HOMILIA MISA DE CLAUSURA DEL AÑO SANTO
Catedral, domingo 28 de diciembre de 2025
“Levántate, toma al niño y a su madre, y regresa…” (Mt. 2, 20)
Hermanas y hermanos:
En esta fiesta de la Sagrada Familia de Jesús, María y José, clausuramos el Año Santo de la Esperanza, inaugurado por el Papa Francisco en la Navidad, abriendo la Puerta Santa de la Basílica de San Pedro, con el lema: “Peregrinos de la esperanza”.
La Palabra hoy nos presenta a la Sagrada Familia peregrinando, primero hacia Egipto, huyendo de la crueldad del rey Herodes, que lleno de miedo porque ha nacido un Rey que pueda competirle en su poder, y ha mandado matar a todos los niños menores de dos años. Todos los días 28 de diciembre celebramos la fiesta de los Santos Inocentes. Peregrinos son María y José con el Niño, para salvar su vida, encontrar un trabajo y un techo hasta mejores tiempos. Es la suerte de tantos y tantas, pueblos enteros también, que hoy viven como migrantes abandonando su tierra, sus seres queridos y sus culturas, debido a las guerras, a las hambrunas, la crisis ambiental, las crisis políticas, raciales y económicas que injustamente deben sufrir por culpa de la ambición del poder, del dinero y de la ostentación de una minoría de la población mundial.
Pero Dios no abandona a sus criaturas. “El Señor está cerca del que sufre, y salva a los que están abatidos” (Sal. 33) San José es el hombre de los sueños, a la manera de José, el hijo de Jacob a quienes sus hermanos mayores le llamaban “el soñador”. Dios guía a José en los sueños, para que cumpla su misión, la de ser custodio de la vida del Niño y de su Madre, desde que María queda embarazada hasta que el Niño creció con ellos en Nazareth. En los sueños de los hombres y mujeres, en los sueños de los pueblos, también habla Dios. El Papa Francisco tenía su sueño: “Cómo quisiera una Iglesia pobre y para los pobres”.
“Cuando murió Herodes, el Ángel del Señor se apareció en sueños a José, que estaba en Egipto, y le dijo: “Levántate, toma al niño y a su madre, y regresa a la tierra de Israel, porque han muerto los que atentaban contra la vida del niño”. Somos “Peregrinos de esperanza”, una “esperanza que no defrauda”. Ya hemos terminado este Año Santo. Seguiremos caminando. Hemos pasado por la Puerta, que es Cristo. Él es nuestra esperanza: Camino, verdad y vida. El Año Santo nos ha renovado como bautizados, como hijos de Dios, por medio de la Palabra, la penitencia y las obras de caridad. La Palabra hoy nos aconseja sabiamente: “Como elegidos de Dios, sus santos y amados, revístanse de sentimientos de profunda compasión. Practiquen la benevolencia, la humildad, la dulzura, la paciencia. Sopórtense los u3os a los otros, y perdónense mutuamente siempre que alguien tenga motivo de queja contra otro. El Señor los ha perdonado, hagan ustedes lo mismo. Sobre todo, revístanse del amor, que es el vínculo de la perfección” (Col. 3, 12-14) Es el sueño de Pablo, que es el sueño de Jesús; es nuestro sueño también.
En esta Misa queremos presentar el Documento de Trabajo Final para el Tercer Sínodo Diocesano, que lleva por lema: “Iglesia de Quilmes ¡camina con la alegría del Evangelio!”. Lo hacemos en el marco del Jubileo de los 50 años de la Diócesis. Hoy están presentes los delegados elegidos, representando a los hermanos y hermanas de las parroquias, de los Consejos, de las Vicarías, de las instituciones de la diócesis y de los diferentes movimientos. Gracias a todos por aceptar esta responsabilidad, y por estar presentes en esta tarde.
También esto es un sueño que se va concretando. Nuestro primer obispo, Jorge Novak, hombre de sueños misioneros desde su juventud, también soñó con hacer un Tercer Sínodo. El Señor lo llamó a su presencia, para que ese sueño siguiera latiendo en los corazones de esta Iglesia particular.
También soñó con la diócesis de los 50 años en aquella alocución conocida como “el sueño de Novak”, en el Congreso Misionero del año 1992. Imaginaba una iglesia misionera, con una jurisdicción muy poblada, con muchos servidores laicos a cargo de las parroquias, con sacerdotes que vivirían en comunidad, con muchos catequistas y ministros laicos, donde cada parroquia se administraría autónomamente porque tendrían un fondo común.
Hace más de treinta años, el primer obispo de Quilmes, nos soñó a cada una, a cada uno de nosotros. Finalizaba esa alocución con estas palabras: “Dejemos esta fantasía para, desde el Cielo, yo por lo menos, ver si se hará historia. El segundo o tercer obispo de Quilmes, escribirá el Libro de Oro con su pueblo”. Herederos del “sueño de Novak” también todos estamos rezando desde septiembre pasado: “Queremos ser la Iglesia que soñó Jesús: samaritana, cordial, solidaria y en búsqueda de la justicia y la paz, especialmente con los más pobres; abrazando misericordiosamente a todos”.
Queridas sinodales, queridos sinodales: hoy recibiremos en mano el Documento de Trabajo Final para el Tercer Sínodo Diocesano. Queremos soñar juntos, en torno a la Mesa tendida para toda la Diócesis de Quilmes, donde “todos, todos, todos” tengan un lugar; expresión viva del banquete del Reino que no tiene fin; Reino que ya ha comenzado aquí, ahora, pero que aún no ha llegado a su plenitud. En esta Mesa de los hijos, todos soñamos con esa Iglesia que Jesús soñó. La que soñaron los padres del Concilio Vaticano II, el Papa Francisco y el Padre Obispo Jorge Novak.
Soñamos que todo bautizado, toda bautizada sea respetado en su dignidad. Dignidad que reconocemos en los hermanos y hermanas de otras Iglesias cristianas. La vocación bautismal está llamada a vivir un discipulado de iguales en dignidad. Todos somos discípulos del mismo Cristo, todos somos parte del mismo Pueblo de Dios. Sobre esta base debe redefinirse el liderazgo de las comunidades cristianas.
Soñamos con una Iglesia que escucha el clamor de los pobres y de la Casa Común y cuida de ellos. Queremos unirnos al sueño del Papa Francisco que revitalizó la mirada de la Iglesia sobre los más vulnerables –los pobres, los excluidos, los marginados– e instaló la urgencia del cuidado de la casa común. Es la opción por los pobres que asumió nuestro primer obispo Jorge Novak, como así también su compromiso en la lucha por los Derechos humanos.
Soñamos con una Iglesia donde las mujeres sean respetadas en su dignidad y tengan igualdad de oportunidades en la Iglesia, que es comunión y participación en la misión de todos los bautizados.
Soñamos con familias que sean lugares de comunión y cenáculos de oración, auténticas escuelas del Evangelio y pequeñas iglesias domésticas.
Soñamos con una Iglesia que camina con los jóvenes, que los escucha, los acompaña y los reconoce como protagonistas activos del presente. Soñamos una Iglesia que acoge en la diversidad, que no excluye, que se anima a recibir a todos con misericordia y ternura, sin importar su historia, orientación o situación vital. Soñamos una Iglesia llamada a renovarse desde la escucha, saliendo al encuentro de quienes están lejos, heridos o desilusionados, dejándose interpelar por los jóvenes y animándose a construir con ellos una comunidad más viva, justa y humana, enraizada en el Evangelio.
Soñamos con una Iglesia que se deja interpelar para caminar juntos como Iglesia sinodal, capaces de escuchar las voces del pueblo, usar un lenguaje comprensible y hacer presente a un Dios que sigue habitando nuestras periferias.
Demos gracias al Niño Jesús, a María y San José porque cuidan de nosotros, familia de Dios. Lo hacemos al finalizar este Año Santo 2025. Todo es gracia, todo lo hemos recibido de sus manos. Queremos encomendar este caminar juntos durante el próximo año 2026, en el que celebraremos las Bodas de Oro de la Diócesis. Queremos encomendar el Tercer Sínodo Diocesano que se desarrollará a través de sus distintas etapas hasta la Asamblea Final. Que el Señor nos conceda vivirlo juntos, animados por nuestros sueños, asistidos por la fuerza del Espíritu Santo, atentos a las enseñanzas del Evangelio y a los clamores de nuestro pueblo.
María, Inmaculada Concepción, nos abrace con la misma ternura con que abrazó al Niño en Belén.
+ Carlos José Tissera
Obispo de Quilmes











