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Catedral de Quilmes

Hermanas y hermanos:

Estamos reunidos en este templo histórico del sur de Buenos Aires, testigo de tantos momentos de la historia argentina, celebrando los 216 años de la Revolución de Mayo, que estableció el primer gobierno patrio.

¿Qué es un Te Deum? Es un himno de acción de gracias a Dios. Sus primeras palabras en latín son “Te Deum laudamus” (A ti, Dios, te alabamos). Un himno litúrgico que se remonta al siglo IV, y la tradición lo atribuye a San Ambrosio y a San Agustín. En nuestra Latinoamérica se lo canta o reza en las fechas patrias, para dar gracias a Dios por las grandes gestas que se encuentran en los inicios de nuestros pueblos libres, por los beneficios recibidos y por las vidas entregadas por el bien común de nuestras naciones.

La Palabra de Dios se hace presente para provocar nuestra escucha y nuestro diálogo interior con el Señor de la historia.

El Evangelio de San Lucas hoy nos presenta a Jesús entrando a la próspera ciudad de Jericó, ciudad de descanso del rey, famosa por sus oasis y palmeras. Allí vivía Zaqueo, el jefe de los publicanos (cobradores de impuestos del imperio). Quería ver a Jesús. Su interés lo lleva a treparse a un árbol sin vergüenza alguna. La presencia de Jesús había impactado en la parte buena del corazón de Zaqueo; eso le permitió ver en el Señor, no un enemigo peligroso como lo consideraban los fariseos, sino como un verdadero liberador.

Dios pasa por la historia de nuestra Patria. Lo reconocieron aquellos hombres de Mayo y supieron acudir a Él con confianza. El 25 de mayo de 1810, tras consolidar la Junta, sus miembros concurrieron a la Catedral de Buenos Aires para participar de un solemne Te Deum. Antes, al asumir sus cargos, los integrantes de la Primera Junta prestaron juramento. El presidente Cornelio Saavedra lo hizo «hincado de rodillas y poniendo la mano derecha sobre los Santos Evangelios». El sacerdote Manuel Alberti, párroco de la iglesia San Nicolás de Bari, apoyó activamente el proceso revolucionario y contribuyó desde los escritos en el periódico La Gazeta de Buenos Ayres. Los hombres y mujeres de Mayo y los que llevaron los aires de revolución a toda nuestra tierra, aún más allá de los Andes, abonaban sus convicciones en la fe. Nos consta el fervor cristiano del General Manuel Belgrano y, también, de nuestro prócer máximo, el General José de San Martín. Nuestro Padre Obispo Jorge Novak, en el año 2000, publicó una carta titulada: “El General Don José de San Martín, patriota y creyente”. Comienza diciendo: “En las máximas que dictó el General Don José de San Martín para su hija Mercedes leemos: «Inspirarle amor a la verdad y odio a la mentira… Estimular en Mercedes la caridad con los pobres… Dulzura con los criados, pobres y viejos… Inspirarle amor por la patria y por la libertad» En estos principios pedagógicos descubrimos la preocupación de educar para la convivencia social respetuosa y pacífica”.

Continúa el Padre Obispo Novak diciendo: “La patria es expresión del bien común, ´el conjunto de condiciones de la vida social que hace posible a las asociaciones y a cada uno de sus miembros el logro más pleno, más fácil de la propia perfección´ (GS 26). A los que convivimos en el marco de un territorio reconocido como propio por las demás naciones, compartiendo la misma historia e idénticos ideales de bienestar y de grandeza moral, nos urge el sagrado deber de forjar siempre de nuevo la patria amada”.

“Son imprescindibles hombres y mujeres que alienten con su memoria este servicio diario y anónimo. La misma Biblia nos orienta en esta visión, invitándonos a recorrer la galería de personajes famosos y beneméritos de la historia sagrada. Legítimamente podemos apropiarnos la invitación: ´Elogiemos a los hombres ilustres, a los antepasados de nuestra raza. El Señor colmó de gloria, manifestó su grandeza desde tiempos remotos… Guiaron al pueblo con sus consejos, con su inteligencia para instruirlos y con las sabias palabras de su enseñanza… Sus cuerpos fueron sepultados en paz, y su nombre sobrevive a través de las generaciones´
 (Eco. 44, 1-2.4.14)

Sigue el Padre Obispo Jorge: “El General San Martín es nuestro prócer máximo, por su concepción de una patria de hermanos sin enfrentamientos sangrientos. Esta concepción no se expresó en discursos altisonantes, sino que se demostró en un servicio constante, heroico, libre de toda ambición humana y de todo interés egoísta”.

“La dimensión de este servicio patrio se concretó en nuestra Argentina, pero el Libertador abrazó con igual intensidad la causa de la libertad de otros países hermanos. Por eso merece figurar, con luz propia, junto con otros próceres latinoamericanos. Es importante recalcar esta singularidad sanmartiniana en una hora histórica de enorme trascendencia para nuestra América Latina”. “La ejemplaridad ciudadana del Libertador alcanza alturas inconmensurables en su reiterado retiro del escenario en que había sido protagonista victorioso y admirado. Quienes quieran mostrar su cualidad edificante en el servicio que la función pública les hace asumir, tendrán que verse en el espejo de este hombre grande y humilde que fue San Martín”
. (Jorge Novak. “El General Don José de San Martín, patriota y creyente”. Quilmes, 12 de julio de 2000)

El Evangelio nos muestra a Jesús entrando en Jericó seguido por la multitud del pueblo. Ese Jesús pasa por la historia de nuestra Patria, hablándonos también en la vida de esos hombres y mujeres que nos forjaron esta Nación. La Biblia ha sido su inspiración y nos dieron ejemplos de verdadero amor a los demás, de heroicidad al servicio de la causa por la justicia y la paz. Hombres y mujeres que tuvieron sensibilidad por los más frágiles y desposeídos, por los explotados y descartados por la ambición de unos pocos que se creyeron dueños de los pueblos. Jesús sigue pasando por nuestra historia, haciendo sonar la alegría del Evangelio, despertando la esperanza en los pobres, las ansias de justicia y de verdad en los corazones sencillos.

El Padre Obispo Jorge Novak en aquel recordado año 2000, en el que explotó por todos los bordes sociales la injusticia de un proyecto empobrecedor y engañoso, quiso mostrar a nuestra Diócesis de Quilmes la vida de un hombre, de un ciudadano ejemplar: el General José de San Martín. Pasa que, cuando las oscuridades se ciernen en la vida de nuestro pueblo, es necesario levantar en alto estas antorchas vivas que son las personas ejemplares que se jugaron por su gente, los próceres, no de mármol, sino los próceres de corazón humano que tuvieron sensibilidad para interpretar los verdaderos sueños, y compadecerse con los dolores y sufrimientos de sus conciudadanos, Para eso son las fiestas patrias, para hacer memoria agradecida y para desempolvar las historias de los libros, y hacer brillar esas mujeres y hombres como estrellas en el firmamento, para seguir caminando con alegría; porque sus ejemplos nos templan el corazón y nos comprometen a forjar la Patria cada día en nuestros hogares, en nuestros lugares de trabajo, en nuestras escuelas y universidades, en nuestras fuerzas armadas al servicio del pueblo, en las instituciones públicas y de gobierno.

Cuando ciertas dirigencias traicionan los sueños y proyectos de los pueblos, qué bien nos hace ir a las raíces de la Patria y dejarnos enardecer el corazón recordando y valorando las vidas de esas mujeres y hombres valientes y generosos.

Celebrar este aniversario patrio nos compromete a construir nuestra Nación. El ejemplo de aquellos revolucionarios nos anima a unirnos en la consecución del bien común. Nadie se salva solo. “Todos estamos en la misma barca”. En la Encíclica Fratelli Tutti, el Papa Francisco nos dice:

“Un individuo puede ayudar a una persona necesitada, pero cuando se une a otros para generar procesos sociales de fraternidad y de justicia para todos, entra en «el campo de la más amplia caridad, la caridad política». Se trata de avanzar hacia un orden social y político cuya alma sea la caridad social. Una vez más convoco a rehabilitar la política, que «es una altísima vocación, es una de las formas más preciosas de la caridad, porque busca el bien común» (FT 180)

Sabemos que Dios camina con nosotros, pero a veces no lo vemos, parece que lo hemos perdido. No lo alcanzamos a ver.

En el “Te Deum” del 25 de mayo de 2002, el cardenal Jorge Bergoglio comentando en su homilía el evangelio de hoy, decía:

“Zaqueo no optó por la resignación frente a sus dificultades, no cedió su oportunidad a la impotencia, se adelantó, buscó la altura desde donde ver mejor, y se dejó mirar por El Señor . Sí, dejarse mirar por el Señor, dejarse impactar por el dolor propio y el de los demás; dejar que el fracaso y la pobreza nos quiten los prejuicios, los ideologismos, las modas que insensibilizan, y que –de ese modo- podamos sentir el llamado: “Zaqueo baja pronto”. Esta es la segunda clave de este pasaje evangélico: Zaqueo responde a un Jesús que lo llama a abajarse. Bajarse de sus autosuficiencias, bajarse del personaje inventado por su riqueza, bajarse de la trampa montada sobre sus pobres complejos. En efecto, ninguna altura espiritual, ningún proyecto de grandes esperanzas, puede hacerse real si no se construye y se sostiene desde abajo: desde el abajamiento de los propios intereses, desde el abajamiento al trabajo paciente y cotidiano que aniquila toda soberbia.

Que no sigamos revolcándonos en el triste espectáculo de quienes ya no saben cómo mentir y contradecirse para mantener sus privilegios, su rapacidad y sus cuotas de ganancia mal habidas, mientras perdemos nuestras oportunidades históricas, y nos encerramos en un callejón sin salida. Como Zaqueo hay que animarse a sentir el llamado a bajar: bajar al trabajo paciente y constante, sin pretensiones posesivas sino con la urgencia de la solidaridad.

Lo mejor es dejar que el Zaqueo que hay dentro de cada uno de nosotros se deje mirar por el Señor, y acepte la invitación a bajar. Este llamado del Evangelio es memoria y camino de esperanza. Aquel que busca y se deja alcanzar por lo sublime da lugar a una alegría nueva, a una posibilidad de redención. Y Zaqueo se redime, accede alegre a la invitación del único que nos puede reconciliar, Dios mismo. Accede a sentarse a la mesa de todos, a la mesa de la amistad social.

No es el momento de tener miedo y vergüenza de nosotros mismos; todos somos un poco Zaqueo, y todos tenemos enormes talentos y valores.

Como en el llamado evangélico, en numerosas oportunidades nos hemos dejado visitar por Dios. Allí lo grande y sublime ha surgido de nosotros. Hay en toda la sociedad un anhelo ya propuesto, insoslayable, de participar y controlar su propia representación, como aquel día que hoy rememoramos en que la comuna se constituyó en Cabildo.

Además del subirse para ver a Jesús y abajarse luego para seguir su invitación, hay una tercera clave en el texto evangélico: el dar, el darse reparando el mal cometido. Zaqueo se anima a devolver lo mal habido y a compartir.

Sabemos bien que este pueblo podrá aceptar humillaciones, pero no la mentira de ser juzgado culpable por no reconocer la exclusión de millones de hermanos con hambre y con la dignidad pisoteada.

La historia nos dice que muchos pueblos se levantaron de sus ruinas y abandonaron sus ruindades como Zaqueo. Hay que dar lugar al tiempo y a la constancia organizativa y creadora, apelar menos al reclamo estéril, a las ilusiones y promesas, y dedicarnos a la acción firme y perseverante. Por este camino florece la esperanza, esa esperanza que no defrauda porque es regalo de Dios al corazón de nuestro pueblo.

Es hora de organizar la esperanza.

El camino es sencillo: sólo debemos volver al Evangelio, dejarnos mirar como Zaqueo, escuchar el llamado a la tarea común, no disfrazar nuestros límites sino aceptar la alegría de compartir, antes que la inquietud del acaparar. Y entonces sí que escucharemos, dirigida a nuestra Patria, la palabra del Señor: “Hoy ha llegado la salvación a esta casa … porque el Hijo del Hombre vino a buscar y a salvar lo que estaba perdido” (Lc 19: 10)
 (Cardenal Jorge Bergoglio. Homilía del Te Deum del 25 de mayo de 2002)

En este servicio que la Iglesia y el Evangelio hacen a la humanidad, en este momento de la historia queremos unirnos al Papa León XIV en su constante y persistente llamado a la paz.

Hace apenas unas horas el Papa ha dado a todo el mundo su primera Carta Encíclica titulada “Magnifica Humanitas”, sobre el cuidado de la persona humana en tiempos de la Inteligencia Artificial. Este documento nos ayudará a comprender cómo afrontar la transición digital en curso, obteniendo del tesoro de sabiduría de la Iglesia las herramientas necesarias para interpretar el momento presente, con el propósito de cumplir nuestra tarea común de custodiar y hacer florecer la magnífica humanidad que nos ha sido dada como don.

Que la Virgen Inmaculada, Patrona de Quilmes, nos ayude a ser humildes servidores de la Patria.

+ Carlos José Tissera
Obispo de Quilmes

Con la Solemnidad de Pentecostés, que se celebra el domingo 24 de mayo, se da inicio a la semana de oración por la unidad de los cristianos, hasta el domingo 31 de mayo, día de la Santísima Trinidad.

Por ese motivo, con el lema «Uno solo es el Cuerpo y uno solo el Espíritu, como una es la Esperanza a la que ustedes han sido llamados» (Ef. 4,4 ) la Comisión Diocesana de Ecumenismo, relaciones con el Judaísmo y otras Religiones presentará un octavario para vivir esta semana, que se difundirá cada día en Facebook.com/DiocesisQuilmesInstagram.com/DiocesisQuilmes y a través del canal de whatsapp de la Diócesis de Quilmes (Ingresar a https://whatsapp.com/channel/0029Vb7xCCIAzNbrglOQm41x para sumarse)

A continuación, compartimos la carta de la comisión diocesana de Ecumenismo y diálogo con la invtación a sumarse a esta semana de oración, y a la oración ecuménica el próximo miércoles 27 de mayo a las 19.00 en la Iglesia Catedral de Quilmes (Pasaje Papa Francisco 355 -ex Rivadavia-, Quilmes Centro), en la que convoca la Diócesis de Quilmes junto con la Iglesia Evangélica del Río de la Plata, Iglesias Reformadas en Argentina, la Iglesia Evangélica Metodista y la Iglesia Anglicana Diócesis de Argentina.

SEMANA DE ORACIÓN POR LA UNIDAD DE LOS CRISTIANOS 2026
«Uno solo es el Cuerpo y uno solo el Espíritu, como una es la Esperanza
a la que ustedes han sido llamados» (Ef. 4,4 )

Queridos hermanos y hermanas:

En la Semana de oración por la unidad de los cristianos que se celebra del 24  al 31 de mayo queremos seguir construyendo lazos de Unidad. Los animamos a participar de la Oración Ecuménica que realizaremos con los hermanos de las otras Confesiones cristianas y el Padre Obispo Carlos José, el Miércoles 27 de mayo a las 19 h en la Catedral Inmaculada Concepción (Pasaje Papa Francisco 355 -ex Rivadavia-, Quilmes). Es una ocasión, a lo largo del año, para  dar gracias  a Dios por el camino de comunión construido y orar juntos para llegar a la plena unidad querida por Cristo. 

También hemos preparado un pequeño octavario, que les irá llegando todos los días, para ayudarnos e invitar a las comunidades a rezar especialmente en esta semana por la Unidad.

Comisión Diocesana de Ecumenismo, 
Diálogo Interreligioso y otras religiosas

Diócesis de Quilmes

Quilmes, 22 de mayo de 2026.

El viernes 26 de junio por la Imposición de manos y la Oración del Padre Obispo Carlos José Tissera el Diácono Ezequiel David Ifrán será ordenado Presbítero.

La celebración eucarística será a las 19 h en la Iglesia Catedral de Quilmes (Pasaje Papa Francisco -ex Rivadavia- 355, Quilmes Centro)

Damos gracias a Dios por la vocación de Ezequiel, rezamos por sus intenciones y rogamos “al dueño de los campos que envíe trabajadores para su cosecha” (cf. Mateo 9, 38).

El próximo domingo 12 de abril nos unimos para celebrar la Misa de Acción de Gracias por el 90º cumpleaños del Padre Obispo Luis Teodorico Stöckler, emérito de Quilmes.

La celebración eucarística se llevará a cabo a las 19 h en la Iglesia Catedral de Quilmes (Pasaje Papa Francisco 355 -ex Rivadavia-, Quilmes Centro).

El Padre Obispo Luis nació en Paderborn, Alemania, el 12 de abril de 1936. Estudió Filosofía y Teología en la Facultad de Teología de Paderborn y en la Universidad de Münich. El 17 de diciembre de 1960 fue ordenado sacerdote. En marzo de 1970 llegó a la Argentina, donde lo recibió la Diócesis de Lomas de Zamora como sacerdote misionero «Fidei Donum». Allí acompañó a las comunidades parroquiales María Auxiliadora, Nuestra Señora de los Dolores y Cristo Redentor, y ejerció el cargo de director de estudios de la Escuela de Ministerios y del Instituto de Diaconado Permanente de la diócesis de Lomas de Zamora, hasta su nombramiento como obispo.

El 26 de noviembre de 1985 el Papa Juan Pablo II lo nombró Obispo de Goya. Su Ordenación Episcopal fue el 17 de diciembre del mismo año, actividad pastoral que comenzó a ejercer en esta Diócesis correntina unos días después, el 21 de diciembre.

Entre sus actividades, una vez nombrado Obispo, se desempeñó en la Conferencia Episcopal Argentina como Presidente de la Comisión Episcopal de Misiones en los períodos 1987-1991, 1991-1993, 1999-2002 y 2002-2005. También fue miembro de la Comisión Episcopal de Ministerios en los períodos 1993-1996 y 1996-1999. Entre 1994 y 2003 fue Delegado Episcopal para las Comunidades Eclesiales de Base, y en 2006 fue nombrado miembro de las Comisiones Episcopales para el Apostolado Laico y Pastoral Familiar, y de Pastoral de la Salud. Finalmente, en la 96º Asamblea Plenaria, fue elegido Presidente de la Comisión Episcopal de la Pastoral de la Salud para el trienio 2008-2011.

Por designación de San Juan Pablo II, el 11 de mayo de 2002, Luis Stöckler tomó posesión como nuevo Obispo de Quilmes para suceder a Jorge Novak, y se convirtió, así, en el 2º obispo de esta porción de la Iglesia que comprende los partidos de Quilmes, Berazategui y Florencio Varela.

Luego de nueve años de ministerio pastoral, el 12 de octubre de 2011 el Papa Benedicto XVI le aceptó la renuncia que había presentado al Santo Padre al cumplir los 75 años de edad, tal como lo establece el Código de Derecho Canónico, y se convirtió en Obispo emérito de Quilmes. Actualmente reside en el Hogar Sacerdotal «Mons. Mariano Espinoza» de la Ciudad de Buenos Aires.

El próximo domingo 12 de abril de 2026, el querido Padre Obispo Luis Stöckler celerará su 90ª cumpleaños.

Damos gracias a Dios por el regalo de su vida.

En esta oportunidad acercamos el comunicado del Padre Obispo Carlos José Tissera, titual de la Diócesis de Quilmes, y el Padre Jerzy Faliszek svd, Provincial de la Sociedad del Verbo Divino Argentina Sur, sobre el cese de la causa canónica de beatificación y canonización del Siervo de Dios Padre Obispo Jorge Novak.

El texto completo se trascribe a continuación.

Comunicado sobre el cese de la causa canónica de beatificación y canonización del Siervo de Dios Padre Obispo Jorge Novak svd, primer obispo de Quilmes (1976-2001)

Prot. Nº 137/2026

Notificamos que el 13 de octubre de 2025, el cardenal Marcelo Semeraro, Prefecto del Dicasterio para la Causa de los Santos, a pesar de examinar toda la documentación que le remitimos, debido a un posible procedimiento canónico no efectuado por parte del Padre Obispo Jorge Novak svd respecto a la conducta de un sacerdote de la Diócesis, y “sin expresar ‒escribió el Prefecto‒ ningún juicio moral sobre la vida, virtudes y acción pastoral del Siervo de Dios” confirmó la decisión de revocar el nihil obstat a la continuación de la Causa. El mismo Cardenal Semeraro manifestó que Mons. Jorge Novak conserva su condición de Siervo de Dios.

El Obispado de Quilmes y la Sociedad del Verbo Divino, ‒ambas coactores de la causa canónica iniciada el 11 de diciembre de 2017‒, difundimos con dolor esta comunicación, confiados en que Dios en su inmensa bondad le conceda, al querido y recordado Padre Obispo Jorge Novak svd, gozar de la vida eterna, aunque no sea anotado en el libro canónico de los beatos/santos proclamados oficialmente por la Iglesia.

Mons. Carlos José Tissera
Obispo de Quilmes

P. Jerzy Faliszek svd
Provincial de la Sociedad
del Verbo Divino Argentina Sur

Quilmes, 04 de abril de 2026.

Querido hermanos y hermanas:

¡Ustedes no tengan miedo, alégrense, ha resucitado!

El capítulo veintiocho de Mateo, que leímos en la vigilia pascual, nos regala el relato de la resurrección de Jesús. 

“El ángel dijo a las mujeres: Ustedes no tengan miedo. Yo sé que buscan a Jesús, el crucificado. No está aquí; ha resucitado como había dicho. Acérquense a ver el lugar donde yacía. Después vayan corriendo a anunciar a los discípulos que ha resucitado.

Las mujeres, atemorizadas pero llenas de alegría, se alejaron rápidamente del sepulcro y corrieron a dar la noticia a los discípulos. De pronto Jesús salió a su encuentro y las saludo, diciendo: Alégrense. Ellas se acercaron y abrazándole los pies, se postraron delante de él. Y Jesús les dijo: No tengan miedo; avisen a mis hermanos que vayan a Galilea, y allí me verán”.


Como Iglesia de Quilmes queremos caminar juntos compartiendo la alegría del evangelio. 

Celebramos los primeros 50 años de la creación de nuestra diócesis, también de la elección de su primer Obispo, nuestro padre fundador, el Siervo de Dios Jorge Novak SVD, Profeta y Pastor que supo enseñarnos a orientar la mirada y el corazón colocando en el centro a Jesús y Su proyecto del Reino, como Iglesia en camino hacia la Pascua, compartiendo La Palabra de Dios junto con el pan y el vino en cada eucaristía celebrada y compartida en comunidad, que supo orientar la mirada hacia Jesús, inspirándole los cuatro cauces fundacionales, transversales en el camino de la vida de Fe de cada uno y de toda nuestra diócesis, que siempre nos pone en la tensión evangélica de vivir una mística más concreta y encarnada en el seguimiento de Jesús desde el llamado que nos hace para vivir la misión, asumiendo la opción por los más pobres, la defensa de los derechos humanos, el ecumenismo y la misión.

En el camino de estos cincuenta años, como ocurre en la vida de cada uno, de nuestras familias y como Pueblo, transitamos momentos marcados por experiencias de pasión, de muerte y resurrección, donde, ayer y hoy, el temor y las incertidumbres parece que nos hacen trastabillar, momentos de alegría y esperanza que nos vuelven a colocar en el eje, y también algunas certezas fundantes que le dan sentido a los temores, las incertezas, las esperanzas y alegrías: 

Hace cincuenta años transitamos la noche oscura y violenta de la dictadura, el terrorismo de estado, que nos llevó a vivir la cruz en los 30.000 desaparecidos y en el sufrimiento de la gran mayoría de las familias de nuestro Pueblo de Dios condenados por la represión y planes económicos que solo trajeron violencia, muerte, miseria y desempleo.

Hoy estamos viviendo una situación triste y difícil. La gran mayoría de los jubilados recibe mensualmente $380.000 más un bono de $70.000. Les suspenden muchos de los beneficios en sus prestaciones y de medicamentos crónicos. La situación de los discapacitados, los docentes, los trabajadores de la salud y la cantidad de hermanos nuestros que están perdiendo las fuentes laborales. La mayor parte de las familias endeudadas para intentar cubrir los gastos de sus mayores y, muchos, con dificultades para viajar al trabajo y comer. Tristemente, el día a día genera violencia a flor de piel, divisiones y conflictos que nos llevan a padecer situaciones muy dolorosas.

La Fe en Jesús resucitado, que no omite ni deja fuera ninguna de las situaciones difíciles que nos tocan vivir, nos regala la convicción de la vida nueva que atraviesa y transforma todo y nos invita a salir de todos los sepulcros, donde yace la noche y la oscuridad de la muerte. Hoy Jesús resucitado sale a nuestro encuentro como lo hizo con María Magdalena y la otra María, y nos dice también a nosotros hoy: 

¡Alégrense, no tengan miedo, vayan a avisar a mis hermanos que los quiero ver!

Profundizar la alegría del evangelio no es vivir mirando para el cielo con cara de estampita o invadido de una tristeza individualista, donde no puedo ver nada más allá de mí mismo. Vivir la alegría de la buena noticia de Jesús resucitado, significa asumirme necesitado del otro. Sin el otro no tengo vida, o, mejor dicho, estoy escondido en una vida que no es tal, que es artificial. Estoy muerto en vida. La vida real es relación, es vínculo, es encuentro, comunión y participación. El otro es mi hermano, es Jesús. También es crisis, dolor y conflicto. 

Vivir la alegría del evangelio, vivir la resurrección nos provoca a trascender y vivir una relación de encuentro con el “Otro” con mayúsculas, encuentro personal con JESUS. Nuestro recordado Papa Francisco nos decía: “Invito a cada cristiano, en cualquier lugar y situación en que se encuentre, a renovar ahora mismo su encuentro personal con Jesucristo, o al menos, a tomar la decisión de dejarse encontrar por Él, de intentarlo cada día sin descanso” (E.G n. 3) y a continuación citando a Pablo VI expresaba: “Nadie queda excluido de la alegría que nos regala El Señor”.

Necesitamos asumir que el seguimiento de Jesús resucitado nos transforma el corazón de piedra en un corazón de carne y nos lleva a bajar los muros de la división y tender puentes de encuentro, diálogo y compromiso con todos buscando el bien común. 

Este año nuestra diócesis también está viviendo el III Sínodo diocesano. Que la fuerza de Jesús resucitado, el amor del Padre y el viento del Espíritu que sopla donde quiere, porque es libre y liberador, nos vaya marcando el camino, trabajando el corazón, nos quite los miedos, los prejuicios y las orejeras para que en este momento de la historia sepamos responder con ternura y esperanza haciendo más amable y creíble a Jesús.

Que María, la que supo acoger en su vientre al Salvador, acompañarlo en su vida, al pie de la cruz y a la primera comunidad con sus miedos e incertidumbres, nos ayude a caminar con esperanza.

¡Feliz Pascua de Resurrección!

+ Carlos José Tissera
Obispo de Quilmes

+ Eduardo Gonzalo Redondo
Obispo Auxiliar de Quilmes

Quilmes, 05 de abril de 2026.

Catedral de Quilmes, miércoles 1° de abril

“Él me envió a llevar la Buena Noticia a los pobres” (Lc. 4, 18)

Queridas hermanas y hermanos.
Queridos Presbíteros y Diáconos:

Todos somos enviados a llevar la Buena Noticia a los pobres, como pueblo de Dios. En este Año Jubilar Diocesano, desde este lugar recordamos las primeras palabras del primer pastor, las palabras del apóstol san Pablo: “Ay de mí si no predicara el Evangelio” (1 Cor. 9, 16)

Acompañados por el pueblo de Dios, los que fuimos llamados al ministerio ordenado queremos renovar nuestro compromiso de fidelidad a Dios y a su pueblo, en el marco de la Misa Crismal, cuyas lecturas bíblicas iluminan y dan sentido a nuestras vidas selladas con el sacramento del Orden.

“Conocer a Jesús es el mejor regalo que puede recibir cualquier persona; haberlo encontrado nosotros es lo mejor que nos ha ocurrido en la vida, y darlo a conocer con nuestra palabra y obras es nuestro gozo” (DA 29)

El evangelio según san Lucas nos presenta a Jesús, en la sinagoga de su pueblo, un día sábado como de costumbre, leyendo al profeta Isaías.

“Ahora nuestros ojos están fijos en Él. Acaba de anunciar un jubileo. Lo ha hecho no como quien habla de otros. Ha dicho: «El Espíritu del Señor está sobre mí» como uno que sabe de qué Espíritu está hablando. Y de hecho añade: «Hoy se ha cumplido este pasaje de la Escritura que acaban de oír». Esto es divino: que la Palabra se haga realidad. Ahora los hechos hablan, las palabras se cumplen. Esto es nuevo, es fuerte. «Yo hago nuevas todas las cosas»”. (Francisco, Misa Crismal, 2025)

Queridos diáconos, queridos presbíteros: en este Jubileo Diocesano queremos vivir hondamente y celebrar este precioso ministerio que Dios nos ha regalado. Las palabras de Jesús nos traen al corazón el día de nuestra ordenación. No es algo que ha quedado en el pasado. El Espíritu ha seguido obrando en nosotros, al modo de Dios, con el amor de un padre, con el amor de una madre.

“Es obra de Dios, no nuestra, la de llevar a los pobres un mensaje de alegría, a los cautivos la liberación, a los ciegos la vista y la libertad a los oprimidos. Si Jesús encontró este pasaje en el libro, hoy lo sigue leyendo en la biografía de cada uno de nosotros. Primero porque, hasta el último día, es siempre Él quien nos evangeliza, quien nos libera de nuestras prisiones, quien nos abre los ojos, quien aliviana la carga puesta sobre nuestros hombros. Y luego porque, al llamarnos a su misión y al insertarnos sacramentalmente en su vida, Él también libera a otros a través de nosotros” (idem)

En su última Misa Crismal, hace veinticinco años, el Padre Obispo Jorge Novak decía desde este mismo lugar:

“El texto evangélico ha hablado de cautiverio, de pobreza, de opresión. Ustedes, presbíteros y diáconos, muy en contacto con el santo pueblo de Dios, conocen sobradamente la dureza de la situación (…) Pero Jesús da también testimonio de un anuncio, que compromete la vida y la actividad de la Iglesia. A los poderosos de esta tierra, sobre todo si se precian de su fe cristiana, les hemos de predicar que no es tolerable una conducción que condena al hambre a verdaderas multitudes. Hemos de predicar, queridos presbíteros y diáconos, que una sociedad organizada según el espíritu del Evangelio ha de respetar el derecho de toda familia a un trabajo seguro, a una vivienda digna, a la salud protegida y a la educación integral. ¡Que los pobres nos vean de su lado y no del lado de los opresores!” (Novak, 12 de abril de 2001)

Hemos querido regalarles la Carta Apostólica “Una fidelidad que genera futuro” del Santo Padre León XIV, con motivo del LX Aniversario de los documentos conciliares “Optatam Totius” y “Presbiterorum Ordinis”. El Papa León nos escribe “para considerar juntos la identidad y la función del ministerio ordenado a la luz de lo que el Señor pide hoy a la Iglesia, prolongando la gran obra de actualización del Concilio Vaticano II” (n. 4). León XIV propone hacerlo a través de la perspectiva de la fidelidad, que es a la vez gracia de Dios y camino constante de conversión, para corresponder con alegría a la llamada del Señor Jesús. El Papa comienza “expresando gratitud por el testimonio y la entrega de los sacerdotes y diáconos que, en todas partes del mundo, ofrecen su vida, celebran el sacrificio de Cristo en la Eucaristía, anuncian la Palabra, absuelven los pecados y se dedican día tras día con generosidad a los hermanos y hermanas, sirviendo a la comunión y a la unidad, y cuidando, en particular, de quienes más sufren y pasan necesidad” (id.) Luego el Santo Padre desarrolla su contenido en cinco puntos: Fidelidad y servicio, fidelidad y fraternidad, fidelidad y sinodalidad, fidelidad y misión, fidelidad y futuro.

Próximos a iniciar formalmente nuestro Tercer Sínodo Diocesano, destaco estas palabras del Papa en su ítem “Fidelidad y sinodalidad”: “En este campo aún queda mucho por hacer. El impulso del proceso sinodal es una fuerte invitación del Espíritu Santo a dar pasos decididos en esta dirección. Por eso reitero mi deseo de invitar a los sacerdotes a abrir de alguna manera su corazón y a participar en estos procesos que estamos viviendo” (n. 21)

En otro de los puntos dice: “La vocación sacerdotal se desarrolla entre las alegrías y las fatigas de un servicio humilde a los hermanos, que el mundo a menudo desconoce, pero del que tiene una profunda sed: encontrar testigos creyentes y creíbles del Amor de Dios, fiel y misericordioso, constituye una vía primordial de evangelización” (n. 23)

Será de mucho fruto la lectura de esta Carta Apostólica para todos y cada uno de nosotros.

En este día en que se expande la fragancia de Cristo que dimana del aceite perfumado, el Santo Crisma, deseamos que se difunda el amor entre nosotros y en todo el santo pueblo de Dios.

De parte de los obispos, nuestro agradecimiento a todos ustedes queridos presbíteros, a ustedes queridos diáconos y a sus esposas, junto con sus hijos, nietos y familia entera. Gracias por la entrega de cada día. Gracias por tantos gestos de amor y de servicio. Gracias por hacer presente la Palabra y predicarla con unción. Gracias por estar junto a los enfermos, a los más olvidados y solos. Gracias por hacer presente a Jesús en la Eucaristía y en el sacramento del perdón. Gracias por acompañar, aconsejar, consolar, sostener y prevenir. Gracias por la oración silenciosa y sostenida por el pueblo. Gracias por los gestos y palabras de solidaridad con los más postergados, y por trabajar por la justicia y la paz.

Gracias por el sufrimiento padecido y ofrecido de nuestros hermanos diáconos y presbíteros sufrientes, que sobrellevan cualquier dolor en su cuerpo o en su espíritu, haciendo presente a Cristo en la Cruz. Queremos estar muy cerca de cada uno, sea que esté internado en una clínica, postrado en la cama de su casa, limitado en una silla de ruedas, o interno en la celda de una cárcel. Hoy están participando espiritualmente con nosotros en esta Eucaristía. Hacemos un momento de oración silenciosa por ellos.

Este es un día en que también, viendo tanta necesidad de sacerdotes, de diáconos, de consagradas y consagrados, se hace imperiosa la oración por el aumento de las vocaciones. Pero a la vez, como nos dice el Papa León XIV: “Debemos tener el valor de hacer a los jóvenes propuestas fuertes y liberadoras, y de que en las Iglesias particulares crezcan los ambientes y las formas de pastoral juvenil impregnadas del Evangelio, donde puedan manifestarse y madurar las vocaciones a la entrega total de sí. Con la certeza de que el Señor nunca deja de llamar (cf. Jn. 11,28), es necesario tener siempre presente la perspectiva vocacional en todos los ámbitos pastorales, en particular en los juveniles y familiares. Recordémoslo: ¡no hay futuro sin el cuidado de todas las vocaciones!

Tenemos un ejemplo de fidelidad a Dios y al pueblo que nos anima y acompaña, tan particularmente presente en nuestra Diócesis: el Santo Cura Brochero. Todos sabemos de su preocupación para que a sus feligreses no les faltara el buen pasto de la Palabra de Dios. Por medio de los Ejercicios Espirituales los condujo al encuentro personal con Cristo. Conocemos su lucha para que tuvieran lo necesario para vivir con dignidad. No le tuvo asco a nada, ni siquiera a perder su reputación en los ámbitos eclesiásticos. Supo estar con todos, sin renunciar a la vivencia del Evangelio. Se inmoló por su pueblo y padeció con su gente las penurias de la pobreza y la postergación. Pero supo luchar con ellos para lograr un mejor progreso para todos, sin exclusiones. En sus épocas de seminarista había escuchado aquella expresión del santo Cura de Ars: “El sacerdocio es el amor del Corazón de Jesús”. Brochero se encargó de hacerlo carne en medio de sus serranos cordobeses. Y cuando, ya leproso y ciego, las fuerzas no lo acompañaron, permaneció rezando, desgranando rosarios por los pasados, presentes y por los que habrían de venir. Hoy trasciende las tierras del centro del país para ser un ejemplo cristiano de fidelidad a Dios y al Evangelio, fidelidad al pueblo y a sus luchas por la justicia y la paz.

Algunos afirman que Brochero estuvo en Quilmes, visitando a su amigo el Padre Bartolomé Ayrolo, teniente cura y luego párroco de esta Iglesia parroquial. Si no lo fue así, sabemos que ahora Brochero sigue visitándonos, viviendo en el corazón de tantas y tantos que “seguimos teniendo puestos los ojos fijos en Jesús”.

Inmaculada Virgen María te pedimos que nos ayudes cada día a mirar a Jesús, y a ser fieles a su llamado: “Ven y sígueme”. Amén

+ Carlos José Tissera
Obispo de Quilmes

Catedral, 29 de marzo de 2026

“Mira que tu rey viene hacia ti, humilde y montado sobre un asna, 
sobre la cría de un animal de carga” 
(Mt. 21, 5)

Hermanas y hermanos:

Con nuestros ramos hoy aclamamos a nuestro rey, Jesús el Mesías prometido, el rey de la paz, el Hijo de Dios. Desde lo hondo del corazón ha brotado esa alabanza: “¡Hosanna!”.

Las lecturas bíblicas hoy nos presentan la persona de Jesús, centro de toda esta Semana Santa, la cual culmina con la celebración del Triduo Pascual. 
 
“Conocer a Jesús es el mejor regalo que puede recibir cualquier persona; haberlo encontrado nosotros es lo mejor que nos ha ocurrido en la vida, y darlo a conocer con nuestra palabra y obras es nuestro gozo” (DA 29)

Contemplar a Jesús, mirarlo, escucharlo, admirarlo, prestarle atención. “Cada mañana Él despierta mi oído para que yo escuche como un discípulo” (Is. 50, 4)

Él quiere enseñarnos, el viene a nosotros, “humilde y montado sobre un asna, sobre la cría de un animal de carga”. Como nos dice San Pablo: “se anonadó a sí mismo, tomando la condición de servidor, y haciéndose semejante a los hombres. Y presentándose con aspecto humano, se humilló hasta aceptar por obediencia la muerte y muerte de cruz” (Flp. 2, 7-8)

Mientras Jesús entra a Jerusalén aclamado por el pueblo que lo seguía, “toda la ciudad se conmovió, y preguntaban: «¿Quién es este?». Y la gente respondía: «Es Jesús, el profeta de Nazaret en Galilea»” (Mt. 21, 10-11). Jesús ya ha empezado a mostrarse como un “signo de contradicción”, como lo había profetizado Simeón, cuando María y José lo habían presentado en el Templo. 

El Mesías no se muestra como muchos esperaban, montado en un brioso caballo, con el poder de los ejércitos, haciendo gala de su fuerza dominadora, ostentando riquezas, opulencia y lucimientos pasajeros. Jesús aparece como uno de tantos, huyendo de toda apariencia vanidosa.

Ese modo de ser llena de envidia y de odio a muchos de los que ostentaban el poder religioso, político y económico de Jerusalén. La persecución y la condena a muerte ya empezó a gestarse en los círculos del poder reinante. El poder religioso y el poder político se confabularon para lograr su cometido. Las profecías se cumplían.

El mismo que fue aclamado como el Mesías Salvador, a pocos días experimentará la traición y el pedido de la multitud, instigada por los poderosos, para que sea crucificado.

Hoy Jesús viene a nosotros humildemente en cada circunstancia de la vida, en el orden personal, comunitario, social. Viene a nuestra realidad de país y del mundo.
Jesús es la luz que viene a disipar las tinieblas, en nuestro corazón y en nuestro exterior. El Misterio de su muerte y resurrección nos muestra el Camino. Ese Camino es la persona misma de Jesús. Él es la paz, la justicia, la verdad, la libertad, el amor. Muchos se quieren presentar como los salvadores del pueblo, del mundo. Estemos atentos. No nos dejemos engañar.

Escuchando la Palabra de Dios hoy, como en toda la Cuaresma y en estos días santos, Él mismo nos enseñará el verdadero camino de la paz, de la justicia, del amor. Él viene hacia vos, hacia mí, hacia toda persona. Viene como el Mesías, como el rey; pero Rey de un Reino muy diferente del reino de los poderosos, de los explotadores, de los que día a día mediante discursos de odio y de venganza, hambrientos de dinero y de poder, siembran muerte y destrucción en todas partes.

Hoy, el Papa León, en su homilía de la Misa en la Plaza San Pedro nos dice: 

“Hermanos y hermanas, este es nuestro Dios: Jesús, Rey de la paz. Un Dios que rechaza la guerra, al que nadie puede utilizar para justificar el enfrentamiento, que no escucha la oración de quienes hacen la guerra y la rechaza diciendo: «Por más que multipliquen las plegarias, yo no escucho: ¡las manos de ustedes están llenas de sangre!» (Is 1,15).

Al mirarlo a Él, que fue crucificado por nosotros, vemos a los crucificados de la humanidad. En sus llagas vemos las heridas de tantos hombres y mujeres de hoy. En su último grito dirigido al Padre escuchamos el llanto de quienes están abatidos, de quienes carecen de esperanza, de quienes están enfermos, de quienes están solos. Y, sobre todo, escuchamos el gemido de dolor de cada uno de los que están oprimidos por la violencia y de cada víctima de la guerra”
.                 

Desde esta porción del pueblo de Dios, que es la Diócesis de Quilmes, queremos repudiar esta “tercera guerra mundial a pedazos” (como decía el Papa Francisco). 

Camino al Tercer Sínodo Diocesano y en el Jubileo de los 50 años de creación de la Diócesis, queremos aclamar a Jesucristo, rey del universo, el Ungido para evangelizar a los pobres y que nos envía a anunciarlo a todos, todos, todos.

“Queremos ser la Iglesia que soñó Jesús: samaritana, cordial, solidaria, y en búsqueda de la justicia y la paz, especialmente con los más pobres; abrazando misericordiosamente a todos”. 

La Virgen, Madre de Jesús y Madre nuestra, nos acompañe en esta Semana Santa, para contemplar, escuchar y seguir a Jesús.

+ Carlos José Tissera
Obispo de Quilmes

Quilmes, 29 de marzo de 2026

El miércoles 1.º de abril, en camino hacia la Pascua, la comunidad diocesana de Quilmes celebrará la Misa Crismal, Será a las 19.00 en la Catedral de Quilmes (Pasaje Papa Francisco 355 -ex Rivadavia-, Quilmes Centro) y se transmitirá en vivo por Youtube.com/DiocesisQuilmesOficial

Acompañamos a los sacerdotes y diáconos en la renovación de sus promesas, y a los obispos en la bendición de los santos óleos y en la consagración del crisma.

Próximos a iniciar la Semana Santa compartimos las celebraciones que presidirán los obispos de Quilmes Carlos José Tissera y Eduardo Gonzalo Redondo.

A continuación, el detalle de los días y celebraciones de estos días centrales para los cristianos:


Domingo de Ramos (29 de marzo)

09.00 h. Misa de Ramos en la Iglesia Catedral (Pasaje Papa Francisco – ex Rivadavia- 355, Quilmes)
P. Obispo Redondo

19.00 h. Misa de Ramos en la Iglesia Catedral (Pasaje Papa Francisco – ex Rivadavia- 355, Quilmes)
P. Obispo Tissera

19.00 h. Misa de Ramos en el Santuario San Cayetano (Mosconi 21, Quilmes Oeste)
P. Obispo Redondo


Miércoles Santo (1.º de abril)

19.00 h. Misa Crismal en la Iglesia Catedral (Pasaje Papa Francisco – ex Rivadavia- 355, Quilmes)
Pp. obispos Tissera y Redondo


Jueves Santo (02 de abril)

10.00 h. Misa y lavatorio de los pies en el Complejo Penitenciario de Florencio Varela
Pp. obispos Tissera y Redondo

19.00 h. Misa de la Última Cena y lavatorio de los pies en la Iglesia Catedral (Pasaje Papa Francisco – ex Rivadavia- 355, Quilmes)
P. Obispo Tissera

19.00 h. Misa de la Última Cena y lavatorio de los pies en el Santuario San Cayetano (Mosconi 21, Quilmes Oeste)
P. Obispo Redondo


Viernes Santo (03 de abril)

15.00 h. Celebración de la Cruz y Vía Crucis en el Santuario San Cayetano (Mosconi 21, Quilmes Oeste)
P. Obispo Redondo

15.00 h. Celebración de la Cruz y Vía Crucis en la Iglesia Catedral (Pasaje Papa Francisco – ex Rivadavia- 355, Quilmes)
P. Obispo Tissera

17.00 h. Vía Crucis en la Iglesia Catedral (Pasaje Papa Francisco – ex Rivadavia- 355, Quilmes)
P. Obispo Tissera

20.00 h. Celebración de la Cruz y Vía Crucis en el Santuario San Cayetano (El Zonda y El Atalaya km. 26, Florencio Varela)
P. Obispo Redondo


Sábado Santo (04 de abril)

19.00 h. Vigilia Pascual en la Iglesia Catedral (Pasaje Papa Francisco – ex Rivadavia- 355, Quilmes)
P. Obispo Tissera

20.00 h. Vigilia Pascual en la Parroquia Sagrada Familia (Calle 148 Nº 1351, Berazategui)
P. Obispo Redondo


Domingo de Pascua (05 de abril)

10.00 h. Misa en la Parroquia Jesús el Niño de Belén (Smith esq. Zeballos, Bernal Oeste)
P. Obispo Tissera

11.00 h. Misa en la Iglesia Catedral (Pasaje Papa Francisco – ex Rivadavia- 355, Quilmes)
P. Obispo Redondo

17.00 h. Misa en Hogares Madre Teresa (Berazategui)
P. Obispo Redondo

19.00 h: Misa en la Iglesia Catedral (Pasaje Papa Francisco – ex Rivadavia- 355, Quilmes)
P. Obispo Tissera