Mensaje a los educadores y educadoras de la Diócesis de Quilmes
Hoy es un día para celebrarlos. El 11 de septiembre, Día del Maestro, es la ocasión que como sociedad y como Iglesia nos damos para decirles gracias a todos y a todas los que se dedican a educar: Maestros, profesores, catequistas, directivos, preceptores, maestranzas, administrativos y representantes legales, todo el enorme mundo de la educación. Quiero que sientan que este mensaje es, antes que nada, un abrazo fraterno y cariñoso y un reconocimiento a la vocación que el Señor les regaló a cada uno.
Y este año la fecha tiene un sabor especial, porque la celebramos a pocos días de un aniversario muy grande para nuestra Iglesia local: El 19 de septiembre se cumplen 50 años de la creación de nuestra Diócesis de Quilmes. Cincuenta años de una comunidad que nació para acompañar, para servir, para estar cerca de la gente en Quilmes, Berazategui y Florencio Varela. Por eso, celebrar hoy a nuestros educadores es también celebrar una parte central de esa historia de 50 años, porque buena parte de lo que somos como Diócesis se construyó, y se sigue construyendo, en las escuelas.
No podemos pensar en este jubileo sin volver a nuestro primer Pastor, el Padre Obispo Jorge Novak. Él llegó a esta tierra en 1976, en tiempos difíciles, marcados por la noche oscura de la dictadura, y eligió un camino claro: escuchar el dolor de las familias, defender la dignidad de cada persona, poner a los más pobres en el centro. Su lema episcopal era simple y hondo a la vez: «Ven, Espíritu Santo». Esa invocación sostuvo toda su tarea pastoral, y hoy sigue siendo una brújula para nosotros.
Ustedes, queridos educadores y educadoras, son herederos de esa historia. Cada día, en las aulas, en los patios, en las reuniones con las familias, siguen sembrando lo mismo que el Padre Novak soñó para esta Iglesia: una comunidad que escucha, que no mira para otro lado, que cuida a cada persona como lo más valioso que tenemos.
Por eso, en este año jubilar, queremos compartir y retomar con ustedes las tres acentuaciones que nos acompañan en nuestro caminar pastoral: Levantar la mirada, desarmar las palabras y custodiar el corazón.
Levantar la mirada es animarnos a ver más allá de lo urgente, a reconocer a cada estudiante, a cada familia, a cada colega, no como un número o un problema, sino como una historia sagrada. En la escuela, levantar la mirada es detenerse a ver quién necesita una palabra, un gesto, una presencia.
Desarmar las palabras es elegir un lenguaje que construya y no que hiera. En un tiempo donde tantas voces gritan y descalifican, ustedes tienen la tarea hermosa de enseñar a dialogar, a escuchar al que piensa distinto, a nombrar la realidad sin violencia. Ese es un servicio profundamente educativo y profundamente evangélico.
Custodiar el corazón es cuidar la vida interior: la propia y la de quienes acompañamos. Ninguna tarea educativa se sostiene sin una vida espiritual que la alimente. Custodiar el corazón es también cuidar el vínculo, la ternura, la paciencia con la que cada día se educa.
Estas tres actitudes no son ajenas al espíritu de nuestro primer Obispo. Levantar la mirada para ver al que sufre, desarmar las palabras para anunciar el Evangelio sin violencia, custodiar el corazón para no perder la fe en tiempos difíciles: eso fue, en el fondo, lo que hizo el Padre Novak a lo largo de casi veinticinco años de servicio a esta Iglesia.
A pocos días de cumplir 50 años como Diócesis, y en este Día del Maestro, damos gracias a Dios por el camino recorrido y renovamos el compromiso de seguir educando con la mirada puesta en el Evangelio.
Gracias por su vocación, por su entrega diaria, por sostener la esperanza en cada aula. Que este día los encuentre reconocidos y agradecidos, y que este año jubilar nos encuentre a todos unidos, con el corazón custodiado por el Espíritu Santo, el mismo que el Padre Novak invocaba al comenzar su ministerio entre nosotros.
Los bendecimos a todos y a todas, con mucho cariño.
Obispo de Quilmes
+ Eduardo Gonzalo Redondo
Obispo Auxiliar de Quilmes










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