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TEDEUM 25 DE MAYO DE 2024
Iglesia Catedral de Quilmes

Intendenta Municipal
Sres. Legisladores
Sres. Concejales
Autoridades del Poder Judicial
Hermanas y hermanos de otras confesiones cristianas
Autoridades Militares y Policiales
Representantes de las asociaciones intermedias 
Instituciones del Partido de Quilmes
Abanderados, Docentes y alumnos
Personas de los Medios de prensa
Sr. Cura Párroco

Hermanas y hermanos:

Se han abierto las puertas de esta Iglesia Catedral para recibirnos, respondiendo a la invitación que nos hace la Municipalidad de Quilmes. Venimos a dar gracias por los 214 años del nuestro primer gobierno patrio. 

Aquel 25 de mayo de 1810, una multitud se reunió en la plaza frente al Cabildo, para celebrar la defensa de la soberanía popular. Alentaban el gran ideal de ser libres e independientes. En toda América se iba acunando y encarnando en hombres y mujeres el gran ideal de la liberación del poder español. 

No sólo existieron los conocidos hombres de mayo. También hubo mujeres que se destacaron por su firme determinación de ser libres, a costa de muchos sacrificios y luchas, a veces incomprendidas. Entre tantas, nombremos a: 

María Remedios del Valle, nombrada la Madre de la Patria, afrodescendiente que luchó en las Invasiones Inglesas y, tras la Revolución de Mayo, auxilió al Ejército del Norte de Belgrano convirtiéndose en Capitana.

Juana Azurduy, que en 1809 participó del levantamiento en contra del poder del Virrey. Posteriormente estuvo al frente de un gran ejército miliciano compuesto por indias, mestizas y criollas.

María Magdalena “Macacha” Dámasa Güemes, hermana de Martín Miguel de Güemes, salteña que adhirió a la Revolución y fue parte de la gesta independentista.

Melchora Sarratea y Mariquita Sánchez de Thompson que brindaron sus casas y apoyaron la revolución. Y tantas otras, como Casilda Igarzábal de Rodríguez Peña, quien alojó al Partido de la Independencia.

En primer lugar, hoy venimos a “hacer memoria agradecida”. En este tiempo que vivimos, entre otras cosas, “se alienta una pérdida del sentido de la historia que disgrega todavía más. Se advierte la penetración cultural … donde la libertad humana pretende construirlo todo desde cero. Deja en pie únicamente la necesidad de consumir sin límites y la acentuación de muchas formas de individualismo sin contenidos” (FT 13) No nos dejemos robar el sentido de la historia.

 “Un modo eficaz de licuar la conciencia histórica, el pensamiento crítico, la lucha por la justicia y los caminos de integración es vaciar de sentido o manipular las grandes palabras. ¿Qué significan hoy algunas expresiones como democracia, libertad, justicia, unidad? Han sido manoseadas y desfiguradas para utilizarlas como instrumento de dominación, como títulos vacíos de contenido que pueden servir para justificar cualquier acción” (FT 14)

Decía nuestro arzobispo de Buenos Aires, el pasado 10 de diciembre: “Compartimos la creencia en un Dios liberador. Un Dios que nos quiere libres de la opresión, de la codicia y avaricia, de la injusticia y la inequidad, y de toda forma de violencia; un Dios que nos hace libres, sí, pero para ser más dignos y solidarios. Un Dios que, libres, nos impulsa a comprometernos especialmente con los que más sufren. Como dice el Papa Francisco: «la verdadera libertad se expresa plenamente en la caridad. No hay libertad sin amor (…) quien ha recibido el don de la liberación obrada por Dios no puede pensar que la libertad consiste en el estar lejos de los otros, sintiéndoles como molestia, no puede ver el ser humano encerrado en sí mismo, sino siempre incluido en una comunidad. La dimensión social es fundamental y nos permite mirar al bien y no sólo al interés privado»” (Audiencia general, 20/10/2021)

En segundo lugar, además de hacer una memoria agradecida, queremos abrazar este presente preocupante de la Patria con esperanza. Para ello, el camino es el que nos propone Jesús, en la parábola del buen samaritano: amar al prójimo. La pregunta del doctor de la Ley “¿Y quién es mi prójimo?” provocó que Jesús nos cuente tan bella y desafiante parábola. Ella es un ícono iluminador, capaz de poner de manifiesto la opción de fondo que debemos tomar para reconstruir esta patria que nos duele a todos. Nos muestra el camino a seguir. Jesús es el verdadero samaritano, el que abajó, el Dios que se conmovió y nos ha visto tirados al costado del camino, toca nuestra fragilidad, sana nuestras heridas, nos carga sobre sus hombros y se ocupa de cada uno. Jesús nos revela una característica esencial del ser humano, a veces olvidada: hemos sido hechos para la plenitud de ser, de amar. Por eso, no podemos vivir indiferentes ante el dolor, no podemos dejar que nadie quede a un costado de la vida, marginado de su dignidad. Esto nos debe indignar. El dolor humano nos debe alterar. La inclusión o la exclusión del herido al costado del camino define todos los proyectos económicos, políticos, sociales y religiosos. Todos enfrentamos cada día la opción de ser buenos samaritanos o indiferentes viajantes que pasan de largo.

El samaritano fue el que se hizo prójimo del judío herido (sabemos que los judíos despreciaban a los pertenecientes a Samaría). Para volverse cercano y presente, el samaritano atravesó todas las barreras culturales e históricas. La conclusión de Jesús es un pedido: “Tienes que ir y hacer lo mismo” (Lc. 10, 37). Es decir, nos interpela a dejar de lado toda diferencia y, ante el sufrimiento, volvernos cercanos a cualquiera. Entonces ya no digo que tengo prójimos a quienes debo ayudar, sino que me siento llamado a volverme yo un prójimo de los otros. (cfr. FT 81)

Hoy los argentinos vivimos momentos en que muchos van cayendo heridos al costado del camino: despidos en las fuentes de trabajo, sueldos por debajo de la línea de pobreza, la situación de las personas mayores no les alcanza para satisfacer sus necesidades básicas, la situación de los comedores comunitarios que no tienen alimentos suficientes. Sabemos que el deterioro de la vida social viene dándose de hace tiempo, pero es palpable que la crisis socioeconómica se ha agravado. En el mes de marzo, la Comisión Justicia y Paz de la Conferencia Episcopal Argentina expresaba: 

“Reiteramos que es urgente devolver a la política, su carácter de una de las «formas más preciosas de la caridad, porque busca el bien común» La acción política debe promover el cuidado de la vida, la dignidad humana, el trabajo digno para todas las personas y la eliminación del hambre y la exclusión. No hay verdadera libertad sin fraternidad, justicia social y paz. Expresamos nuestra preocupación al tiempo que reiteramos nuestra puesta al servicio incondicional para el desarrollo de los diálogos imprescindibles que permitan la construcción de los acuerdos necesarios para el desarrollo de una Argentina inclusiva, próspera y en paz”

El camino que el Evangelio nos sugiere es el camino de la fraternidad, el de valorizar los lazos de fraternidad, y no el tan conocido “sálvese quien pueda”. Todos estamos en la misma barca. Por eso, también en este tiempo nos expresamos los obispos que somos parte de la Comisión Nacional de Caritas:

“En el transcurso de los últimos años y a medida que los niveles de pobreza han crecido en la Argentina, hemos aprendido a trabajar con un gran número de movimientos, asociaciones, centros vecinales, sindicatos, etc. Es que hoy nadie puede asumir la cantidad y complejidad del trabajo social de manera individual, y es por eso que insistimos en integrar a todos aquellos que con enorme sensibilidad atienden a los más pobres y en que también se les dé la ayuda necesaria para que puedan seguir haciéndolo.

En un país cuya pobreza sigue creciendo, y que no admite miradas sesgadas, prejuicios ideológicos y peleas sectoriales, somos testigos de que muchos hermanos viven la angustia de no saber con qué mañana alimentarán a sus hijos. No es difícil sortear las dificultades y desacuerdos presentes volviendo a poner en el centro lo que siempre ha debido seguir allí: las personas y las familias de los que viven en la pobreza o indigencia, especialmente los niños y los ancianos. Lo demás, está demás”.


Que la Virgen de Luján nos acompañe, para no dejarnos robar la esperanza y para hacernos cada día prójimos de los que están a nuestro lado.

+ Carlos José Tissera
Obispo de Quilmes


Domingo 19 de mayo de 2024
Iglesia Catedral de Quilmes

Hermanas y hermanos:

Los apóstoles llenos de tristeza y encerrados por miedo ven cumplidas las promesas. Ese Jesús que los eligió para seguirle, al que abandonaron en total soledad en el momento de su muerte, se les aparece y mirándolos a los ojos les dice: “La paz esté con ustedes”. Los envía y soplando sobre ellos añade: “Reciban el Espíritu Santo”. Los convierte en “evangelizadores con Espíritu”. ¡Jesús vive! ¡El Crucificado ha resucitado! Se apareció a sus discípulos y les mostró las llagas de sus manos y su costado. ¡Ha triunfado la vida! ¡Triunfó el amor! 

Evangelizadores con Espíritu quiere decir evangelizadores que se abren sin temor a la acción del Espíritu Santo… Invoquémoslo hoy, bien apoyados en la oración, sin la cual toda acción corre el riesgo de quedarse vacía y el anuncio finalmente carece de alma. Jesús quiere evangelizadores que anuncien la Buena Noticia no sólo con palabras sino sobre todo con una vida que se ha transfigurado en la presencia de Dios. (EG. 259)

Se ha dicho que el Espíritu Santo es “el gran desconocido”. Precisamente es Espíritu, no se ve, no se toca, no tiene un cuerpo… El Espíritu Santo en realidad es “el gran implícito”, porque no hay ninguna experiencia cristiana donde Él no esté presente. Es tan íntimo a cada uno que se parece a nuestra propia profundidad. Hasta sin darnos cuenta de su presencia, si aclamamos a Dios “Padre” lo hacemos movidos por el Espíritu Santo (Gal. 4, 6). Del mismo modo, nadie puede decir “Jesús es el Señor” si no estamos movido por el Espíritu (1 Cor, 12, 3)

El mismo Espíritu inspiró a los grandes Padres de la Iglesia para explicitar en palabras, inspirados por el Espíritu, los que es muy difícil explicar y que lo han formulado para nuestra confesión de fe: “Creo en el Espíritu Santo, Señor y Dador de vida, que procede del Padre y del Hijo, que con el Padre y el Hijo recibe una misma adoración y gloria, y que habló por los profetas”

De Jesús tenemos tantas imágenes y pinturas; imaginamos sus gestos, escuchamos sus palabras y enseñanzas. Pero del Espíritu Santo no tenemos una imagen al modo humano.

Para hablar del Espíritu recurrimos a la simbología, a la poesía, a la música, que nos llevan al umbral del misterio, de lo totalmente Otro. Por eso hablamos de una paloma, de un soplo, de viento, de agua, de fuego… símbolos de realidades del alma, de vivencias y experiencias de la vida de fe. Así fue lo que experimentaron los apóstoles en Pentecostés: trueno, viento, lenguas de fuego… Y si vamos al comienzo de la Creación leemos al comienzo de la Biblia: “y el soplo de Dios se cernía sobre las aguas” (Gn. 1, 2) “Entonces el Señor Dios modeló al hombre con arcilla del suelo y sopló sobre su nariz un aliento de vida. Así el hombre se convirtió en un ser viviente” (Gn. 2, 7)

Al Espíritu Santo lo vemos en las acciones de los seres humanos, los frutos que Dios espera de nosotros, los discípulos misioneros de Jesús. Pero que también obra más allá de las fronteras de la Iglesia. Todo es fruto de la Resurrección de Cristo. 

El Cirio Pascual ha estado encendido durante la cincuentena Pascual. Hoy será apagado. Es también un símbolo. La Luz de Cristo brilla en el corazón de los creyentes. “Vive Cristo, esperanza nuestra, y Él es la más hermosa juventud de este mundo. Todo lo que Él toca se vuelve joven, se hace nuevo, se llena de vida. ¡Él vive y te quiere vivo! Él está en ti, Él está contigo y nunca se va. Por más que te alejes, allí está el Resucitado, llamándote y esperándote para volver a empezar. Cuando te sientas avejentado por la tristeza, los rencores, los miedos, las dudas o los fracasos, Él estará allí para devolverte la fuerza y la esperanza”. (Ch.V. 1-2)

Nuestro primer pastor, el Padre Obispo Jorge Novak tenía como lema episcopal: “Ven Espíritu Santo”. El Espíritu Santo forjó en él el hombre y el pastor que fue para nosotros. ¡Qué bella obra se mandó el Espíritu Santo! En él se encarnaron esos versos que la Iglesia canta: “Ven, Padre de los pobres”, “Consolador lleno de bondad”, “suave alivio de los hombres”. En la vida del Padre Obispo Jorge palpamos y vemos quién es el Espíritu Santo. Es el amor de Dios derramado en nuestros corazones.

Durante el Primer Sínodo Diocesano de Quilmes, compuso una oración para el Año Santo de la Redención (1983). En una parte dice: “Santo Espíritu del Padre y del Señor Jesucristo, que vas renovando a esta Iglesia con el Evangelio de vida, en el Sínodo que inspiras y llevas a plenitud: haz que el corazón de piedra se haga corazón de carne y sienta el dolor de mi hermano, compartiendo en unidad”

Es el Espíritu que obra en grandes personas como Novak, el Cura Brochero, la Madre Teresa de Calcuta, Santa Teresita, Ceferino Namuncurá, Mama Antula, pero también en esas “santas y santos de la puerta de al lado” como dice el Papa Francisco, misioneras y misioneros, catequistas, consagrados y consagradas, personas que han servido en nuestras instituciones y en las organizaciones de nuestro pueblo para aliviar el sufrimiento, la postergación y la penuria de tantas personas pobres, frágiles, enfermas, maltratas, perseguidas… Como lo hizo el Padre Obispo Novak con tantas personas enfermas, sufriendo él mismo las vicisitudes de la enfermedad; preocupándose de la situación de las personas que quedaban sin trabajo o desalojados de sus precarias viviendas. De modo admirable mostró su amor de padre con las familias de los desaparecidos en momentos en que quien las atendiera eran marcados y señalados como enemigos de la sociedad, como los mártires de la primitiva Iglesia que se los declaraba enemigos del emperador. Esa es la obra del Espíritu Santo. El Padre Obispo Jorge lo invocaba siempre, y fue dócil a su acción divina. 

El Espíritu Santo consagró y nos regaló un hombre como el Padre Obispo Gerardo Tomás Farrell, como coadjutor de la diócesis, de quien hoy celebramos el 24° aniversario de su pascua. Dios le regaló espíritu de sabiduría y de ciencia, y lo fortificó para ser un servidor incansable de los pobres y de los jóvenes, preocupándose de su educación y promoción humana. Dio un testimonio admirable de fortaleza cristiana asumiendo con gran ánimo su rápida y grave enfermedad que le causó la muerte. Hoy rezamos por su eterno descanso.

Les comparto algo muy bello que hemos vivido estos días. Los sacerdotes de la diócesis, en su gran mayoría, estuvimos en Luján reunidos en el Encuentro Pastoral anual. Ha sido en la novena de Pentecostés. Hemos compartido la oración, la conversación en el Espíritu, la vida de cada uno, atendiendo a lo que es el cuidado de nuestra salud integral, para mejor amar y servir a nuestro pueblo. Agradecemos la oración de todas las comunidades por nosotros. A ustedes nos debemos, pero sabemos que también nos cuidan y nos aman. Hemos rezado por ustedes, especialmente ante la Virgen de Luján. Hemos renovado nuestra vida para seguir andando nuestro Camino Sinodal como miembros de una misma familia presbiteral.

Han surgido algunas mociones del Espíritu para ir concretando, próximos a celebrar el Jubileo de los 50 años de nuestra Diócesis de Quilmes. 

En esta Catedral, me dirijo a ustedes y a todos los fieles de la Diócesis en este Pentecostés. Sigamos unidos en la plegaría al Espíritu para que pronto tengamos nuevas noticias para este Camino Sinodal Diocesano. Nos ayudará también celebrar con la Iglesia Universal el Sínodo de la Sinodalidad y el próximo Año Santo que se iniciará el próximo 24 de diciembre.

Animados por el Espíritu iniciamos la Semana de Oración por la unidad de los cristianos. Uno de los cuatro cauces de esta Diócesis es el Ecumenismo. Era parte de la vida pastoral del Padre Obispo Novak; supo tener un trato familiar con los miembros de otras iglesias cristianas, donde tuvo grandes amigos. El próximo viernes tendremos una celebración ecuménica en la Iglesia Anglicana, aquí cerca, en Alsina y San Martín. Oremos haciendo la unidad pedida por Jesús al Padre: “que todos sean uno”.

Que la Virgen María, la llena del Espíritu Santo, nos acompañe a caminar en la esperanza.

+ Carlos José Tissera
Obispo de Quilmes


Hermanas y hermanos:

¡Alegría y paz en el Señor!

En esta Pascua llegue a cada una, a cada uno nuestro saludo afectuoso y agradecido. Este afecto nace de sabernos hermanos por el Bautismo, hijas e hijos de un mismo Padre. Les agradecemos, porque siempre rezan por nosotros, como nosotros lo hacemos por ustedes cada día. Porque comparten con nosotros una misma misión: proclamar el Evangelio y dar testimonio de servicio fraterno en la construcción del Reino de Dios.

Pascua es pasar con Jesús de la muerte a la vida, del egoísmo al amor. Pascua es dejarnos transformar por el poder del Espíritu, que es el amor de Dios derramado en nosotros.

El Papa Francisco dice: “El amor nos hace abrir los ojos, ampliar la mirada, nos permite reconocer en el extraño que cruzamos en nuestro camino el rostro de un hermano, con un nombre, con una historia, con un drama ante el cual no podemos permanecer indiferentes. A la luz del amor de Dios, la fisonomía del otro emerge desde la sombra, sale de la insignificancia y adquiere valor, relevancia. Las carencias del prójimo nos interpelan, nos incomodan, nos piden que asumamos el reto de hacernos responsables… Nos lleva a sentir como propias las heridas que contemplamos en su cuerpo y nos llama a derramar el óleo de la fraternidad sobre las llagas invisibles que leemos en la filigrana del alma de los demás”. (Francisco, 11 de mayo de 2024)

Como parte de este pueblo creyente, en esta Semana Santa nos acercamos a nuestros lugares de culto para contemplar a Jesús muerto y resucitado. Celebrar juntos el gran amor de Dios por todo el pueblo. Hay en nosotros el profundo deseo de “ver a Jesús”, de “estar con Él”. Lo necesitamos; sin Él no podemos nada. Es nuestra roca firme en medio de nuestras inseguridades; es nuestro alimento y sustento en nuestras debilidades y necesidades; es alivio para nuestros dolores del cuerpo y del alma; es consuelo en nuestros duelos y dolores. Él nos dice: “Vengan a mí”. La fuerza de su Espíritu nos lleva a su encuentro y posibilita nuestro encuentro con los demás. Vivimos en un mundo que sutilmente nos tienta a salvarnos cada uno por su cuenta, exaltando el individualismo; como creyentes cristianos proclamamos un Dios que es Comunión y que hace Comunidad. Un Dios que se goza en tener un pueblo, y nosotros gustamos la alegría de ser parte de su pueblo. Todo esto gracias a la gran gesta que celebramos: el buen pastor que da la vida por sus ovejas. Es la Pascua del Señor Jesús que sella su alianza de amor eterno con su pueblo, derramando su sangre para el perdón de los pecados.

Vamos caminando juntos, compartiendo nuestras alegrías y nuestras penas, nuestros fracasos y esperanzas, acompañados por Jesús que nos alienta con su Espíritu. Esto es sinodalidad. Es sentirnos parte de la Iglesia de Jesús que proclama el Evangelio y va realizando el Reino de justicia, de amor y de paz en este presente concreto, en las comunidades de los partidos de Berazategui, Florencio Varela y Quilmes.

A las hermanas y hermanos de las Iglesias cristianas, a sus pastores y pastoras en particular, les brindamos nuestro saludo, acompañado del compromiso de trabajar juntos por la unidad que Cristo pidió al Padre, sirviendo a nuestro pueblo con la alegría del Evangelio.

Queremos saludar a los enfermos, a las personas mayores, a niños y jóvenes, a los imposibilitados de participar de las celebraciones litúrgicas, a los presos, a tantas servidoras y servidores de los más necesitados. A las familias, a las personas de todas las instituciones públicas y privadas, parte vital de nuestra sociedad. A todos los que trabajan por el bien común. Vaya nuestro saludo pascual a las autoridades de distinto rango de los tres partidos.

Estamos felices de ser Iglesia diocesana de Quilmes.

¡Felices Pascuas!

+ Carlos José Tissera
Obispo de Quilmes

+ Eduardo Gonzalo Redondo
Obispo Auxiliar de Quilmes

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Quilmes, 27 de marzo  de 2024


Iglesia Catedral de Quilmes

“El Espíritu del Señor está sobre mí” (Lc 4,18)

Hermanas y hermanos:

En la lectura del libro Isaías y en el Evangelio según san Lucas, hemos escuchado: “El Espíritu del Señor está sobre mí” (Is. 61, 1; Lc. 4, 18) En el principio está el Espíritu del Señor.

“Cada uno de nosotros puede decir esto; y no es presunción, es una realidad, pues todo cristiano, especialmente todo sacerdote, puede hacer suyas las siguientes palabras: «porque el Señor me ha ungido» (Is 61,1). Hermanos, sin méritos, por pura gracia hemos recibido una unción que nos ha hecho padres y pastores en el Pueblo santo de Dios. Consideremos, pues, este aspecto del Espíritu: la unción” (Francisco, Misa Crismal del 2023) El Crisma, los óleos de los catecúmenos y de los enfermos que serán consagrados hoy, nos hablan de esta realidad que somos, mujeres y hombres, ungidos por el Espíritu.

Reunidos en esta Catedral, acompañados de nuestro predecesor, el P. Obispo Luis Stöckler, del querido Padre Obispo Juan Carlos, junto con el Padre Obispo Eduardo queremos celebrar con ustedes, queridos sacerdotes y diáconos, religiosas y religiosos, y todos los fieles presentes de los tres partidos, el gran amor de Dios manifestado en Cristo Jesús: el Ungido del Padre.

Hoy, junto a nuestro pueblo, diáconos y sacerdotes queremos renovar nuestras promesas ministeriales, así como en la Vigilia Pascual todos renovaremos las promesas de nuestro Bautismo. Delante de ustedes, hermanas y hermanos, queremos manifestar que “hemos creído en el amor que Dios nos tiene” (1 Jn. 4, 16) y que, de nuestra parte, sólo podemos decir: “Señor, tu lo sabes todo, sabes que te quiero” (Jn. 21, 17)

Algunas consideraciones que pueden ayudarnos a contemplar el gran regalo que Dios nos hace.

Primero, el diácono, el sacerdote, el obispo somos signos de un Dios que es amor. “Como el Padre me amó, también yo los he amado a ustedes, Permanezcan en mi amor” (Jn. 15, 9) Esta es nuestra experiencia más bella y profunda sentirnos amados, escogidos, consagrados y enviados por Él. “Como el Padre me envió a mí, yo también los envío a ustedes” (Jn. 20, 21) “No son ustedes los que me eligieron a mí, sino yo el que los eligió a ustedes, y los destiné para que vayan y den fruto, y ese fruto sea duradero” (Jn. 15, 16) Esta experiencia del amor de Cristo, renovada cada día, conserva la frescura y el ardor de nuestro sacerdocio, de nuestro diaconado.

Segundo, somos llamados a ser pastores y servidores de nuestro pueblo. Para eso hemos sido ordenados. Cristo es el don del Padre para la vida del mundo. “Yo soy el buen Pastor. El buen Pastor da la vida por las ovejas” (Jn. 10, 11) Como Cristo –pastor, servidor, esposo- ofrecemos nuestra vida por la salvación del mundo. En el corazón de nuestra espiritualidad está la caridad pastoral, hecha de profundidad contemplativa, de serenidad de cruz pascual, de generosa disponibilidad para el servicio. Dice el apóstol Pablo: “Nosotros no somos más que servidores de ustedes por amor de Jesús” (2 Cor. 4, 5) A ustedes, hermanas y hermanos, les pedimos que recen siempre para que el Señor aumente en nosotros la caridad pastoral.

Por último, sacerdotes y diáconos somos constructores de comunión. Somos los elegidos de Dios y consagrados por el Orden para ser constructores de la comunidad eclesial; en comunión profunda con el Obispo, con el presbiterio, con los demás diáconos, con las religiosas y religiosos y con los fieles laicos. Nuestra vida y ministerio están al servicio de la comunión eclesial, por medio de la Palabra, la Eucaristía y la caridad pastoral. La comunión exige una gran capacidad de donación, hecha con humildad de servidor y con alegría de amor fraterno. Como dice Juan: “Queridos míos, amémonos los unos a los otros, porque el amor procede de Dios, y el que ama ha nacido de Dios y conoce a Dios. El que no ama no ha conocido a Dios, porque Dios es amor” (1 Jn. 4, 7-8) (Cfr. Cardenal Pironio, homilía del 22 de junio de 1995)

“El Espíritu del Señor está sobre mí, porque el Señor me ha ungido. Él me envió” —continúa la profecía—, «y me envió a llevar una buena nueva, liberación, curación y gracia» (cf. Is 61,1-2; Lc 4,18-19); en una palabra, a llevar armonía donde no la hay. Porque como dice san Basilio: “El Espíritu es armonía”, es Él el que crea la armonía. Esta es una consideración que el Papa Francisco hacía en la Misa Crismal del año pasado. “Crear armonía es lo que Él desea, especialmente a través de aquellos en quienes ha derramado su unción”. “Ayudémonos, hermanos, a custodiar la armonía, custodiar la armonía —esta es la tarea—, empezando no por los demás, sino por uno mismo; preguntándonos: mis palabras, mis comentarios, lo que digo y escribo, ¿tienen el sello del Espíritu o el del mundo?»

Queridos sacerdotes, gracias por el sí de cada uno, por la entrega de cada día, por el servicio a sus comunidades y a la Iglesia de Quilmes. Son también los sentimientos del Padre Obispo Eduardo. En ustedes agradezco a aquellos que no están presentes, pero sí los tenemos en nuestro corazón unidos a esta Eucaristía. Vaya el recuerdo agradecido de los sacerdotes que nos han precedido en el encuentro definitivo con Dios, y que recordaremos en el momento de los difuntos.

Nuestro agradecimiento a los diáconos, a sus esposas y familias. Gracias por el testimonio de servicio generoso en sus destinos pastorales. Tenemos en cuenta a aquellos que están enfermos o imposibilitados de participar en esta celebración, que expresa la comunión de todo el pueblo cristiano junto a su Pastor.

Hermanas y hermanos: Rezaremos por nuestros diáconos y sacerdotes, como se hace en todas las Catedrales del mundo en la Misa Crismal. Recemos también por nuestros seminaristas, por los que se forman en el Instituto Diaconal, y por el aumento de las vocaciones.

Oremos también por todo nuestro pueblo que vive momentos de crisis social y política, de incertidumbre, de inseguridad, de empobrecimiento, de ataque sistemático a los valores culturales de la solidaridad y justicia social, para que nada ni nadie nos aleje de los grandes cauces de nuestra Iglesia diocesana de Quilmes: la opción preferencial por los pobres, el ardor misionero, la defensa de los derechos humanos y la fraternidad ecuménica.

Que María Inmaculada nos acompañe a vivir con alegría nuestra vocación de servicio al pueblo de Dios, consagrados para testimoniar el amor de Dios y ser factores de comunión fraterna.

+ Carlos José Tissera
Obispo de Quilmes

Quilmes, 27 de marzo  de 2024


Parroquia “San Juan Bautista” – Florencio Varela
“Día Nacional de la Memoria por la Verdad y la Justicia”

Hermanas y hermanos:

Estamos participando de la Misa con la que iniciamos la Semana Santa. Al comenzar, conmemoramos la entrada triunfal de Jesús en Jerusalén, días antes de su muerte y resurrección. Entrada que está llena de contrastes. La ciudad está llena de gente venida de todas partes para celebrar la Pascua de los judíos. Esta celebración despertaba cada año ese sueño de la venida de un mesías nacionalista que con poder los liberara del poder opresor. Así es que reciben a Jesús con todos los honores y desbordantes de alegría cantan: “¡Hosana! ¡Bendito el que viene en nombre del Señor! ¡Bendito que ya viene el Reino de nuestro padre David! ¡Hosana en las alturas!”

Parece que Jesús acepta estos homenajes, pero hay manifestaciones suyas despegándose de ese mesianismo. Él ha enviado al pueblo a sus discípulos a buscar un asno. Da precisiones: “un asno atado cerca de una puerta, en la calle”. No hace como los reyes de entonces que montaban a caballo, con aire de conquistador, como jefe de un ejército triunfador luego de dar muerte a los enemigos. Todo lo contrario, el asno en esos tiempos era signo de vida. Era el animal compañero del hombre en su trabajo, vivía en la misma casa de su amo y lo ayudaba en sus tareas. Era su transporte para los viajes. El “asno atado y que nadie ha montado” es un signo de verdadera novedad. Jesús viene con una misión. Hasta entonces ningún jefe en Israel había entrado en la ciudad de Jerusalén como Jesús. Nadie había hecho la opción de hacer el camino de la humildad y de servicio a la vida, como Jesús que va a ofrecer su vida por el pueblo. Las autoridades religiosas sólo conocían el camino del interés, del poder, de las vanaglorias de los honores, de la explotación y de la violencia. El pueblo quería algo así, un rey o mesías poderoso. Cuando se dan cuenta que Jesús tiene otro proyecto distinto, lo rechazan y abandonan. Se dejarán engañar y muy pronto, al mismo que aclamaron como liberador estarán pidiendo al poder romano que lo crucifique. Será tratado como un delincuente y llevado a morir fuera de la ciudad, colgado en la cruz como un esclavo. No van a creer, salvo algunos, que esa era la máxima manifestación del amor, una vida entregada para que todo el mundo tenga vida, y vida en abundancia.

Comenzamos la Semana Santa. Las celebraciones de estos días, particularmente las del Triduo Pascual, son ocasión para que cada uno de nosotros renovemos nuestra vida de fe, contemplando el gran misterio de amor manifestado en Jesús muerto y resucitado. Es el núcleo vital de nuestra fe. Esto es lo que celebramos en cada Eucaristía, en cada Misa y de modo especial, el domingo. A todos los fieles cristianos de la diócesis los invito, en la medida de sus posibilidades, a participar de las celebraciones que se han organizado en las parroquias y capillas. Participemos en familia. Necesitamos todos unirnos como pueblo cristiano a celebrar y expresar nuestra fe. Los momentos difíciles que vive la Patria y el mundo entero requiere que fortalezcamos nuestro espíritu. No nos dejemos llevar por el odio, la desesperanza, el inmovilismo del individualismo que nos tienta a pensar y decir: que cada uno se las arregle: sálvese quien pueda. Jesús nos ha salvado, pero nadie se salva solo. Es la hora de la solidaridad, de la lucha por la justicia que es el camino de la paz. La hora de hacernos prójimo, mirando al costado del camino y socorrer al que necesita ayuda y consuelo. Atrevámonos a transitar la senda de la ternura para vencer la insensibilidad, el cinismo y la crueldad, tan en boga en muchos discursos y conversaciones. Ese es el camino del bien, de la verdad, de la justicia y la paz. No es el camino de los poderosos y comerciantes de la muerte.

Sepamos estar junto a las víctimas de la injusticia, de la ambición, de la prepotencia y soberbia de aquellos que sólo buscan servir al dios dinero y no tienen en cuenta el bien común de la sociedad. 

Este domingo de Ramos coincide con una fecha que ya ocupa un lugar en nuestra historia argentina, es el “Día Nacional de la Memoria por la Verdad y la Justicia”, conmemorando el trágico golpe de Estado del 24 de marzo de 1976. Fueron años de oscuridad, dolor y muerte para los argentinos. El miedo cundió en la sociedad como pocas veces en los doscientos años de la vida de la Patria. Del seno de la Iglesia nacieron voces proféticas, como también de otros sectores de la sociedad. Fueron luces en medio de las tinieblas. Nuestra Diócesis de Quilmes fue creada en ese mismo año, y tuvo como primer pastor al Padre Obispo Jorge Novak, quien recibiera la ordenación episcopal en nuestra Catedral el 19 de septiembre de 1976. Ya en los primeros días de su ministerio empezaron a golpear a su puerta aquellas personas que nadie quería recibir ni escuchar: los familiares de las personas detenidas y muchas desaparecidas hasta el día de hoy. Hay cientos de testimonios escritos del accionar de nuestro obispo junto a esas familias, buscando saber algo de sus hijos e hijas. Esa actitud no era la de la mayoría de los dirigentes, más bien, muy pocos fueron los que se comprometieron a riesgo de sus propias vidas. 

He traído para tener en este altar hoy, una carta del Padre Obispo Jorge dirigida a los detenidos a disposición del Poder Ejecutivo Nacional, respondiendo a cartas que los presos le habían hecho llegar. Es un saludo que les hace con motivo del comienzo de la Semana Santa, fechada el 12 de abril de 1981. Leeré algunos párrafos.

“Queridos hermanos:

En la imposibilidad de escribirles a cada uno de ustedes, extendiéndome como quisiera en consideraciones que fueran respuesta a las inquietudes expresadas en sus cartas, les hago este saludo, que ojalá les llegue para la Pascua.

Ustedes me agradecen la preocupación que les he exteriorizado en mi acción pastoral como obispo de esta diócesis de Quilmes. Al respecto, hay que tener presente que todo Obispo es ordenado, en primer lugar, para demostrar inequívocamente una actitud de paternal afecto hacia los necesitados…

Que estas líneas que les escribo a una semana de la Pascua, interpreten mis deseos de que ustedes gocen de salud, de la visita de sus seres queridos y de un trato acorde a su condición de hijos de Dios y hermanos nuestros por la fe en el Señor Jesucristo…

El criterio que me guía es el del Apóstol Pablo que escribió: “¿Quién es débil, sin que yo me sienta débil? ¿Quién está a punto de caer, sin que yo me sienta sobre ascuas? (1 Cor. 11, 29) …. 

Siempre que me otorguen el permiso las autoridades responsables, los visitaré personalmente. Porque no se me borran del corazón las graves sentencias de Jesús: ´Estaba preso, y me vinieron a ver´ (Mt. 25, 36), en base a lo cual como a las otras correlativas, seremos juzgados todos, sin excepción alguna.

Nada mejor para concluir esta carta pascual que una fórmula que nos llega de la primera comunidad cristiana (2 Cor. 13, 11-13)

´Finalmente, hermanos, estén alegres, trabajen para ser perfectos, anímense, tengan un mismo sentir y vivan en paz. Y el Dios del amor y de la paz estará con ustedes. Salúdense mutuamente con el beso santo. Todos los hermanos les envían saludos. La gracia del Señor Jesucristo, el amor de Dios y la comunión del Espíritu Santo permanezcan con todos ustedes.

Afmo. 
+ J.N.

Quilmes, 12 de abril de 1981, comienzo de la Semana Santa”



Hermanas y hermanos, es un verdadero regalo que tengamos tan cerca de nuestro corazón el testimonio de este Siervo de Dios, que muchos han conocido y que tantas veces celebró la Eucaristía en este templo principal de Florencio Varela. Él vivió su seguimiento de Jesús en un momento preciso de la historia de nuestro pueblo argentino. Hoy nosotros, a más de cuarenta años, en otro siglo, somos protagonistas de otro momento histórico.

Comencemos esta Semana Santa con los ojos fijos en Jesús. Nos preguntamos: ¿cuáles serán mis actitudes en estos días? Como sugerencia, diría:

– Imitar el silencio y la humildad de Jesús, como hoy lo presenta la Palabra que escuchamos. ¿Cómo puedo hacer este silencio? ¿En qué situaciones podré vivir esa humildad? ¿En qué momentos puedo estar a solas y comunitariamente con Jesús?   
– Contemplando el mayor servicio de Jesús, al entregar su propia vida por amor a mí ¿Cuáles serán mis decisiones para servir mejor a los demás? En este momento de nuestra vida ¿cómo puedo ser reflejo del amor de Jesús? ¿Qué veo a mi alrededor? ¿Agradezco las muestras de amor hacia mi persona? ¿Cómo retribuyo a Dios y a los demás lo que recibo cada día? Ante la crisis alimentaria que vivimos ¿sé compartir con los más necesitados lo que tengo y puedo dar? 
– Mirando a Jesús que también me mira, me animo a dejar que Él me pregunte ¿qué puedo hacer por ti? ¿Qué le pediría en estos días a Jesús que me muestra su corazón traspasado?
 
Que María nos conceda tener también sus sentimientos de Madre para estar con Jesús, para estar de pie junto a los crucificados de hoy. Que San Juan Bautista nos conceda ser profetas de este Reino de justicia, de amor y de paz que Jesús inauguró para siempre en su misterio pascual.

+ Carlos José Tissera
Obispo de Quilmes

Florencio Varela, 24 de marzo  de 2024

Próximos a vivir la Semana Santa compartimos las celebraciones que presidirán el Obispo de Quilmes, Carlos José Tissera, y el Obispo Auxiliar de Quilmes, Eduardo Gonzalo Redondo.

A continuación el detalle de los días y celebraciones de esta semana central para los cristianos:

Domingo de Ramos (24 de marzo)

09.00 h. Iglesia Catedral (Rivadavia 355, Quilmes)
P. Obispo Redondo

10.00 h. San Juan Bautista (25 de mayo 611, Florencio Varela)
P. Obispo Tissera

19.00 h. Iglesia Catedral (Rivadavia 355, Quilmes)
P. Obispo Tissera

19.00 h. Nuestra Señora de Luján (Calle 24 esq. calle 148, Villa España)
P. Obispo Redondo

Misa Crismal (Miércoles 27 de marzo)

19.00 h. Misa Crismal en Iglesia Catedral (Rivadavia 355, Quilmes)
P. Obispos Tissera y Redondo

Jueves Santo (28 de marzo)

09.00 h. Misa y lavatorio de los pies en el Complejo Penitenciario de Florencio Varela
P. Obispos Tissera y Redondo

19.00 h. Misa de la Última Cena y lavatorio de los pies en Nuestra Señora de Itatí (Mons. Enrique Angelelli 2226, Barrio La Paz, Quilmes Oeste)
P. Obispo Redondo

19.00 h. Misa de la Última Cena y lavatorio de los pies en la Iglesia Catedral (Rivadavia 355, Quilmes)
P. Obispo Tissera

Viernes Santo (29 de marzo)

10.00 h. Celebración de la Pasión y Vía Crucis en Nuestra Señora de Czestochowa (Santa Cruz 710, Ezpeleta)
P. Obispo Tissera

15.00 h. Celebración de la Pasión y Vía Crucis en Iglesia Catedral (Rivadavia 355, Quilmes)
P. Obispo Redondo

16.00 h. Celebración de la Pasión y Vía Crucis en Nuestra Señora del Huerto (Calle 898 esq. calle 863, Barrio Los Eucaliptus, San Francisco Solano)
P. Obispo Tissera

20.00 h. Celebración de la Pasión y Vía Crucis en San Cayetano (El Zonda y El Atalaya km. 26, Florencio Varela)
P. Obispo Tissera

Sábado Santo (30 de marzo)

19.00 h. Vigilia Pascual en Iglesia Catedral (Rivadavia 355, Quilmes)
P. Obispo Redondo

20.00 h. Vigilia Pascual en Sagrada Familia (Calle 148 Nº 1351, Berazategui)
P. Obispo Tissera

Domingo de Pascua (31 de marzo)

09.00 h. Misa en Iglesia Catedral (Rivadavia 355, Quilmes)
P. Obispo Tissera

10.00 h. Misa en San Francisco Solano (Calle 844 Nº 2155, San Francisco Solano)
P. Obispo Redondo

17.00 h. Misa en Hogares Madre Teresa (Berazategui)
P. Obispo Redondo

19.00 h: Misa 50° aniversario del Movimiento de la Palabra en Nuestra Señora de la Guardia (Belgrano 230, Bernal)
P. Obispo Tissera

El Padre Obispo Carlos José Tissera oficializó el viernes 22 de marzo la conformación de la Comisión Diocesana de Ecumenismo, Diálogo Interreligioso y otras Religiones.

Designaciones para esta comisión de la Diócesis de Quilmes:

Asesor:
Presbítero Marcelo Martín Pedraglio

Coordinadora:
Mónica Mariel Gangemi

Miembros:
Sebastián Ramón Arriola
Andrea Laura Guillade
Gastón Omar López Lebrero
Agustina Haydée Villar

El próximo sábado 16 de marzo entre las 10 y las 17 h celebraremos el Encuentro Festivo Diocesano en la Casa de Encuentros Santo Cura Brochero (Pergamino 1401, Bosques), con el lema «En tiempos difíciles celebramos la fe con el Cura Brochero y Mama Antula»

Compartimos el video con la invitación del Padre Obispo Carlos José Tissera a celebrar a Santo Cura Brochero en su día, el mismo 16 de marzo, y a Santa Mama Antula, cuya fiesta fue el 7 de marzo.

Se invita a llevara comida a la canasta.

Queridos hermanos y hermanas: 

Como todos los años, nos reunimos a celebrar nuestra fe en torno a la fiesta del Santo Cura Brochero, que tanta devoción despierta en nuestras comunidades. Este año «ensanchamos la carpa» de la fiesta con el regalo de Mama Antula, primera santa argentina.

Santa María Antonia de San José, como el Santo Cura Brochero, con su testimonio nos anima a seguir a Jesús, comprometiéndonos en la oración y en la misión, partiendo siempre de los «últimos»: los pobres, los «rotos», los que están tirados al costado del camino. Su valentía y coraje, en tiempos difíciles, nos inspiran a ser creativos en nuestro servicio a los hermanos.

La memoria de ellos nos lleva a las raíces profundas de nuestra patria, de nuestra Iglesia y de nuestra fe. Estas santas devociones en nuestra diócesis de Quilmes nos la regalaron el Padre Obispo Jorge Novak y el Padre Gino hace más de cuarenta años, impulsando experiencias de evangelización y misión.

Como nos enseña el Papa Francisco, una fe que no tiene memoria y no tiene raíces se seca y muere. Por ello queremos alimentar nuestra fe como pueblo peregrino en nuestra diócesis compartiendo un Encuentro Festivo Diocesano el próximo sábado 16 de marzo desde la 10 hasta las 17 h en la Casa de Encuentros Santo Cura Brochero (Pergamino 1401, Bosques). Celebraremos la misa a las 11 h, compartiremos el almuerzo a la canasta y luego tendremos, durante la tarde, fiesta y baile popular. No se olviden de traer mate y tereré.

Porque, ¡en tiempos difíciles no podemos dejar de celebrar la vida y la fe! 


+ Carlos José Tissera
Obispo de Quilmes

+ Eduardo Gonzalo Redondo
Obispo auxiliar de Quilmes

 Quilmes, 28 de febrero de 2024

El Padre Obispo Carlos José Tissera designó Delegado Episcopal para la Pastoral de Juventud de la Diócesis de Quilmes al Presbítero Darío Ezequiel Viecenz.

El Padre Obispo Carlos y el Padre Obispo Eduardo Redondo agradecen a Fray Hernán Salegas, de la Orden de la Merced, por los años de servicio en esta pastoral, e invitan a la comunidad diocesana a unirse en la oración por el Padre Darío y por la fecundidad de su misión.

Mensaje de Navidad 2023

Esta Navidad nos encuentra como Nación en una situación crítica. No se necesita repasar cifras ni cuadros. 

  • Los últimos años han sido ya muy difíciles. Muchos han perdido la esperanza, otros se han cansado de creer y apostar en cambios, otros piensan en la posibilidad de irse, y muchos más de los que pensamos parece que añoran un ayer que no queremos que vuelva “nunca más”.
  • En general, de parte de la mayoría de las clases dirigentes, y de nosotros cristianos también, hay muy poca autocritica, y casi nadie pide perdón. Al contrario, muchos continúan pavoneándose por los atajos de la politiquería donde el bien común deja ser común y se vuelve un sálvese quien pueda. Da la sensación de que se hace borrón y cuenta nueva. 
  • Los que siempre tuvieron todo, lo siguen teniendo todo. Quien paga el ajuste es la mayor parte de la sociedad. Los que quieren ganarse el pan trabajando, darles estudio a sus hijos, salud, techo digno, comida caliente, y especialmente los más pobres y descartados que cada vez son más y más. 
  • Cada día que pasa cuesta más comprar lo que necesitan nuestras familias para comer, ni que hablar de los medicamentos, la ropa, el transporte y de todo lo básico para vivir. 
  • Parece acentuarse, de muchas formas, un cierto individualismo. En este sentido el Papa Francisco les recordaba a los jóvenes: “Si una persona les hace una propuesta y les dice que ignoren la historia, que no recojan la experiencia de los mayores, que desprecien todo lo pasado y que sólo miren el futuro que ella les ofrece, ¿no es una forma fácil de atraparlos con su propuesta para que solamente hagan lo que ella les dice? Esa persona los necesita vacíos, desarraigados, desconfiados de todo, para que sólo confíen en sus promesas y se sometan a sus planes.” (Cf. Fratelli Tutti n. 13)

¿Qué significan hoy algunas expresiones como democracia, libertad, justicia, unidad? Han sido manoseadas y desfiguradas para utilizarlas como títulos vacíos de contenido que pueden servir para justificar cualquier acción. (Cf. Fratelli Tutti n. 14)

Se celebra este año, 40 años de democracia. Ayer como hoy Jesús vuelve a nacer. En la homilía de aquella Navidad de 1983, nuestro Padre Obispo, el siervo de Dios Jorge Novak, se mostraba, por un lado, esperanzado, y expresaba: “Demos gracias a Dios por los gestos de madurez cívica, por los propósitos de honestidad, por el empeño de recuperar el sentido de la justicia”. Pero también advertía, con sentido profético, que: “No nos dejemos engañar por falsas ilusiones, no nos dejemos desviar por falaces fórmulas de felicidad”. Y culminaba haciendo un llamado a los cristianos: “Lo importante es llegar a nuestros hermanos que sufren y esperan nuestra mano tendida; esperan, sobre todo, nuestro corazón abierto”.

Asumamos juntos el compromiso que una vez hiciera nuestro recordado siervo de Dios,  Padre Obispo Jorge que, en medio de la noche más oscura del país, desde la impotencia de sentir que todo es difícil y que no hay caminos posibles, y estando en los pesebres vivientes de tantos hermanos/as se animó a “Seguir Naciendo. Y haciéndose hermano de los pobres de la tierra, se convirtió en profeta de esperanza. No caigamos en la angustia de la tormenta en medio de la noche.

“Señora del amor y de la Paz, 
que esta Navidad sea el comienzo de una nueva claridad. 
Que el Amor sustituya la violencia,
y que la justicia engendre la verdadera paz. 
Ayúdanos a gritarle a los que odian, 
que Dios es Padre y nos ama;
y a los que tienen miedo
y están desanimados,
que Dios está naciendo entre nosotros y nos acompaña.

Que en esta Navidad nazca de nuevo Jesús,
para nuestra familia y para todos, 
para nuestro barrio y nuestro pueblo,
para nuestra Patria y para el mundo entero.
Así podremos anunciar también nosotros: 
‘NOS HA NACIDO EL SALVADOR,
QUE ES CRISTO, EL SEÑOR’. AMEN”. 
(Cfr. Beato Card. Pironio. Oración del pesebre)


Caminemos juntos. Seamos hermanos que construyen comunidad. Vayamos, como los pastores de Belén, a abrazar cada vida amenazada. Anunciemos, junto a los ángeles, que nunca es tarde para “seguir naciendo”.


+ Carlos José Tissera
Obispo de Quilmes

+ Eduardo Gonzalo Redondo
Obispo Auxiliar de Quilmes

Quilmes, 21 de diciembre de 2023