emérito de Río Gallegos, fue designado director pastoral de las parroquias Nuestra Señora de la Medalla Milagrosa y Asunción de Santa María de Bernal Oeste, pertenecientes al Decanato Quilmes Oeste II

El Presbítero Gustavo Módica será el director pastoral de la parroquia Nuestra Señora de Itatí del Decanato Berazategui.

El Presbítero Martín Lugones fue nombrado director pastoral de las parroquias Madre de Dios y Juan el Precursor, del Decanato Florencio Varela.

Fray Sergio Mendoza fue designado Administrador Parroquial de la parroquia Sagrado Corazón de Jesús del Decanato Quilmes Centro.
 
Pedimos a la Virgen Santa por estos hermanos, sus nuevos servicios pastorales y las comunidades que se les confía para seguir caminando juntos.

Compartimos el video mensaje con el saludo del Padre Obispo Carlos José Tissera, de la Diócesis de Quilmes, y del Padre Eduardo Gonzalo Redondo, Obispo Auxiliar electo de Quilmes.

¡Muy feliz Navidad!

MENSAJE DE NAVIDAD 2022

“No teman, porque les traigo una buena noticia, una gran alegría para todo el pueblo” (Lc. 2, 10)

Hermanas y hermanos:

¡Feliz Navidad!

El anuncio del ángel a los pastores de Belén es una invitación a la alegría. El Mesías anunciado por los profetas ha nacido. Él es el Rey de la paz. Es la manifestación clara del amor de Dios que nunca abandona. El Hijo de Dios, la Palabra que existe desde siempre, se hizo carne, para cumplir una misión: liberarnos del pecado y de la muerte.

La alegría es fruto del amor. “Y esto les servirá de señal: encontrarán a un niño recién nacido envuelto en pañales y acostado en un pesebre” (v. 12) El amor, la ternura que despierta un niño en el corazón humano es el camino que Dios elige para abrazarnos con su perdón. Ese niño es la señal. La señal de que Dios se hace pequeño, el último de todos, para despojarnos de la soberbia, el orgullo, la omnipotencia, el egoísmo, que nos encierran en oscura soledad. Ese niño viene a restablecer la unión del hombre con Dios, viene a realizar la paz por el camino del perdón que nos ofrece. Sabernos perdonados, amados de esa manera tan sencilla y fuerte a la vez, nos libera de toda tristeza, de toda muerte interior, y hace brotar desde lo hondo de nuestro ser la alegría. Esa alegría que no se compra, no se gana, sino que es puro regalo de Dios. Contemplar con los ojos de la fe ese Niño del pesebre es la puerta que se abre para que la luz ilumine nuestra tiniebla. Nuestra vida queda inundada por esa alegría. La paz que irradia ese Niño que duerme plácidamente junto a su Madre, San José y los ocasionales animales que le dan calor de hogar, es el gran regalo.

De esa fuente de amor, que es Dios mismo viviendo con nosotros, nacen muchos bienes. Bienes que no se contabilizan, no se cotizan. Bienes que llenan de vida, de gozo interior, de ganas de vivir. Son los valores que nos humanizan, nos hermanan con los demás, con la naturaleza, con nuestra Casa Común. Desde la humildad del pesebre todos descubrimos que es mucho más lo que nos une que lo que nos separa. Nos viene bien recordar a un santo que por su iniciativa renovó profundamente la vida de la Iglesia, convocando hace ya sesenta años el Concilio Vaticano II, el Papa San Juan XXIII, “Juan el bueno” como lo llamó el pueblo. Dijo en ese tiempo: “La Providencia me tomó de mi pueblo natal y me hizo recorrer los caminos del mundo en Oriente y Occidente junto a gentes de religiones e ideologías distintas, preocupado siempre más de lo que une que de lo que separa y provoca contrastes”. Qué hermosa enseñanza para hoy: preocuparnos más de lo que une que de lo que separa.

En este sentido, la alegría que vivimos los argentinos en esta semana, luego de que el Seleccionado de Fútbol se consagró Campeón del mundo, nos ha demostrado que hay cosas que nos unen, no sólo el deporte, sino el sentido de la fiesta, de la fraternidad, de la solidaridad, de celebrar en familia. Son pequeñas grandes cosas que están vivas, que la ocasión de ganar un campeonato mundial de fútbol hace que florezcan y se expresen. Es más lo que nos une que lo que nos separa. Sabernos parte de un pueblo que espera, que lucha cada día por más dignidad, que soporta pacientemente muchas privaciones e injusticias, pero que no baja los brazos. Ese pueblo supo ver en ese puñado de jóvenes futbolistas, los valores que aprecia: la unidad, el trabajar juntos, la superación de las dificultades, la alegría de la amistad, el amor al deporte, la sencillez, el compañerismo y tantos otros valores apreciados por todos. Saquemos provecho de esta alegría futbolera para nuestra vida cotidiana, para nuestra vida ciudadana, para nuestras instituciones y sus dirigencias, para encontrar juntos mejores caminos de justicia y dignidad para nuestro pueblo.

Próximos a la Navidad y al Nuevo Año que comienza, queremos tener los mismos deseos que el Papa Francisco expresa en su Mensaje para la próxima 56ª-Jornada Mundial de la Paz:

“Estamos llamados a afrontar los retos de nuestro mundo con responsabilidad y compasión. Debemos retomar la cuestión de garantizar la sanidad pública para todos; promover acciones de paz para poner fin a los conflictos y guerras que siguen generando víctimas y pobreza; cuidar de forma conjunta nuestra casa común y aplicar medidas claras y eficaces para hacer frente al cambio climático; luchar contra el virus de la desigualdad y garantizar la alimentación y un trabajo digno para todos, apoyando a quienes ni siquiera tienen un salario mínimo y atraviesan grandes dificultades. El escándalo de los pueblos hambrientos nos duele. Hemos de desarrollar, con políticas adecuadas, la acogida y la integración, especialmente de los migrantes y de los que viven como descartados en nuestras sociedades. Sólo invirtiendo en estas situaciones, con un deseo altruista inspirado por el amor infinito y misericordioso de Dios, podremos construir un mundo nuevo y ayudar a edificar el Reino de Dios, que es un Reino de amor, de justicia y de paz”.

Hermanas y hermanos:

en este Navidad, como Iglesia de Quilmes, nos alegramos por el regalo del nuevo obispo auxiliar, el P. Eduardo Redondo. Ya se ha encontrado con los sacerdotes y está en Argentina, todavía terminando su labor de rector del Seminario de Huancayo, Perú, vía internet. Luego de realizar sus ejercicios espirituales al inicio del año, será ordenado Obispo el viernes 17 de febrero, en la Catedral, a las 19 horas. Recemos por él y su ministerio. Se une a este saludo de Navidad para todos ustedes, familiares y amigos.

¡Feliz Navidad! ¡Feliz Año Nuevo!

+ Carlos José Tissera
Obispo de Quilmes

Quilmes, 21 de diciembre de 2022.

HOMILIA DEL TERCER DOMINGO DE ADVIENTO
Parroquia Sagrado Corazón de Jesús
Entrega de la misma por parte de los SIERVOS DE MARÍA

Domingo 11 de diciembre de 2022

Hermanas y hermanos:

En este tercer domingo de Adviento, nos alegramos ante la proximidad de la Navidad. El evangelio nos presenta a Juan el Bautista que está preso, corriendo la suerte de todos los profetas, perseguido por haber denunciado la corrupción del reinado de Herodes. Enterado de las obras de Jesús, un tanto desconcertado por lo que oye decir, manda a sus discípulos a preguntar a Jesús si es él el Mesías esperado, o hay que esperar a otro. No se ha presentado Jesús como el Dios que hace justicia con todo su poder, aniquilando a los corruptos, sino que se ha mostrado cercano a los enfermos, a los ciegos y paralíticos, curándolos y devolviendo la vida a los muertos. Se junta con los publicanos y pecadores, invitándolos a la conversión. Éstas son las obras que Jesús realiza y manda a que se lo cuenten a Juan Bautista. Jesús viene a cumplir las profecías también, revelando el corazón misericordioso de Dios, que viene a buscar lo que estaba perdido.

Luego Jesús elogia a la persona de Juan diciendo que es el más grande de los nacidos de mujer. Sin embargo, agrega, el más pequeño del reino de los Cielos es más grande que Juan. También éste necesitará del Mesías para entrar en el Reino de Dios.

Con el corazón centrado en Jesús que viene en cada persona necesitada de amor y de cercanía, nos aprestamos a iniciar muy pronto la novena de Navidad. Ya vamos preparando en nuestras casas, en nuestros templos el pesebre para celebrar este gran misterio del amor de Dios, manifestado en Jesús niño.

En esta Misa también queremos unirnos en la acción de gracias por todos los años que la Orden de los Siervos de María han estado en esta Diócesis de Quilmes. Como ya sabemos, el año pasado, por medio de su superior provincial, Fray Marcelo, se nos comunicó que a fin de este año la Orden se ausentaría de la Diócesis y, por tanto, entregaría esta Parroquia del Sagrado Corazón de Jesús que se les confió en 1939. Naturalmente, tanto para ellos como para todos nosotros, es una noticia que nunca hubiéramos querido tener, pero lamentablemente la carencia de miembros de la Orden ha llevado a redimensionar sus servicios en América, y una de las decisiones ha sido retirarse de este lugar para fortalecer otras comunidades.

Son muchos años de trabajo pastoral que ha dado tantos frutos en este Quilmes Oeste. Remontándonos en el tiempo, desde fines de mil ochocientos, esta parte de la ciudad fue creciendo de manera exponencial, conocida con el nombre de “La Colonia”. El establecimiento de la cervecería y de otras industrias en años siguientes, hizo que gran cantidad de familias se radicaran en la zona, muchas de ellas inmigrantes europeos.

La parroquia de la Inmaculada Concepción, hoy Catedral, ya había establecido una pequeña capilla junto a la calle Calchaquí, que se llamó “Nuestra Señora de Lourdes”; funcionaba en el Colegio Niño Obrero, chacra de Doña Carolina Senillosa de Harilaos, la madre de Adelia María Harilaos de Olmos, la donante de todo lo que vemos en las manzanas donde está el actual Santuario de Lourdes.

El poblado en estas cuadras junto al ferrocarril se había hecho muy denso. Cuenta la historia que en 1911, los domingos se celebraba Misa en casa de la familia Maggi, en calle Baranda entre Pellegrini y Entre Ríos. Luego, entre 1913 y 1914, en la casa de la familia Cairo, en calle 12 de octubre y Bernardo de Irigoyen. Alrededor de 1913, se empezó a celebrar la Misa en un galpón de madera y cinc, propiedad de la familia ladrillera de Miguel Onetto, ubicado en este lugar que ocupa el templo parroquial.

El P. Ángel Banfi, teniente cura de la parroquia Inmaculada Concepción, desde 1922 se abocó a construir el templo del Sagrado Corazón de Jesús. El párroco era el Pbro. Bruzzone. El 22 de marzo de 1925 se consagró el templo. Fue sede de la Conferencia Vicentina del Sagrado Corazón, época en que se hermoseó el templo con el techado, el armonio, imágenes del via crucis y de los santos. La señora Luisa G. de Borro donó el altar mayor con la imagen del Sagrado Corazón.

En el año 1939, el arzobispo de la Plata, Mons. Juan Chimento, creó la Parroquia del Sagrado Corazón de Jesús. Debido a la escasez de clero existente en la Arquidiócesis, se confía la atención pastoral a los Padres de la Orden de los Siervos de María. El 4 de junio de 1939 toman posesión de la casa y de la Iglesia del Sagrado Corazón.

La primera comunidad estaba integrada por el P. Damián Spagnolo, como superior y párroco, quien había llegado a la Argentina en 1937, destinado a la parroquia de Avellaneda (Santa Fe). Fue párroco hasta 1941. Luego fueron varios los sucesores: P. Alfredo Segafredo, P. Mario Zanella, P. Domingo Polo, P. Alejando Belló, P. Antonio Picco, P. Agustín Poier, P. Roberto Braida, P. Antonio Picco, P. Benito Moresco, P. Agustín Poier, P. Benito Moresco, P. Agustín Poier y P. Sergio Mendoza. Todos ellos acompañado por otros sacerdotes y hermanos.

Es momento para recordar a todos ellos y agradecerles de corazón por sus vidas entregadas por el Reino.

Fray Marcelo Henríquez Trujillo osm, en nombre de la diócesis de Quilmes, deseo agradecer a la Orden de los Siervos de María la gran obra que han realizado en este lugar durante tantas décadas. El servicio en la obra evangelizadora potenció el desarrollo integral de toda esta zona de Quilmes Oeste, concretada en la creación de tantos centros misioneros, capillas, centros vecinales y tantas instituciones inspiradas en los valores del evangelio, principalmente el Colegio Felipe Benizi, hoy propiedad de nuestro Obispado. En ese establecimiento educativo muchas generaciones se formaron bajo la guía de los sacerdotes y hermanos de la Orden de los Servitas.

Personalmente, quiero expresar mi sentido agradecimiento al P. Agustín Poier, por estar hoy presente. Su testimonio sacerdotal ha hecho mucho bien a esta Comunidad y a nuestra diócesis. Junto con vos, P. Agustín, quiero hacer memoria de esos grandes sacerdotes italianos que han dejado una huella imborrable en todas las familias de la zona: especialmente el P. Benito Moresco y el P. Antonio Picco, recientemente fallecido. A ellos, y a todos los miembros de la Orden ya fallecidos, Dios les regale la gloria del Cielo.

A todos ustedes, queridos Padres y Hermanos de la Orden de los Siervos de María, nuestro agradecimiento profundo, y el deseo de que su misión evangelizadora sea muy fructífera en esta querida América Latina y en todo el mundo.

A ustedes, fieles de la Parroquia del Sagrado Corazón, quiero decirles que no quedan huérfanos. La diócesis de Quilmes asumirá la responsabilidad de la conducción pastoral de la parroquia a partir del 1° de enero de 2023. En un decreto que firmaré en los próximos días, nombraré administrador parroquial al P. Sergio Mendoza, quien ha pedido estar fuera de la Orden por un año, y con gusto le confiaré la atención pastoral de la Parroquia, acompañado por los diáconos Alberto Mansilla y Guilllermo Bizín.

Que el Sagrado Corazón, Nuestra Señora de los Dolores, San José y San Mauro nos bendigan y acompañen siempre.

+ Carlos José Tissera
Obispo de Quilmes

HOMILIA DE LA MISA DE ORDENACIÓN SACERDOTAL
Diácono Roberto Wright
Catedral de Quilmes, viernes 9 de diciembre de 2022

Hermanas y hermanos:

El evangelio de Juan nos ha llevado a un amanecer a orillas del mar de Tiberías. Jesús resucitado se aparece caminando a la orilla, y grita a los discípulos que están en la barca, pidiéndoles algo para comer. Ellos no habían pescado nada durante toda la noche. Les manda a tirar las redes y la pesca fue abundante. Allí reconocieron que era el Señor. Jesús los esperó en la playa con la comida preparada. Él mismo es la comida para la comunidad creyente. Nuestro trabajo, nuestra pesca, se alimenta de la comida que Él nos prepara. La eucaristía se sustenta con la misión, y la misión con la Eucaristía.

Cuando todos comieron, Jesús interpela a Pedro. Desde aquellas negaciones durante la pasión no se había dirigido a él. ¿Me amas más que éstos? La pregunta es repetida tres veces, con algunas modificaciones. Imposible no recordar las tres negaciones de Pedro. Pero ese doloroso recuerdo no le impide manifestarle a Jesús todo su amor, que le brota desde lo hondo del alma. Jesús le está confiando apacentar a corderos y ovejas, pequeños y grandes. Es el Buen Pastor que “da la vida por las ovejas”. Y Pedro, hombre sin vueltas, de corazón le dice: “Señor, tú lo sabes todo, tú sabes que te quiero”. Las ovejas son de Jesús, y para pastorearlas Pedro tendrá que hacer el mismo camino del don de su vida por los demás. Sólo el amor da la posibilidad de “pastorear”, sólo el amor hace posible seguir a Jesús. ¡Qué bello fue ese amanecer junto al mar de Tiberíades! ¡Qué bello ese encuentro del Resucitado con sus discípulos!

Hoy también celebramos este encuentro con Dios. ¡Te alabamos Padre Santo, porque por Jesucristo, con la fuerza del Espíritu Santo, das vida y santificas todo, y congregas a tu pueblo sin cesar, para que ofrezca en tu honor un sacrificio sin mancha, desde donde sale el sol hasta el ocaso!

Traemos al corazón esa escena del Resucitado en la playa con sus discípulos; era un amanecer…

El lunes pasado, Roberto, cuando en el Obispado hiciste tu Profesión de fe y realizaste el Juramente de fidelidad, nos hiciste un bello comentario que me permito compartir acá. Nos contaste que esa mañana temprano, cuando estabas en tu casa, solo, tomando unos mates, saboreando el momento hermoso que ibas a vivir ese lunes y este viernes de la Ordenación, recordaste otro momento muy parecido, el 11 de julio de 1981: el día de tu casamiento con Perla Noemí. Dos momentos cargados de profunda emoción, pero a la vez de una gran paz e iluminación interior. Dos amaneceres plenos de luz y de amor. Presencias del Resucitado que pregunta: “¿Roberto: me amas?” Todo es cuestión de amor, la gran vocación.

A partir de aquel primer llamado a la vida matrimonial se fueron tejiendo tantos sí a la vida hecha de a dos, en mutua entrega, siguiendo al Maestro en el servicio del trabajo diario y a las Comunidades bajo el cuidado de Nuestra Señora de la Medalla Milagrosa, acompañados por quien ha sido padre y pastor en tu vida, el P. Miguel Hrymacz. De ese amor matrimonial nacieron estos hijos que te acompañan: Noelia, Roberto, Esteban, María de los Ángeles y Alejo. Perla fue forjando en vos un amor de hombre que se brinda entero, y tus hijos te modelaron como padre providente y trabajador fiel, sacrificado y responsable. Eran muchas bocas para alimentar. Las Comunidades Eclesiales de Base plasmaron en vos la personalidad de un laico enamorado de la Palabra de Dios, participativo y corresponsable de la evangelización en el barrio, con una sensibilidad evangélica para con los más pobres y marginados. En tus lugares de trabajo supiste ganarte el respeto y aprecio de tus compañeros y superiores, siendo generoso en compartir tus dones con creatividad.

Hubo otro llamado muy fuerte al servicio: el diaconado permanente que asumiste siendo un joven esposo y padre de familia. Varias veces comentaste la inquietud que te causó la conversación que tuviste con el P. Santiago O´Farrell, director de la Escuela de Ministerios, quien te dijo que había que pedir permiso a Roma para ordenarte antes de cumplir tus 35 años. Los años han pasado. Mucha vida y mucho amor vivido; con alegrías intensas, y también dolores profundos.

Hoy el Señor te pregunta nuevamente “¿Roberto, me amas?”. También la respuesta será: “Señor, tú lo sabes todo, tú sabes que te quiero”. El Resucitado, luego de esta respuesta de Pedro, le habla del estilo del pastoreo al que es llamado. El don de sí mismo. “Cuando eras joven, tú mismo te vestías e ibas dónde querías. Pero cuando seas viejo, extenderás tus brazos, y otro te atará y te llevará a donde no quieras”. A esta realidad del ministerio hace referencia la primera lectura de hoy, la segunda carta de San Pablo a los Corintios (2 Cor. 4, 5.7)

“Porque no nos predicamos a nosotros mismos, sino a Cristo Jesús, el Señor, y nosotros no somos más que servidores de ustedes por amor de Jesús”

“Pero nosotros llevamos ese tesoro en recipientes de barro, para que se vea bien que este poder extraordinario no procede de nosotros, sino de Dios”


El modelo de ministro, de servidor que Pablo propone, es Jesús, que no vino a ser servido sino a servir. El misterio de la Pascua de Jesús se realiza en la existencia ministerial. Ser ministro será sufrir con Jesús, llevar sus llagas grabadas en nuestro ser, será morir con Él dando la vida.

El ritual de Ordenación irá explicitando con elocuentes palabras y bellas imágenes en qué consiste el ministerio presbiteral. Las gustaremos con profunda unción espiritual.

Quiero traer aquí el recuerdo y la palabra de nuestro primer pastor, el Padre Obispo Jorge Novak, quien te ordenó diácono. Es parte de una carta pastoral en la que relata la experiencia vivida en 1985, antes del conocido momento de su enfermedad que lo dejó postrado por varios meses, y que fue escrita al año de esos acontecimientos:

“En agosto de 1985 recorrí durante la semana varias comunidades que en junio habían sido víctimas de la terrible inundación que todos recordamos. El domingo 25 por la tarde, pasé en dos capillas mi última jornada intensa. Ignoraba entonces que en contados días quedaría, aunque en forma transitoria, totalmente discapacitado.

Pasé horas imborrables la tarde de ese día del Señor. Las recientes lluvias hacían difícilmente transitables las “veredas” y apenas se podía dar con algún lugar por donde cruzar las calles. Compartí, con las familias que acudieron a los dos centros de oración, la Eucaristía, los alimentos, la vida. Una vida compenetrada de angustias, en la que la Iglesia aparecía en su plena y cabal misión de humilde servidora.

Al llegar al pavimento me insistieron a entrar en una casa, para limpiar mis zapatos, a los que el barro se había pegado abundantemente. Mientras circulaba el mate, me dejaron en perfectas condiciones el calzado. Era medianoche cuando, en Camino Belgrano, totalmente a oscuras, tomé el colectivo para ir a Quilmes a descansar.

No me costó mucho, mientras repasaba esa tarde y las similares del mes de agosto, sacar un par de conclusiones. Me decía: “yo siento el agua y el barro y las emanaciones malolientes de curtiembres y otras industrias de vez en cuando. Esos hermanos sufren en forma permanente estos inconvenientes. ¿Quién se acuerda de ellos en forma seria? ¿Quién se acerca para promover en forma seria la dignidad de hijos de Dios que palpita en el buen corazón de estos vecinos?

Si el Señor me hubiera llamado pocos días después, dando por terminado mi ministerio episcopal, no habría dejado de alegrarme el hecho de pasar el último domingo, en plenitud de fuerzas, con los hermanos que tanto han sufrido y siguen sufriendo. Pero no habría sido menos cierto que por el par de zapatos embarrados que yo presentaba tímidamente y filialmente al Padre Dios, Él me habría desviado la vista a miles y miles de pies que se cubren continuamente de polvo o de barro al salir de su casa y al volver a ella. Son los pies del trabajador camino a su fábrica; los del niño y adolescente rumbo a la escuela; los de las mamás que enderezan sus pasos a cumplir tareas domésticas para poner sobre la mesa el pan que el marido imposibilitado de conseguir trabajo no llega a ganar para sus hijos.

¡Se impone constantemente el examen de conciencia! No basta una bella formulación de priorizar pastoralmente al pobre. ¡Hay que actuar con sencillez y humildad, pero también con urgencia y con valentía! Cobra actualidad la palabra profética: “Se te ha indicado, hombre, qué es lo bueno y qué exige de ti el Señor; nada más que practicar la justicia, amar la fidelidad y caminar humildemente con tu Dios” (Miq. 6, 8)
 (Carta pastoral, 25 de julio de 1986)

La canción que has elegido para cantar hoy, expresa esta realidad de entrega generosa, como la de Jesús: “Hay que saber que por tu Cruz se vive una vida mejor; pero, Señor, cómo nos cuesta creerlo con el corazón”.

Hoy la Iglesia de Quilmes está de fiesta. Un nuevo sacerdote se une a nuestro Presbiterio. Tus hermanos curas te reciben gozosos. Los compañeros del largo camino diaconal están profundamente alegres y agradecidos al Señor, porque en esta gran familia diaconal te has formado para ser hoy quien ofrezca en nombre del pueblo el Sacrificio de Cristo, y puedas ser en medio nuestro ministro de la reconciliación.

Pero toda esta hermosa realidad tuvo un pequeño gran origen: la fuente bautismal. Aquí está con nosotros quien te trajo al mundo y te presentó a la Iglesia pidiendo seas bautizado: tu querida mamá, Casimira Gómez. Ella te transmitió, con su cariño materno y su fe profunda, la esencia del Evangelio. ¡Gracias Casimira!

¡Gracias Padre Obispo Luis por tu presencia y tu oración! ¡Gracias Padre Obispo Juan Carlos! Gracias a todos los diáconos y a los sacerdotes presentes. Gracias al equipo de formadores del Seminario y a todos los seminaristas, compañeros de camino de Roberto.

Gracias Padre Miguel Hrymacz, porque tu discernimiento inicial en este nuevo llamado de Roberto ha sido fundamental. A todas las hermanas y hermanos de las Comunidades de la Parroquia de la Medalla Milagrosa. Gracias a los sacerdotes que te acompañaron últimamente y al Padre Lucio que está compartiendo con Roberto el servicio pastoral en la Parroquia Nuestra Señora de Luján, de Zeballos, donde iniciarás tu ministerio sacerdotal.

Querido Roberto: hoy es el día de San Juan Diego, a quien la Virgen se le manifestó en el Tepeyac, Nuestra Señora de Guadalupe. Estas fueron sus palabras a este humilde hombre; también son para vos:

“Hijo mío el más pequeño, sabe y ten entendido que yo soy la siempre Virgen María, la Madre del verdadero Dios por quien se vive (…) No se turbe tu corazón ni te inquiete cosa alguna. ¿No estoy yo aquí que soy tu Madre? ¿No estás bajo mi sombra? ¿No estás, por ventura, en mi regazo?

Que la Virgen Madre te cuide.

+ Carlos José Tissera
Obispo de Quilmes

Catedral, jueves 8 de diciembre de 2022

Hermanas y hermanos:

La Palabra de Dios ilumina el misterio que celebramos. La “llena de gracia”, en vistas a los méritos de la redención de Jesús, su hijo, fue concebida en el seno de su madre sin el pecado original que todos heredamos. De esta manera Dios elige y prepara esta joven de Nazaret para ser digna morada de Dios hecho hombre.

El pueblo cristiano guarda en su corazón los más puros y profundos sentimientos de amor para la Madre de Dios; la contempla tan bella y pura provocando que en su honor se hayan realizado tantas obras de arte, que es el modo que el ser humano tiene para expresar sus experiencias y vivencias más hondas y espirituales. Así encontramos bellísimas pinturas, imágenes, esculturas, obras musicales, danzas creadas en honor de la Virgen.

A ella acude el pueblo cristiano en sus días de alegría y de gloria, como también en las noches de tristeza y dolor. Los santuarios de la Virgen son la expresión más patente del amor de Dios por su pueblo hecho ternura en María siempre Virgen, y cabal manifestación del amor humilde y profundo del pueblo a la Virgen concebida sin pecado original, pidiéndole que Ella ruegue por nosotros pecadores.

Ese pueblo creyente, modelado en su fe por obra y gracia del Espíritu Santo, es el que va ahondando su vivencia del misterio cristiano, y en esa realidad se funda la Iglesia para proclamar, en este caso, el dogma de la concepción inmaculada de María, en 1854.

En nuestra tierra argentina, a poco de llegar los primeros misioneros, algunas imágenes de la Inmaculada Concepción sostuvieron la fe del ese pueblo cristiano: en Catamarca la Virgen del Valle, en Corrientes la Virgen de Itatí, y muy cerca de nosotros, en 1630, la Virgen de Luján.

Hoy queremos honrar a María, rodearla de nuestro cariño de hijos e hijas, suplicándole por toda nuestra Iglesia diocesana. Dándole gracias por tantos beneficios espirituales. Queremos agradecerle la ayuda que nos brindará en nuestro servicio pastoral el P. Eduardo Gonzalo Redondo, obispo auxiliar electo.

Hoy queremos traerle a la Virgen Madre las necesidades de nuestro pueblo que peregrina en esta porción de la Iglesia. Confiarle a ella nuestro Camino Sinodal, para poder llevar la alegría del Evangelio a nuestras hermanas y hermanos de estos tres distritos de Quilmes, Florencio Varela y Berazategui, con el estilo de Jesús.

Por eso, los invito a todos a hacer esta oración a la Virgen, parafraseando la plegaria que hoy le dirigió el Papa Francisco en Roma:

Madre nuestra Inmaculada,
Hoy el pueblo de Quilmes se reúne en torno a ti.
Las flores puestas ante ti, por tantas realidades de la ciudad,
expresan su amor y devoción por ti,
que velas por todos nosotros.

Y también ves y acoges esas flores invisibles
que son tantas invocaciones, tantas súplicas silenciosas,
a veces, sofocadas, ocultas, pero no para ti que eres Madre.
Después de hacerlo por dos años con algunas restricciones,
debido a la pandemia,
te traigo las súplicas de todos tus hijos, cercanos y lejanos.

Tú, desde el Cielo, donde Dios te ha recibido,
ves las cosas de la tierra mucho mejor que nosotros.
Pero como Madre, escuchas nuestras invocaciones
para presentárselas a tu Hijo, a su Corazón lleno de misericordia.

En primer lugar, te traigo el amor filial de innumerables hombres y mujeres,
no sólo cristianos, que te tienen una gran gratitud, por tu belleza,
toda gracia y humildad. Porque en medio de tantas nubes escuras,
tu eres un signo de esperanza y consuelo.

Te traigo la sonrisa de los niños, que aprenden tu nombre delante de tu imagen,
en brazos de sus padres y abuelas; y empiezan a conocer que tienen una Madre en el Cielo.
Y cuando en la vida sucede que esas sonrisas dan paso a las lágrimas,
qué importante es haberte conocido, haber tenido el don de tu maternidad.

Te traigo la gratitud de los mayores y los ancianos. Una gratitud acorde con sus vidas,
tejidas de recuerdos, alegrías y dolores. De logros que saben bien que los han conseguido
con tu ayuda; sosteniendo sus manos en la tuya.

Madre, te traigo las preocupaciones de las familias,
de padres y madres que, a menudo, luchan para llegar a fin de mes en casa,
y afrontan, día a día, pequeños y grandes desafíos para salir adelante.

En particular, te confío a las parejas jóvenes,
para que mirándote a ti y a San José,
afronten la vida con valentía, confiando en la providencia de Dios.

Te traigo los sueños y las ansias de los jóvenes, abiertos al futuro,
pero frenados por una cultura rica en cosas pero pobre en valores.
Una cultura saturada de información y deficiente en educación;
persuasiva en engañar y despiadada al decepcionar.
Te encomiendo especialmente a los jóvenes, los más afectados por la pandemia,
para que puedan reanudar lentamente, agitar y desplegar sus alas,
y redescubrir el sabor de volar alto.

Virgen Inmaculada, hoy hubiera gustado traerte la acción de gracias del pueblo ucraniano.
Pero debo presentarte, en cambio, la súplica de los niños, de los ancianos,
de los padres y de las madres,
de los jóvenes de esa tierra martirizada, que sufre tanto.
En verdad, todos sabemos que tu estas con todos los que sufren,
así como estuviste junto a la cruz de tu Hijo.

¡Gracias Madre nuestra!
Mirándote a ti, que estás libre de pecado,
que podamos seguir creyendo y esperando.
Que sobre el odio prevalezca el amor.
Que sobre la mentira prevalezca la verdad.
Que sobre la ofensa prevalezca el perdón.
Que sobre la guerra prevalezca la paz.
Así sea.

+ Carlos José Tissera
Obispo de Quilmes

El Obispo de Quilmes, Carlos José Tissera, ordenará Presbítero al Diácono Roberto Wright el viernes 09 de diciembre en la Iglesia Catedral de Quilmes (Rivadavia 355, Quilmes Centro). La celebración será a las 20.00 (y no a las 19.00, como se dijo en un primer momento) , y se transmitirá en directo por Youtube.com/DiocesisQuilmesOficial

El lema de ordenación sacerdotal será «Señor, tú lo sabes todo, tú sabes que te quiero». Las primeras misas como sacerdote las presidirá el sábado 10 de diciembre a las 18.00 en la Comunidad «Nuestra Señora de Luján» (Diagonal Gral. Güemes y Senzabello, Florencio Varela) y el domingo 11 en la Parroquia «Nuestra Señora de Luján» (Av. Gral. Juan Domingo Perdón 1918, Zeballos).

Luego del fallecimiento de su esposa, Roberto inició su discernimiento y su formación para el presbiterado. Como Diácono Permanente desarrolla su servicio pastoral en la parroquia Nuestra Señora de Luján de Zeballos, junto con el Presbítero Lucio Carvalho Rodrigues, y antes acompañó durante un tiempo prologando la comunidad parroquial Inmaculada Concepción de la Medalla Milagrosa de Florencio Varela, y también la parroquia Nuestra Señora de Luján de Villa España.

¡Es una noticia que llena de alegría a la Diócesis de Quilmes! Rezamos por el futuro sacerdote, por las vocaciones y por quienes se encuentran en el camino de formación.

La Diócesis de Quilmes se preparara para vivir la fiesta de su Patrona, la Inmaculada Concepción, el próximo jueves 08 de diciembre. «Caminemos juntos con María Inmaculada» es el lema de que acompaña esta celebración y los preparativos.

El jueves 08 de diciembre en la Catedral de Quilmes habrá Adoración al Santísimo de 08.00 a 13.00 y la Misa Central será a las 19.00, presidida por el Padre Obispo Carlos Tissera. Luego de la misa se realizará procesión por las calles: Se invita a llevar velas.

Desde el 29 de noviembre se realiza la novena de preparación y todos los días se pone una intención particular: por los novios, por las familias, por los niños, por los adultos mayores, por los jóvenes, por los matrimonios, por las personas que están solas, por los que acompañan enfermos y por la unidad de los cristianos.

Hasta el 07 de diciembre, todos los días a las 7.30 se rezará el Rosario en el atrio de la catedral, a las 18.00 se hará Adoración al Santísimo, a las 19.00 la Misa y a las 20.00, espectáculos artísticos en el atrio según el siguiente orden:
* Viernes 02: el Dúo Miglio Barbo – Ballet Sayani
* Sábado 03: Bandas Católicas: Ruah – Andrés Castellano RPR Rap
* Domingo 04: Ballet de la Casa Paraguaya de Quilmes – Ballet Itapúa Poty
* Lunes 05: Danza Española – Ballet Almerías – Jorge Gaitán (Guitarrista), y 
* Martes 06: Colectividad Boliviana – Tango Danza Alumnos de Juan Carlos Cantero.

Toda la Diócesis de Quilmes está invitada a sumarse a estos festejos.

HOMILIA DE LA MISA DE ORDENACIÓN DE DIÁCONOS
Catedral de Quilmes – Lunes 21 de noviembre de 2022

Hermanas y hermanos:

Jesús, durante la última cena de su vida, a pocas horas de su pasión y muerte, da las instrucciones para que sus discípulos puedan vivir en el mundo sin pertenecerle, poniendo en práctica la originalidad de la enseñanza del maestro.

Él ama a sus discípulos como el Padre lo ama a él. La intimidad entre el Padre y el Hijo se refleja en el amor de Jesús para con sus seguidores. Por eso la invitación: “permanezcan en mi amor”, como los sarmientos unidos a la vida, alimentados por la misma savia.

La manera de permanecer en él, de mantenerse en su amor, es cumplir concretamente sus mandamientos. Y él mismo da el ejemplo: cumple los mandamientos del Padre. Ha venido para liberarnos de las ataduras del mal y enseñarnos un camino de amor para llegar a ser hijos e hijas de Dios, y esto le costará la vida. De este modo ha manifestado el amor al Padre. Horas después, en el huerto de Getsemaní, dirá «Padre, si quieres, aleja de mí este cáliz. Pero que no se haga mi voluntad, sino la tuya» (Lc. 22, 42)

El discípulo hará el mismo camino, cumpliendo el mandamiento de Jesús: “Si cumplen mis mandamientos, permanecerán en mi amor. como yo cumplí los mandamientos de mi Padre y permanezco en su amor” (Jn. 15, 10)

Anteriormente, los dos mandamientos que constituían el resumen de toda la Ley y los Profetas eran: “amarás al Señor tu Dios, con todo tu corazón, con toda tu alma, con toda tu fuerza y con todo tu espíritu; y a tu prójimo como a ti mismo”.

Ahora Jesús no pide nada para Dios. El mandato de Jesús, la esencia de su proyecto de nueva humanidad, será el amor recíproco entre todos: “Ámense”. Los discípulos tendrán que hacer un proceso de conversión, liberarse del instinto de poder que los llevaba a luchar por los primeros puestos, y abandonar las peleas y la competencia, centrados sólo en el propio interés. “Ámense”: como compromiso de buscar siempre el bien del otro, en la forma que los distintos momentos y necesidades lo requieran. Y la medida del amor al prójimo no es más “como a ti mismo”, que ya era una medida muy exigente, porque significaba ofrecer a los demás el mismo cuidado con que cuidamos nuestra integridad, nuestro bienestar, nuestra vida y nuestra familia. La nueva medida es Él, es su amor para con nosotros: “Como yo los he amado”. Pide que seamos como él, amándonos como él nos amó, con un amor gratuito, universal y total, sin ninguna discriminación. Y lo exige con la fuerza de un mandamiento: “Lo que yo les mando”. Esa será la manera auténtica de amarse a uno mismo, realizando en el amor al otro su plena humanización. Jesús, el hijo de Dios, seguirá estando presente en el mundo a través de todos los discípulos que reproducirán su amor.

El Espíritu Santo que les hizo acordar a los apóstoles todas las enseñanzas de Jesús, cuando creció el número de los cristianos, vieron la necesidad de atender las mesas para tantas viudas y sus hijos, tantos pobres que se convertían al Evangelio. Para ello instituyeron a los primeros siete diáconos de la Iglesia naciente.

Son los que hacen presente en la comunidad a Cristo Diácono, o sea, servidor.

Leemos en la Constitución dogmática “Lumen Gentium”, del Concilio Vaticano II: “los diáconos reciben la imposición de las manos «no en orden al sacerdocio, sino en orden al ministerio». Así, confortados con la gracia sacramental, en comunión con el obispo y su presbítero, sirven al pueblo de Dios en el ministerio de la liturgia, de la palabra y de la caridad. Es oficio propio del diácono, según le fuere asignado por la autoridad competente, administrar solemnemente el bautismo, reservar y distribuir la Eucaristía, asistir al matrimonio y bendecirlo en nombre de la Iglesia, llevar el viático a los moribundos, leer la Sagrada Escritura a los fieles, instruir y exhortar al pueblo, presidir el culto y oración de los fieles, administrar los sacramentales, presidir el rito de los funerales y sepultura”. (LG, 29)

En el mismo documento el Concilio establece el diaconado como grado propio y permanente de la jerarquía.

También leemos en el Catecismo de la Iglesia Católica:

“Desde el Concilio Vaticano II, la Iglesia latina ha restablecido el diaconado «como un grado particular dentro de la jerarquía» (LG 29), mientras que las Iglesias de Oriente lo habían mantenido siempre. Este diaconado permanente, que puede ser conferido a hombres casados, constituye un enriquecimiento importante para la misión de la Iglesia. En efecto, es apropiado y útil que hombres que realizan en la Iglesia un ministerio verdaderamente diaconal, ya en la vida litúrgica y pastoral, ya en las obras sociales y caritativas, «sean fortalecidos por la imposición de las manos transmitida ya desde los Apóstoles y se unan más estrechamente al servicio del altar, para que cumplan con mayor eficacia su ministerio por la gracia sacramental del diaconado» (AG 16). (CIC N° 1571)

Cuando decía esto el Catecismo (año 1992), en nuestra Diócesis ya eran muchos los diáconos permanentes que habían sido ordenados por nuestro querido Padre Obispo Jorge Novak, pastor solícito y previsor, cuya preferencia estaba puesta en los más pobres y marginados.

A veinte años de la apertura del Concilio Vaticano II, en el discurso de apertura de la 2ª Sesión del Sínodo Diocesano, el Padre Obispo decía:

“Este primer Sínodo ha de incorporar en forma inequívoca a los diáconos permanentes, a los lectores y acólitos, a los animadores de comunidades a nuestra vida eclesial. Para comenzar es necesario insistir que no nos referimos a tales ministerios como si fueran transitoriamente una ayuda a los presbíteros, por el número insuficiente de éstos. El punto de partida de nuestro análisis pastoral no es un lamento de penuria, sino la gozosa constatación de una plenitud. Jesús, Siervo de Yahveh, y servidor de los suyos, ha provisto a su comunidad con una sobreabundante gracia de servicialidad” (Colegio San José, 20-09-82)

Hermanas y hermanos, tenemos la alegría hoy de ordenar diáconos a José María, Alejandro, Claudio, Mario y Manfredo (Fredy), en este tiempo de Camino Sinodal en nuestra Iglesia de Quilmes. El Señor sigue acompañando a su pueblo, suscitando a tantos y tantas que quieren servir en el crecimiento del Reino.

Hoy podemos decir que nuestra Iglesia particular se alegra al ver que estos hombres se deciden a solicitar el sagrado Orden del Diaconado, y la Iglesia los acepta y por la imposición de las manos y la invocación del Espíritu son consagrados.

La entera entrega al Señor y su Iglesia supone también la generosidad de sus esposas, que libremente han expresado su total consentimiento para este servicio eclesial. Es de nobleza agradecer, en nombre de la comunidad cristiana, este gesto profundo de amor a Dios y a su pueblo. No sólo expresamos nuestra gratitud a las esposas, sino también a sus hijos que, privándose del legítimo tiempo que el papá les pudiera dispensar, consienten y respetan la decisión de él para seguir este llamado del Señor. A todos, Dios les bendiga y les recompense tanta generosidad. Tengan presente que Dios no se deja ganar en generosidad.

Agradezco al Instituto de Diáconos “San Lorenzo mártir”, al P. Marcelo y al equipo de formación que lo acompañan. Gracias a sus párrocos de origen y sus comunidades. Gracias a los párrocos y comunidades donde ellos han estado formándose pastoralmente.

Así también agradezco a tantas hermanas y hermanos de la Diócesis y de otros lugares, que hoy estamos aquí celebrando el amor de Dios que se hace servicio en las personas de estos cinco hombres.

Ante el llamado de Dios, la Virgen María respondió: “yo soy la servidora del Señor; que se cumpla en mí lo que has dicho” (Lc. 1, 38). A ejemplo de ella y por su intercesión, el Señor les conceda la gracia de ser humildes, valientes, dóciles, disponibles, de fe sólida y de amor intenso y generoso. Así sea.

+ Carlos José Tissera
Obispo de Quilmes