Entradas

El domingo 07 de diciembre por la Imposición de manos y la Oración del Padre Obispo Carlos José Tissera será ordenado diácono en camino al sacerdocio Ezequiel David Ifran, seminarista de la Diócesis de Quilmes.

La celebración eucarística será a las 19 en la Iglesia Catedral de Quilmes (Pasaje Papa Francisco -ex Rivadavia- 355, Quilmes Centro)

Damos gracias a Dios por la vocación de Ezequiel, y rogamos “al dueño de los campos que envíe trabajadores para su cosecha” (cf. Mateo 9, 38). 

HOMILIA MISA DE LA 47ª PEREGRINACION A LUJÁN
Domingo 14 de septiembre de 2025

«Con la Virgen peregrinamos al jubileo diocesano»

Hermanas y hermanos:

Gracias a Dios una vez más nos juntamos en Luján quienes caminamos en la Iglesia diocesana de Quilmes, esta vez convocados con el lema: «Con la Virgen peregrinamos al jubileo diocesano».

El próximo viernes 19 de septiembre se cumplen los 49 años del inicio de nuestra querida Diócesis de Quilmes, conmemorando a su vez los 49 años de la Ordenación de que es nuestro primer pastor, el Siervo de Dios Padre Obispo Jorge Novak.

Por esta razón, comenzaremos ese día el JUBILEO “BODAS DE ORO” DE LA DIÓCESIS DE QUILMES. Estamos todos convocados para participar ese día de la celebración de la Misa inaugural del Jubileo, en nuestra Catedral, a las 19 horas. Septiembre es un mes memorable para Quilmes, Florencio Varela y Berazategui. En Septiembre palpamos las raíces genuinas de nuestro ser como Iglesia particular, que brilla con luz propia dentro de las 3.172 jurisdicciones eclesiásticas en todo el mundo.

Les anuncio hoy, que he formado la COMISIÓN PREPARATORIA PARA EL TERCER SÍNODO DIOCESANO, presidida por el Padre Obispo Eduardo Redondo, auxiliar de Quilmes. A la brevedad, se darán a conocer los nombres de las personas que la integran.

También se ha creado el CALENDARIO del CAMINO DEL TERCER SÍNODO. El mismo deberemos tenerlo en cuenta en los 5 Decanatos. Todas las parroquias, comunidades religiosas, instituciones católicas y movimientos apostólicos, deberán respetar el CALENDARIO DEL SÍNODO cuando diseñen sus calendarios y programen sus actividades para el próximo año 2026.

Se dará a conocer también el REGLAMENTO que regirá la realización del TERCER SÍNODO DIOCESANO.

«Con la Virgen peregrinamos al jubileo diocesano»

Este año queremos peregrinar acompañados por integrantes de la Vida Consagrada. Celebramos juntos su jubileo, que a nivel nacional lo han hecho la semana pasada. Que la Virgen Madre cuide a todas las personas consagradas de la Diócesis. Las saludamos con este fuerte aplauso.

Hoy, con todos los cristianos del mundo celebramos la Fiesta de la Exaltación de la Santa Cruz. Es la Fiesta Patronal secundaria de la Diócesis de Quilmes.

Por eso queremos decir juntos: “Te adoramos Cristo y te bendecimos, porque por tu Santa Cruz redimiste al mundo”.

Hemos escuchado en el Evangelio según san Juan: “De la misma manera que Moisés levantó en alto la serpiente en el desierto, también es necesario que el Hijo del hombre sea levantado en alto, para que todos los que creen en él tengan Vida eterna”.

El destino de Jesús es “ser levantado en alto”, glorificado en la cruz, para que todos lo vean, y todos sepan hasta qué punto ha llegado su amor. Desde la cruz, Él derrama vida para todos, vida en abundancia; y los que la acogen van a tener, ya en este tiempo presente, una vida que no puede ser destruida.

Es por eso que aclamamos diciendo: “Te adoramos Cristo y te bendecimos, porque por tu Santa Cruz redimiste al mundo”.

La “gloria” de la cruz es el revés de la “gloria” del poder de este mundo. Para explicar todo esto a Nicodemo, un importante abogado judío, Jesús recuerda algo parecido que se encuentra en el libro de los Números; ha sido la primera lectura de este domingo. En el desierto, el pueblo de Israel pasó por grandes pruebas por su falta de fe, por sus conflictos y rebeldías. Una fue la plaga de serpientes venenosas que mordían a la gente, causando la muerte. Moisés, por sugerencia de Dios, levantó en un poste una serpiente de bronce. Si uno era mordido y levantaba los ojos a esa serpiente de bronce, quedaba sanado. De modo parecido, la humanidad mordida por la serpiente antigua, la que tentó a nuestros primeros padres en los orígenes, puede encontrar la salvación y la vida mirando a Jesús, levantado en la Cruz. Él es manifestación del amor de Dios, porque “Dios amó tanto al mundo, que entregó a su Hijo único”.

Por eso, con fe y alegría decimos: “Te adoramos Cristo y te bendecimos, porque por tu Santa Cruz redimiste al mundo”.

Esta es la fuente de la verdadera alegría. Es la gran noticia: Dios ama al mundo, con toda su grandeza y con toda su miseria. Por amor, entregó a su propio Hijo para enseñar a la humanidad el camino del amor y de una vida que ni la muerte puede destruir: “para que todo el que cree en Él no muera, sino que tenga la vida eterna”. Un amor ofrecido a todos, todos, todos, sin excepción.

Hace falta levantar la mirada hacia Él, quitando los ojos de las cosas que hacen arrastrar al ser humano en el suelo, sujeto a las mordeduras de la serpiente venenosa. Dios mismo se ofrece en su Hijo Jesús, para acoger todo el sufrimiento y toda miseria humana, para que nadie se sienta solo, en ningún momento de la vida. Ninguno de nosotros es inocente, por supuesto. Pero Jesús no ha venido para juzgar, para condenar. No es el juez al modo como lo imaginaba Juan Bautista. La salvación es gratuita y ofrecida a todos. Él es la luz que brilla en las tinieblas. En nosotros está que decidamos caminar en la luz, o elijamos el camino de las tinieblas.

Seguir a Cristo luz, la luz que es la vida. Es la verdadera vocación de la humanidad. Eso ha sido simbolizado en el rito de la luz, en el día de nuestro Bautismo, cuando recibimos de la Iglesia, por medio de nuestros padrinos, la vela encendida, diciéndonos: “Recibe la luz de Cristo”.

Jesús cumple la profecía de Isaías que dice: “Yo, el Señor, te llamé en la justicia, te sostuve de la mano, te formé y te destiné a ser la alianza del pueblo, la luz de las naciones, para abrir los ojos de los ciegos, para hacer salir de la prisión a los cautivos y de la cárcel a los que habitan en las tinieblas” (Is. 42, 6-7)

Porque somos hijos de la luz, y no de las tinieblas, elevamos nuestros ojos, y contemplando a Cristo en la Cruz, decimos: “Te adoramos Cristo y te bendecimos, porque por tu Santa Cruz redimiste al mundo”.

Jesús también hoy nos dice, como a sus discípulos misioneros: “El que quiera venir detrás de mí, que renuncie a sí mismo, que cargue con su cruz y me siga” (Mt. 16, 24)

Por eso mismo, siguiendo a Cristo, luz de los pueblos, los discípulos misioneros de Cristo llegaremos a ser un reflejo de su luz, como lo proclamaba también el profeta Isaías: “compartir tu pan con el hambriento y albergar a los pobres sin techo; cubrir al que veas desnudo y no despreocuparte de tu propia carne. Entonces despuntará tu luz como la aurora y tu llaga no tardará en cicatrizar; delante de ti avanzará tu justicia y detrás de ti irá la gloria del Señor. Entonces llamarás, y el Señor responderá; pedirás auxilio, y él dirá: «¡Aquí estoy!». Si eliminas de ti todos los yugos, el gesto amenazador y la palabra maligna; si ofreces tu pan al hambriento y sacias al que vive en la penuria, tu luz se alzará en las tinieblas y tu oscuridad será como al mediodía” (Is. 58, 7-10)

La COLECTA NACIONAL MÁS POR MENOS es una expresión de ese amor fraterno. Es una luz de esperanza en estos momentos oscuros que vivimos en la Patria. Los que tienen más, ayudan a los que menos tienen. Lo recolectado en 41 diócesis más pudientes, se reparte entre las 26 diócesis más necesitadas.

Muy distinta sería la Argentina, si los que tienen más poder adquisitivo ayudaran a los que no les alcanza para una vida digna. Qué distinta sería la Argentina si los gobiernos tuvieran en cuenta que los sectores más pudientes deben ser los que con sus impuestos ayuden a la promoción de los sectores más vulnerables. Esto es lo que enseña la centenaria doctrina social de la Iglesia en los principios de la justicia social y de redistribución de la riqueza. Nos suena fuerte esto, en este momento que vivimos, recordando agradecidos la enseñanza del querido Papa Francisco, a casi cinco meses de su pascua.

(Hagamos un momento de silencio, en memoria del Papa Francisco)

Por eso, con gran esperanza decimos acá, en Luján, junto a la Virgen: “Te adoramos Cristo y te bendecimos, porque por tu Santa Cruz redimiste al mundo”.

Traemos también a esta Misa, las palabras de nuestro Papa León, de hace 4 días, en la Plaza de San Pedro, meditando sobre la esperanza, concretamente cuando antes de expirar en la cruz, Cristo gritó: “Dios mío, Dios mío, ¿por qué me has abandonado?”.

“Queridos hermanos y hermanas, aprendamos también esto del Señor Jesús: aprendamos el grito de la esperanza cuando llega la hora de la prueba extrema. No para herir, sino para encomendarnos. No para gritar contra alguien, sino para abrir el corazón. Si nuestro grito es verdadero, podrá ser el umbral de una nueva luz, de un nuevo nacimiento. Como para Jesús: cuando todo parece acabado, en realidad, la salvación estaba a punto de iniciar. Si se manifiesta con la confianza y la libertad de los hijos de Dios, la voz sufriente de nuestra humanidad, unida a la voz de Cristo, se puede convertir en fuente de esperanza para nosotros y para quien está a nuestro lado” (León XIV. Catequesis del miércoles 10 de septiembre de 2025)

Motivo para decir, una vez más: “Te adoramos Cristo y te bendecimos, porque por tu Santa Cruz redimiste al mundo”.

Al finalizar, para acordarnos todos:
– Todos están invitados para el viernes 19 de septiembre, a las 19 horas, en la Catedral: INICIO DEL JUBILEO “BODAS DE ORO” DE LA DIÓCESIS DE QUILMES.
– SEGUNDO ENCUENTRO SINODAL DECANAL: 9 DE NOVIEMBRE.


«Con la Virgen peregrinamos al jubileo diocesano»

+ Carlos José Tissera
Obispo de Quilmes

En esta oportunidad acercamos la carta de invitación a la Diócesis de Quilmes de los padres obispos Carlos Tissera y Eduardo Redondo, para iniciar el año jubilar diocesano el viernes 19 de septiembre a las 19 h.

Esa celebración eucarística de acción de gracias, en el aniversario 49° de la diócesis y de ordenación espiscopal del primer pastor, el Padre Obispo Jorge Novak, será transmitida en vivo en Youtube.com/DiocesisQuilmesOficial

La carta de los obispos de Quilmes se trascribe a continuación.

Carta Invitación a la Diócesis de Quilmes
para el viernes 19 de septiembre de 2025

Hermanas y hermanos de la Diócesis:

El mes de septiembre es muy significativo para nuestra Iglesia particular de Quilmes. Hay dos momentos que cada año celebramos: el segundo domingo y el 19 de septiembre.

Este año, el domingo 14 de septiembre, realizaremos la 47° Peregrinación diocesana a Luján. El lema convocante es: “Con la Virgen peregrinamos al jubileo diocesano”. 

El 19 de septiembre, celebraremos el 49° Aniversario de nuestra Diócesis y de la Ordenación Episcopal de nuestro primer pastor, el Padre Obispo Jorge Novak. Es por eso que el lema para la Peregrinación del próximo domingo es: “Con la Virgen peregrinamos al jubileo diocesano”. 

El viernes 19 de septiembre iniciaremos el JUBILEO DIOCESANO DE LOS 50 AÑOS DE LA DIÓCESIS DE QUILMES. En el año 2026, vamos a realizar el Tercer Sínodo Diocesano

Convocamos a todos, todos, todos, y especialmente a los sacerdotes y diáconos permanentes que están a cargo de las 80 parroquias de la Diócesis, acompañados por representantes de los Consejos Pastorales Parroquiales y de los Consejos de Asuntos Económicos, a participar de la celebración de la Eucaristía de acción de gracias el viernes 19 de septiembre, a las 19 horas, en la Iglesia Catedral

“Con la Virgen peregrinamos al jubileo diocesano”
, comprometiéndonos a ser protagonistas del Camino hacia el Tercer Sínodo. Queremos mirar al futuro de la Diócesis, inspirados en las enseñanzas del Papa Francisco, para anunciar la alegría del Evangelio, en todos los ámbitos de los tres partidos de Berazategui, Florencio Varela y Quilmes.

Los esperamos el viernes 19 de septiembre, a las 19 horas, en la Catedral de Quilmes. 

Fraternalmente los bendecimos con afecto 

+ Carlos José Tissera
Obispo de Quilmes

+ Eduardo Gonzalo Redondo
Obispo Auxiliar de Quilmes

Quilmes, 08 de septiembre de 2025.

Queridas hermanas y hermanos de la Vida Consagrada:

En este Año Santo Jubilar queremos agradecer al Dios de la Vida la múltiple riqueza que regala a nuestra Diócesis de Quilmes a través de cada uno de nuestros carismas.

El tiempo sinodal diocesano también nos invita a caminar juntos, a crecer en la vida fraterna, en el discernimiento comunitario, hacia la interacción y el encuentro de nuestros carismas, hacia la utopía del Reino, cuidadores responsables del ambiente y de los derechos de las generaciones futuras. Es una invitación a dar protagonismo al Espíritu Santo, a vivir desde la centralidad de Jesús y la escucha atenta de la realidad.

Nos decía el Papa Francisco: “con el espíritu de los fundadores que ustedes tienen en el corazón, hagan hoy la pregunta: «Señor, ¿hoy qué debo hacer? ¿Qué debemos hacer?». Y los consagrados son buenos en esto, saben crear nuevos caminos, saben dar… son valientes.

No olvidemos que el camino sinodal es el Espíritu Santo: Él es el líder del camino sinodal, Él es el protagonista. Y la vida consagrada, en esta dinámica, va adelante con los pastores y están disponibles para escuchar, para encontrar, para dialogar, para hacer proyectos juntos. El camino sinodal no es tener respuestas y tomar decisiones: no. 

El camino sinodal es caminar, escuchar -¡escuchar!- escuchar y seguir adelante. El camino sinodal no es un parlamento; el camino sinodal no es una colección de opiniones. El camino sinodal es escuchar la vida bajo la guía del Espíritu Santo, que es el protagonista del Sínodo. Y ustedes recorran este camino con renovado entusiasmo, testigos del Señor resucitado.”
 (14 de abril de 2023)

Escuchar, mirar y tocar la realidad, no despegarse nunca de ella. Los desafíos existen para ser superados y apoyados en la virtud de la esperanza. Seamos realistas, pero sin perder la alegría, la audacia y la entrega plena de esperanza.

¡Un gracias sincero a cada una y a cada uno! El Dios de la Vida les premie todo lo que son y lo que hacen por nuestro pueblo que peregrina en la Diócesis.

El próximo domingo 14 de septiembre celebraremos nuestro Jubileo Diocesano de la Vida Consagrada en la Basílica de Luján. La Virgen María, mujer de esperanza y de entrega incondicional, nos enseñe a ser también nosotros, como lo fue nuestro Padre Obispo, el siervo de Dios Jorge Novak, soñadores de futuro, constructores de una Iglesia pobre, cordial, samaritana y sinodal.

+ Carlos José Tissera
Obispo de Quilmes

+ Eduardo Gonzalo Redondo
Obispo Auxiliar de Quilmes

+ Juan Carlos Romanín sdb
Obispo emérito de Río Gallegos
Vicario de Vida Consagrada 
de la Diócesis de Quilmes

Quilmes, 08 de septiembre de 2025.

Queridos hermanos diáconos y sus familias:

¡Feliz día del Diácono! ¡Feliz Jubileo Diaconal!

Ya les había comunicado mi ausencia para esta fecha. Como miembro de la Comisión Episcopal de Pastoral Social, me encuentro fuera de la Diócesis participando de la “Semana Social” en Mar del Plata. Motivo por el cual, a través el Padre Obispo Eduardo, les hago llegar mi saludo.

En la Misa Crismal todos hemos renovado nuestros compromisos como consagrados por el Orden para el servicio del pueblo de Dios. Con ocasión del Jubileo, en este Año Santo, queremos reavivar el don que el Señor nos ha hecho. Es Él quien nos ha elegido para una misión tan noble y santa. Cada uno de nosotros sabe que llevamos este tesoro en vasijas de barro. Como “peregrinos de la esperanza”, a pesar de nuestras fragilidades, “hay que seguir andando nomás”. Nos ayuda ver que somos un cuerpo maravilloso. Somos más de 120 diáconos permanentes animados por el mismo Espíritu, haciendo un camino sinodal orientados, estimulados y, a la vez, comprometidos en revitalizar nuestro ministerio, transitando por los cuatro cauces señalados por nuestro primer pastor, el Padre Obispo Jorge Novak: la pasión por la misión, la opción preferencial por los pobres, la defensa de los derechos humanos y el ecumenismo. La preparación del Tercer Sínodo Diocesano y la celebración de las Bodas de Oro de la Diócesis, nos encuentre a todos, sin excepción, unidos en el servicio y trabajo desde nuestro Decanato.

Como un humilde presente para este día, quiero compartir con cada uno y sus respectivas familias, un testimonio maravilloso, escrito por uno de los diáconos de larga trayectoria en la diócesis y que el Señor llamó a su presencia el pasado martes 15 de julio: Osvaldo Hussein.

Enterado de su fallecimiento, encontré en el archivo de la Curia, dentro de su carpeta personal, un sobre cerrado, con membrete del obispado, y una inscripción de puño y letra del Padre Obispo Jorge Novak que decía: “archivar en la carpeta de Osvaldo Hussein”. Lo abrí. Me encontré con un relato escrito a máquina, de dos carillas, fechado el 7 de agosto de 1995, donde el diácono Osvaldo testimoniaba lo que ha sido su formación y su vida de diácono en la diócesis. Una verdadera joya. Una perla preciosa de las tantas que guarda esta querida Iglesia de Quilmes. Dicha carta la leí en la Misa de cuerpo presente, ante la presencia de sus tres hijas, nietos, familiares y amigos,

Hoy, mediante el Padre Obispo Eduardo, hago llegar ese testimonio de Osvaldo para ustedes y sus familias, como un obsequio en este día Jubilar.

Que San Lorenzo, diácono y mártir, acompañe a cada uno y los bendiga junto a sus familias.

Fraternalmente

+ Carlos José Tissera
Obispo de Quilmes

Quilmes, 10 de agosto de 2025

Queridos hermanos sacerdotes: 

Muy cercanos a la celebración de nuestro sacerdocio, el 4 de agosto, día del Santo Cura de Ars, quiero hacerles llegar mi saludo fraterno, no sólo porque son colaboradores inmediatos en el ministerio pastoral, sino porque los considero hermanos.

Haber sido designado por el Papa Benedicto XVI para acompañar el camino de esta Iglesia de Quilmes, ha sido una bendición. Desde que llegué a esta diócesis me he sentido muy bien recibido, y en eso ustedes, los sacerdotes, han tenido un papel muy importante. Gracias por la cercanía y la comprensión. Este día sacerdotal, es ocasión para manifestarles este sentimiento.

Estamos en el corazón del Año Santo. Entre tantas motivaciones, es un tiempo para sentir en el corazón la Palabra del Señor que nos dice: “Yo los llamo amigos” (Jn. 15,15). Ese llamado nos une a todos en el seguimiento. Sabemos que ello comporta una constante conversión a ese amor primero. Juntos deseamos dar testimonio que es posible ser sacerdotes felices, porque Cristo nos ha llamado, y Él nos ha hecho sus amigos. Es una gracia que queremos acoger con gratitud y responsabilidad.

No sólo estamos viviendo el Año Santo, como “Peregrinos de la Esperanza”, sino que ya nos encaminamos a iniciar el Jubileo Diocesano, celebrando las Bodas de Oro de la Diócesis. Lo iniciaremos solemnemente el 19 de septiembre en la Catedral. Previamente, en la Peregrinación a Luján, el 14 de septiembre, iremos a pedir a la Virgen que nos acompañe en el camino hacia el Tercer Sínodo Diocesano. Con todo el pueblo de Dios queremos renovar la alegría de predicar el Evangelio, en este siglo XXI, a casi sesenta años de concluido el Concilio Vaticano II.

Los sacerdotes tenemos un papel irremplazable en la animación de este camino sinodal. Juntos, inspirados en la labor pastoral de nuestro primer pastor, el Padre Obispo Jorge Novak, queremos mirar el futuro, celebrando este presente enriquecido por las enseñanzas del Papa Francisco, quien nos ha exhortado a transformar la Iglesia con espíritu sinodal.

El Papa León XIV, en el Encuentro Internacional de los Sacerdotes, nos dijo: “La Encíclica del Papa Francisco ´Dilexit nos´, si bien es un don precioso para toda la Iglesia, lo es de manera especial para nosotros, los sacerdotes. Esta nos interpela con fuerza, nos pide que custodiemos juntos la mística y el compromiso social, la contemplación y la acción, el silencio y el anuncio. Nuestro tiempo nos desafía, muchos parecen haberse alejado de la fe, pero en lo profundo de muchas personas, especialmente de los jóvenes, hay sed de infinito y de salvación. Muchos experimentan como una ausencia de Dios, pero cada ser humano está hecho para Él, y el designio del Padre es hacer de Cristo el corazón del mundo.

Por eso queremos recuperar juntos el impulso misionero. Una misión que propone con valentía y amor el Evangelio de Jesús. A través de nuestra acción pastoral, es el Señor mismo quien cuida de su rebaño, reúne a los dispersos, se inclina sobre los heridos, sostiene a los desanimados. Imitando el ejemplo del Maestro, crecemos en la fe y nos convertimos así en testigos creíbles de la vocación que hemos recibido. Cuando uno cree, se nota, la felicidad del ministro refleja un verdadero encuentro con Cristo, que lo sostiene en la misión y en el servicio”
.

También ese día el Papa León XIV se refirió a nuestro papel en la pastoral vocacional: “Quisiera decir también unas palabras sobre las vocaciones. A pesar de los signos de crisis que atraviesan la vida y la misión de los presbíteros, Dios sigue llamando y permanece fiel a sus promesas. Es necesario que haya espacios adecuados para escuchar su voz. Por eso son importantes los ambientes y las formas de pastoral juvenil impregnadas del Evangelio, donde puedan manifestarse y madurar las vocaciones a la entrega total de sí. ¡Tengan el valor de hacer propuestas fuertes y liberadoras! Al mirar a los jóvenes que en nuestro tiempo dicen su generoso “aquí estoy” al Señor, todos sentimos la necesidad de renovar nuestro “sí”, de redescubrir la belleza de ser discípulos misioneros en el seguimiento de Cristo, el Buen Pastor” (Cfr. Discurso del Papa, 26 de junio de 2025) 

En Argentina, el 4 agosto hacemos memoria del martirio del Beato Obispo Enrique Angelelli, modelo de vida sacerdotal. Nos dejó su testimonio rubricado con su sangre. Antes lo plasmó en sus versos, en ocasión de su 25° aniversario presbiteral:

“Mi vida fue como el camino…
pegadita al arenal
para que la transite la gente
pensando: “Hay que seguir
andando nomás”.


Junto con ustedes, doy gracias a mis queridos hermanos obispos, Eduardo, Luis y Juan Carlos, que con su cercanía y afecto me acompañan en este servicio episcopal.

Hermanos sacerdotes: ¡Feliz día!

+ Carlos José Tissera
Obispo de Quilmes

Quilmes, 1.º de agosto de 2025

HOMILIA EN EL TE DEUM DEL 09 DE JULIO DE 2025
Catedral de Quilmes

Hermanas y hermanos:

Estamos reunidos para celebrar los 209 años de la Declaración de la Independencia por el Congreso reunido en Tucumán el 9 de julio de 1816. Ese día, las manifestaciones populares se concentraron en los alrededores de la Casa de Tucumán, coreando el grito de «Viva la Patria». La sesión del Congreso se extendió hasta altas horas de la noche, por lo que los festejos se llevaron a cabo al día siguiente. Las Provincias Unidas decidieron unirse formando el Congreso General Constituyente de las Provincias Unidas en Sudamérica y buscando un acuerdo con Buenos Aires para afirmar su deseo de soberanía.

Este hecho histórico marcó la ruptura definitiva de la dependencia política de la corona española, completando así el proceso revolucionario que comenzó el 25 de mayo de 1810. Debido a los problemas existentes en las Provincias Unidas, el Congreso se llevó a cabo en Tucumán. Allí, los diputados retomaron las relaciones rompiendo «los violentos vínculos que las ligaban a los reyes de España» y proclamaron a Argentina como «una nación libre e independiente del rey Fernando VII, sus sucesores y metrópoli». Además, días después, agregaron a esta declaración «y de toda otra dominación extranjera», dejando claro que no aceptarían ningún sometimiento al rey de Portugal. 

El 10 de julio se celebró una misa en el templo de San Francisco, a la que asistieron los principales referentes de la sociedad tucumana. Luego, el 21 de julio, se llevó a cabo una gran fiesta popular en el Campo de Carreras, un lugar simbólico debido a la Batalla de Tucumán. Durante esta celebración, Manuel Belgrano y el gobernador Aráoz brindaron sus primeros discursos en los que valoraron el patriotismo de los combatientes y convocaron al apoyo del pueblo.

Fueron 29 diputados del Congreso de Tucumán los que firmaron el acta de Independencia. Cada uno de ellos representaba a aproximadamente 15.000 habitantes. Francisco Narciso de Laprida, diputado por San Juan, presidió la sesión. El vicepresidente fue Mariano Boedo, diputado por Salta. José Mariano Serrano y Juan José Paso fueron los secretarios designados.

Hoy, queridos amigos, venimos a esta Catedral de Quilmes, para alabar a Dios, dando gracias por nuestra Independencia. Eso es el “Te Deum”: un himno de alabanza.

Hermanas y hermanos, el pasaje del evangelio según san Mateo que recién se proclamó nos sorprende con la íntima expresión orante de Jesús, que se empequeñece ante nuestros ojos a la vez que se abre al infinito de Dios en su calidez de Padre. Y Jesús, lleno del Espíritu Santo, exclama: “Te alabo, Padre, Señor del cielo y de la tierra, por haber ocultado estas cosas a los sabios y a los prudentes y haberlas revelado a los pequeños”. Jesús descansa en su centro más profundo: el sentirse Hijo amado, y hermanado en aquellos mismos pequeños que recibieron de sus manos ese amor del Padre.

Ese amor alivia, suaviza, apacienta y en él la vida deja de ser una carga. La solidaridad fraternal que crea quita el agobio y ese peso desmedido con el que nuestra propia presunción y obstinación ahogan el alma.

Dios nos hermana en Jesucristo, para que su amor cuidadoso, paciente, estimulante, nos libere de la ceguera y coraza del propio orgullo y vanidad, revelándonos que, en ese amor, una vida distinta es posible.

Estamos aquí, porque queremos dejarnos iluminar por ese amor de Dios y renovar el sueño memorable que nos acerca la historia de quienes nos precedieron, los que gastaron su vida para que pudiéramos estar aquí. Los que nos hermanaron en su amor a la Patria con su trabajo y lucha por ella, los que se dejaron inspirar en su fe para tener generosidad grande, entrega sin medida.

Jesús en el evangelio nos habla de la humildad. Así como Jesús alaba al Padre por esta revelación a los pequeños, a los humildes, deberíamos también alabar al Padre por haber hecho salir el sol de julio en quienes confiaron en el don de la libertad, esa libertad que hizo brotar en el corazón de aquel pueblo que apostó a la grandeza, sin perder conciencia de su pequeñez.

Intereses y tendencias distintas no ahogaron la semilla que fue creciendo en sacrificio, heroísmo y entrega amorosa al deseo de construir la patria.

La memoria de julio nos señala el arrojo de quienes se fortalecieron en su humilde condición y no escatimaron esfuerzos, sacrificios, renuncias, despojos y muerte para el largo camino de construir un hogar para todos los de buena voluntad que poblaron este suelo argentino.

No cimentaron la Patria en delirios de grandezas desafiantes y poco creíbles, sino en el cotidiano construir, luchar, equivocarse y rectificarse.

Basta recorrer estos más de doscientos años para ver que hubo, como habrá siempre, intereses mezquinos, ambiciones personales y de grupos, pero sólo perduró lo que fue construido para todos, para el Bien Común de todos. 

En el año 2011, el arzobispo de Buenos Aires, Cardenal Jorge Bergoglio, decía en un Te Deum: “Elevando como Jesús nuestra mirada al Padre, reconoceremos a aquellos que desde lo humilde, y sólo desde lo humilde, hoy como aquel entonces, pueden aportar y compartir. Aquellos que pudieron y pueden liberarse del peso de todo lo desmedido que podría haber en sus ambiciones, y cobran vuelo en iniciativas, creatividad y entrega a lo más noble”. “Nos sentimos llamados a pedir la gracia de renovar nuestro espíritu, despertar a nuestra verdad que, por dura que parezca, no deja de ser esperanzadora, ya que el que se encuentra consigo mismo, con los demás y con Dios, se encuentra con la verdad, y sólo la Verdad nos hace libres (Jn. 8, 33)”.

Hoy, conmemoramos también el 24° aniversario del fallecimiento de nuestro primer pastor, el Padre Obispo Jorge Novak. Luego rezaremos ante su tumba. En este sur del gran Buenos Aires, con su humildad y su amor a los humildes, fue un verdadero prócer que iluminó con el Evangelio las oscuridades de la injusticia, de la corrupción y del desprecio de la dignidad de la vida humana. Su ejemplo nos anime en nuestro camino de esperanza.

+ Carlos José Tissera
Obispo de Quilmes

HOMILIA DE LA MISA DEL 24° ANIVERSARIO DE LA PASCUA DEL PADRE OBISPO JORGE NOVAK
 Catedral de Quilmes, martes 8 de julio de 2025

Hermanas y hermanos:

Hemos participado recién de un momento histórico de nuestra Iglesia diocesana y del partido de Quilmes: la inauguración del pasaje Papa Francisco, que comprende el tramo de la calle Rivadavia entre las calles Mitre y Sarmiento. Lo hacemos a casi tres meses de su pascua, en el contexto del Año Santo que él inauguró con el lema: “Peregrinos de la esperanza”.

Como cada año, hoy nos hemos congregado para hacer memoria agradecida en el 24° aniversario de la pascua de nuestro primer pastor, el Siervo de Dios Padre Obispo Jorge Novak, convocados por el lema: “Novak, peregrino de esperanza”.

El evangelio que se ha proclamado nos presenta a Jesús peregrino. Luego del sermón de la montaña, Jesús recorre Galilea predicando el Reino con palabras y señales milagrosas. La presencia del reinado de Dios, sin embargo, es y seguirá siendo signo de contradicción: mientras que la multitud de los pobres y sencillos se asombra con profunda alegría, los fariseos de siempre, ciegos y sordos de profesión, se confirma en su ceguera y sordera, y chismosean: “expulsa demonios con el poder del jefe de los demonios”.

En el peregrinar por pueblos y ciudades, Jesús predica en las sinagogas “proclamando la Buena Noticia del Reino y sanando todas las enfermedades y dolencias. Al ver a la multitud, tuvo compasión, porque estaban fatigados y abatidos, como ovejas que no tienen pastor”. Los destinatarios de la misericordia de Jesús son los marginados de la sociedad, especialmente por los grupos de dirigentes y religiosos: el ancho mundo de los maltratados y abatidos, esos hombres y mujeres de todos los tiempos ante los que Jesús siente una compasión que le revuelve las entrañas, y a los que hace destinatarios privilegiados del anuncio y de la realidad del reinado de Dios. Destinatarios privilegiados de Jesús son, sobre todo, los pobres. Es justamente en la opción preferencial por el pobre donde la Iglesia se juega la credibilidad de su misión, como continuadora en cada tramo de la historia del proyecto de Jesús, el reinado de Dios; así manifestará la urgencia y universalidad de su misión.

Jorge Novak desde muy pequeño fue atraído por la misión de Jesús. De joven se consagró totalmente para ser misionero del Reino. Como todo peregrino, fue un soñador. Soñaba con ir a lejanas tierras, para hacer presente el nombre de Jesús entre los no creyentes. Así lo contaba al inaugurar el Primer Sínodo Diocesano, el 21 de septiembre de 1981: “Al ordenarme presbítero, en 1954, había pedido a mis superiores ser enviado a Nueva Guinea, la gran isla de Oceanía. Mi sueño misionero me había llevado muchas veces ahí… había deseado vivir en el anonimato del servidor del Evangelio. No fue ése mi itinerario… El Concilio Vaticano II despertó en mí el más vivo y sincero interés. Con espontaneidad asumí el cambio que comportaba…”.

“Novak, peregrino de esperanza”. Nuestro primer pastor fue un misionero de pura cepa, por decir una “antigüedad”. Sus sueños juveniles fueron potenciando su misión episcopal. Así lo expresó en su primer mensaje en el día de su ordenación episcopal: “¡Ay de mí si no predicara el Evangelio!” (2 Co. 9, 16) Así lo expresa en una carta promocionando las Obras Misionales Pontificias: “Aunque con altibajos, la Iglesia ha sido fiel al mandato de Cristo, recorriendo incansablemente las rutas del mundo, en busca del hombre, para anunciarle y ofrecerle la salvación de Cristo” (21/09/1982)

Misionero incansable, Novak supo formar su Iglesia en un espíritu acorde a los tiempos postconciliares, lo podemos apreciar en las palabras de inicio del Primer Congreso Diocesano Misional: “La inserción misionera es la forma más eminente de la misericordia, ya que ofrece por sobre todo la liberación más radical de la miseria humana: la del pecado, la falta de amor fraterno y la muerte eterna… Por el amor de misericordia, la tarea del misionero se hace activa y liberadora, capaz de transformar las realidades de miseria en fraternidad y santidad…” (10/10/1992) Es bueno recordar esta enseñanza en tiempos que desde adentro y fuera de la Iglesia se cuestiona tan farisaicamente la justicia social predicada por la Doctrina Social de la Iglesia.

El año pasado, el Papa Francisco, en su catequesis sobre la virtud de la justicia decía: “Los justos no son moralistas que se erigen en censores, sino personas rectas que «tienen hambre y sed de justicia» (Mt 5,6), soñadores que custodian en su corazón el deseo de una fraternidad universal. Y de este sueño, especialmente hoy en día, todos tenemos una gran necesidad. Necesitamos ser hombres y mujeres justos, y esto nos hará felices”. (03/04/2024)

En su Mensaje en el Simposio “Plantando bandera frente a la deshumanización”, expresó esta propuesta, entre otras: “Luchar por los derechos de tierra, techo y trabajo como derechos sagrados”, y agregó: “estos son pilares fundamentales para la justicia social. Nuestro camino sigue soñando y trabajando juntos para que trabajadores tengan derechos; todas las familias, techo; todos los campesinos, tierra; todos los niños, educación; todos los jóvenes, futuro; todos los ancianos, una buena jubilación; todas las mujeres, igualdad de derechos; todos los pueblos, soberanía; todos los indígenas, territorio; todos los migrantes, acogida; todas las etnias, respeto; todos los credos, libertad; todas las regiones, paz; todos los ecosistemas, protección. Es un camino permanente, habrá avances y retrocesos, habrá errores y aciertos, pero no tengan duda: es el camino correcto”. (23/09/2024)

Con dolor y esperanza de buen pastor, también escuchamos decir de nuestro primer obispo: “Un país, como el nuestro, que continúa llamándose cristiano, ha de ver realizado el proyecto divino que brilla en cada página del Evangelio. Cuando respetemos esta enseñanza de Cristo habrán desaparecido situaciones intolerables como la desocupación, el abuso de los niños, la desesperanza de los jóvenes, el abandono de los ancianos” (Celebración Ecuménica, 01/08/1997) Sus palabras nos siguen resonando, invitándonos a la conversión y a la esperanza. Como hoy Jesús nos dice, que roguemos al dueño de los sembrados que envíe trabajadores para la cosecha. En nuestras comunidades acompañemos, alentemos, con la oración y cercanía, a nuestras chicas y chicos que quieren consagrar su vida entera al servicio del Reino.

Jesús sigue caminando junto a nosotros, derramando su Espíritu Santo para que encarnemos su Evangelio. Nos ha regalado la vida y el ministerio episcopal de nuestro primer pastor diocesano. Desde el Cielo, como lo fue en esta tierra, el Siervo de Dios sigue mostrando el camino hacia la Patria eterna, construyendo en esta Iglesia de Quilmes, el Reino de justicia, de verdad, de paz y de amor. Claramente así lo decía: “Queremos ser la Iglesia de los pobres, la Iglesia para los pobres. Pero sin sectarismos, sin falsos mesianismos, sin ideologizaciones. Nos remitimos al juicio de Dios, que conoce nuestras intenciones y nos da la fuerza de su Espíritu para el cumplimiento de la misión confiada” (Misa en la Parroquia Nuestra Señora de Itatí. 20/12/1990)

Queremos ser “Peregrinos de la esperanza” acompañados y pastoreados por nuestro Papa León XIV, que el pasado 29 de junio nos decía: “Los santos Pedro y Pablo nos interpelan también sobre la vitalidad de nuestra fe. En la experiencia del discipulado, de hecho, siempre existe el riesgo de caer en la rutina, en el ritualismo, en esquemas pastorales que se repiten sin renovarse y sin captar los desafíos del presente. En la historia de los dos apóstoles, en cambio, nos inspira su voluntad de abrirse a los cambios, de dejarnos interrogar por los acontecimientos, los encuentros y las situaciones concretas de las comunidades, de buscar caminos nuevos para la evangelización partiendo de los problemas y las preguntas planteados por los hermanos y hermanas en la fe”.

El próximo 19 de septiembre, al celebrar los 49 años de la creación de la Diócesis y de la Ordenación episcopal del Padre Obispo Novak, comenzaremos el Año Jubilar celebrando las Bodas de Oro de la Diócesis. Un hecho de singular importancia será la celebración del Tercer Sínodo Diocesano. Pidamos al Siervo de Dios nos acompañe en esta preparación, en este peregrinar juntos. Que él, desde el Cielo, nos anime a ser mujeres y hombres de la sinodalidad. Fieles y pastores, unidos en la misma fe, esperanza y amor, renovando la Iglesia que Novak soñó.

Agradeciendo una vez más la presencia de ustedes en esta tarde, vísperas del día de la Independencia, en el que Novak vivió su pascua, miramos a la Virgen Inmaculada, patrona de la Diócesis de Quilmes. Ella guía nuestro peregrinar. Ante la Virgen, renovemos nuestro propósito de ser discípulos misioneros, “peregrinos de esperanza”.

+ Carlos José Tissera
Obispo de Quilmes

=================================================================


«Pasaje Papa Francisco.» Nuevo nombre de la calle del frente de la Catedral de Quilmes.

El Papa Francisco trasciende las fronteras de la fe, de una religión, de un país. Nos queda en el corazón el sentimiento de que Francisco es de todos, todas.

Hablar, pensar y rumiar la memoria viva del Papa Francisco, lleno de gestos y palabras que nos ayudaron y nos ayudan a descubrir, a profundizar, a recuperar la dimensión de la fe en nuestra vida; con el diario del lunes no es difícil.

Parece que de repente, con su partida se nos abrieron los ojos y el corazón y nos encontramos con una catarata de signos, expresiones y convicciones que nos deja atónitos con tanta humanidad, profetismo, sentido común y profundidad. Está bueno también que nos caiga la ficha de que, en algún punto, esto ocurre solamente en nuestro país. Para la mayoría de la humanidad Francisco fue y es el único referente ético y religioso creíble que marcó la pauta, con su palabra y su presencia, delante de las situaciones más injustas que ocurren en nuestro planeta en la última década, los más pobres, los migrantes, las guerras y sus víctimas, la venta de armas, la trata de personas, el narcotráfico, el cuidado de la casa común. Sin embargo, muchos, en nuestra patria, como dijo un obispo poco después de su muerte, «a Bergoglio en Argentina no lo dejamos ser Francisco».

Muchísimos lo sentimos y lo vivimos como cercano, amigo y confidente. Podemos decir que nos cambió la vida. Cuando estaba vivo, pensamos que lo cuidábamos si no compartíamos la cercanía con él. Ahora descubrimos que esa distancia corta, ese trato cercano y paternal, esa cartita que alguna vez recibí, donde me habla personalmente… ese trato lo tenía con todos. Escuchaba con atención y respondía con corazón. Es por eso que a tantos nos conmovía su presencia, y sus gestos. En un mundo que despersonaliza, fue un hombre con corazón.

Escucharlo, procesarlo y asimilarlo nos llevara tiempo. Francisco nos provoca, desde la locura del seguimiento de Jesús, a asumir procesos y caminos nuevos en el ámbito y la vida de cada uno, en la Iglesia, en la familia, en la política, en nuestros valores y posturas delante de tantas situaciones que nos toca transitar cotidianamente. Tenemos que ir asumiendo que hay estructuras, mentalidades y prácticas que son caducas, que no suman, que tienen que morir para que pueda resucitar la buena noticia de Jesús, que siempre se traduce en vida en abundancia, con tierra, techo y trabajo para todos, en este momento y en este lugar donde vivo y comparto a vida con otros. En la Iglesia llamamos a este proceso «conversión», que tiene una dimensión personal, Comunitaria, social, política, religiosa estructural. Y este proceso dura toda la vida. Sinónimo de conversión en palabras de Francisco podríamos decir:

“El amor del Señor no se ha acabado, no se ha agotado su ternura. Donde está Dios, hay esperanza; y donde hay esperanza, las personas encuentran su dignidad. Hagamos la revolución de la ternura”.

Su mirada y su corazón tienen en el centro el amor a Dios y a su Pueblo. Nos hace soñar con una Iglesia de puertas abiertas y en salida misionera:

– Nadie puede exigirnos que releguemos la religión a la intimidad secreta de las personas, sin influencia alguna en la vida social y nacional. Una auténtica fe siempre implica un profundo deseo de cambiar el mundo.

– Una Iglesia con las puertas cerradas se traiciona a sí misma y a su misión, y en vez de ser puente, se convierte en barrera. La Iglesia no es una aduana. Es la casa paterna, donde hay lugar para cada uno. La Iglesia es la portera de la casa del Señor, no es la dueña.

– ¡Quiero que la iglesia salgo a la calle! Prefiero una iglesia accidentada, herida y manchada por salir a la calle, antes que una Iglesia enferma por el encierro y la comodidad de aferrarse a las propias seguridades. No quiero una Iglesia preocupada por ser el centro y que termine clausurada en una maraña de obsesiones y procedimientos.

– Todos somos invitados a aceptar este llamado: salir de la propia comodidad y atreverse a llegar a todas las periferias que necesitan la luz del Evangelio.

– ¡No nos dejemos robar el entusiasmo misionero! ¡No nos dejemos robar la alegría evangelizadora!

– ¡No nos dejemos robar el Evangelio! ¡No nos dejemos robar la fuerza misionera!


Nos lleva a pensar criterios globales con una mirada concreta y realista en lo que nos toca vivir cotidianamente:

– Nadie puede sentirse exceptuado de la preocupación por los pobres y por la justicia social. Ruego al Señor que nos regale más políticos a quienes les duela de verdad la sociedad, el pueblo, la vida de los pobres.

– El sistema social y económico es injusto en su raíz. ¡No a una economía de la exclusión! Esa economía mata. ¡No a la inequidad que genera violencia!

– ¡No a la nueva idolatría del dinero! ¡No a un dinero que gobierna en lugar de servir! El dinero debe servir y no gobernar. Parece que lo hubiera escrito para nosotros en el hoy de nuestro país.

“La causa principal de la pobreza es un sistema económico que ha quitado a la persona del centro y ha puesto al dios dinero, un sistema económico que excluye, excluye siempre, excluye a los niños, ancianos, jóvenes sin trabajo… y que crea la cultura del descarte en la que vivimos. Nos hemos acostumbrado a ver personas descartadas. Esta es el motivo principal de la pobreza, no las familias numerosas.

Debemos inmiscuirnos en la política, porque la política es una de las formas más altas de la caridad, porque busca el bien común. Y los cristianos deben trabajar en política.

Trabajar por el bien común es un deber del cristiano. Y muchas veces para trabajar, el camino a seguir es la política

¡No a la guerra entre nosotros! ¡Si a las relaciones nuevas que genera Jesucristo! (No nos dejemos robar el ideal del amor fraterno. No nos dejemos robar la comunidad)

Descubrir a Jesús en el rostro de los demás, en su voz, en sus reclamos”.

– El Papa ama a todos, pera tiene la obligación, en nombre de Cristo, de recordar que los ricos deben ayudar a los pobres, respetarlos, promocionarlos. Existe un vínculo inseparable entre nuestra fe y los pobres. Nunca los dejemos solos.

– De nuestra fe en Cristo hecho pobre, y siempre cercano a los pobres y excluidos, brota la preocupación por el desarrollo integral de los más abandonados de la sociedad.

– El corazón de Dios tiene un sitio preferencial para los pobres, tanto que hasta Él mismo se hizo pobre. La pobreza está en el centro del Evangelio. ¡Cómo quisiera una iglesia pobre y para los pobres!

– Hoy y siempre, las pobres son los destinatarios privilegiados del Evangelio. Para la iglesia, la opción por los pobres es una categoría teológica antes que cultural, sociológica, política o filosófica.

– Estamos llamados a descubrir a Cristo en los pobres, a prestarles nuestra voz en sus causas, pero también a ser sus amigos, a escucharlos, a interpretarlos y a recoger la misteriosa sabiduría que Dios quiere comunicarnos a través de ellos.

– Sin la opción preferencial por los más pobres, el anuncio del Evangelio corre el riesgo de ser incomprendido. Es necesario que todos nos dejemos evangelizar por los pobres.


Finalmente, queriendo aprender de los errores y de los aciertos del pasado, asumamos el desafío que Francisco nos dejó para este tiempo: «Ser peregrinos de esperanza.»

– Aprendamos a mezclarnos, encontrarnos, tomarnos de los brazos, apoyarnos, participar de una verdadera experiencia de fraternidad.

– «Dios quiso entrar en una dinámica popular, en la dinámica de un pueblo»
 (GE. n.6)

Pidámosle a Dios, por intercesión de Francisco y de nuestro Siervo de Dios el Padre Obispo Jorge Novak, del que hoy celebramos también su Pascua, que nos regale el coraje que nace de sabernos acompañados y sostenidos por otros y el coraje de animarnos a confiar y hacer camino juntos. Amén

+ Eduardo Gonzalo Redondo
Obispo Auxiliar de Quilmes

HOMILIA DE LA MISA DE INICIO DEL PONTIFICADO DE LEON XIV
Memoria agradecida en el 25° aniversario del P. Obispo Gerardo Tomás Farrell
Catedral de Quilmes, domingo 18 de mayo de 2025

Hermanas y hermanos:

Como Peregrinos de la Esperanza nos reunimos en nuestra Catedral para unirnos al acontecimiento histórico del inicio del Pontificado del Papa León XIV, obispo de Roma, y para hacer memoria agradecida del Padre Obispo Gerardo Farrell, obispo coadjutor de Quilmes, en el 25° aniversario de su pascua. Agradecemos la presencia de todos, como también la oración de los que participan a través de las redes sociales.

León XIV, esta mañana en su homilía ha dicho: “¡Es la hora del amor!”. El amor nos reunió hace menos de un mes en esta Catedral para consolarnos y rezar por el Papa Francisco que falleció el lunes de Pascua. Hoy nos congregamos con el mismo amor, para celebrar el gran regalo que Dios nos ha hecho, por medio de la elección de los cardenales reunidos en el Cónclave, la vida y el ministerio del cardenal Robert Francis Prevost, quien ha elegido el nombre de León XIV.

La misión de Jesús ha sido la de manifestarnos el amor del Padre y enseñarnos a vivir como hijos e hijas, realizando un proyecto de vida que sea reflejo del amor del Padre. Lo ha enseñado con palabras y hechos, viviendo coherente y fielmente el camino del amor, hasta dejarse matar. Lo asesinan los que se oponen a ese proyecto, porque tienen otro muy distinto, y se siente juzgados y amenazados en sus intereses por la propuesta de Jesús.

“¡Es la hora del amor!, ámense también ustedes los unos a los otros” son las palabras de Jesús de este evangelio proclamado en este 5° domingo de Pascua. Es el testamento de Jesús para sus discípulos y para toda la humanidad. Son palabras que Jesús pronunció, en aquel Jueves Santo, en el lugar de la última Cena. Reunidos para comer el cordero pascual, se mostró como el que sirve, lavando los pies a los discípulos. Los llamó amigos. Se despidió de ellos con palabras de gran ternura y con firme decisión, les dijo que había llegado la hora de ser glorificado. Todo comenzó cuando Judas empezó a concretar su traición. Comenzaba la pasión en el corazón traspasado de Jesús, lleno de dolor por la acción cobarde y oscura de uno de los que había elegido para que lo siguiera. La glorificación empieza a manifestarse como entrega de la vida, como el cordero que se desangra en sacrificio. Con hechos, Jesús va haciendo la voluntad del Padre: dar la vida por los amigos. Para el discípulo de Jesús, vivir para la mayor gloria de Dios significará reproducir en su vida ese mismo amor, animado por su Espíritu.

“¡Es la hora del amor!” “Todo a mayor honra y gloria de Dios” (AMDG) es el lema de la Compañía de Jesús, la orden fundada por San Ignacio de Loyola (los jesuitas), frase que él usaba constantemente en sus escritos. El Papa Francisco tuvo ese lema para su vida consagrada. La gloria de Dios es amarlo, y amarnos como Él nos amó. Esa es la “Alegría del Evangelio”. “Tu Dios está en medio de ti, poderoso salvador. Él exulta de gozo por ti, te renueva con su amor, y baila por ti con gritos de júbilo” (Sof. 3,17) (EG 4) Francisco ha hecho vida aquello que él mismo redactó en el Documento de Aparecida: “La vida se acrecienta dándola y se debilita en el aislamiento y la comodidad. De hecho, los que más disfrutan de la vida son los que dejan la seguridad de la orilla y se apasionan en la misión de comunicar vida a los demás” (DA 360)

“¡Es hora del amor!”. El 8 de mayo, día de la Virgen de Luján, tuvimos la alegría de la “fumata blanca”. “Habemus Papam” se proclamó a todo el mundo. Luego de ansiosos minutos, vimos aparecer al nuevo obispo de Roma: León XIV. Nos saludó deseándonos paz. No podemos ocultar nuestra alegría que en medio de su primera alocución tuviera unas palabras llenas de agradecimiento y de cercanía a su diócesis de Chiclayo, en Perú, dichas en perfecto español. Los cardenales habían elegido un misionero de alma; un religioso agustino, nacido en Estados Unidos de América, y que había optado ser ciudadano de un país latinoamericano. Lo tomamos como una gran delicadeza de Dios, porque lo sentimos muy cercano a esta Latinoamérica nacida junto a la cruz de Jesús y el manto de María, y que peregrina como pueblo de esperanza, agobiado por las injusticias, paciente y a veces tentado por la violencia.

Esta mañana el Papa se ha expresado al mundo entero con claridad. Nos ha dicho: “Fui elegido sin tener ningún mérito y, con temor y trepidación, vengo a ustedes como un hermano que quiere hacerse siervo de su fe y de su alegría, caminando con ustedes por el camino del amor de Dios, que nos quiere a todos unidos en una única familia.

Amor y unidad: estas son las dos dimensiones de la misión que Jesús confió a Pedro”


Y dijo el Papa más adelante:

“Cuando Jesús le pregunta a Pedro: «Simón, hijo de Juan, ¿me amas?» (Jn 21,16), indica pues el amor del Padre. Es como si Jesús le dijera: sólo si has conocido y experimentado el amor de Dios, que nunca falla, podrás apacentar a mis corderos; sólo en el amor de Dios Padre podrás amar a tus hermanos “aún más”, es decir, hasta ofrecer la vida por ellos”

“A Pedro, pues, se le confía la tarea de “amar aún más” y de dar su vida por el rebaño. El ministerio de Pedro está marcado precisamente por este amor oblativo, porque la Iglesia de Roma preside en la caridad y su verdadera autoridad es la caridad de Cristo. No se trata nunca de atrapar a los demás con el sometimiento, con la propaganda religiosa o con los medios del poder, sino que se trata siempre y solamente de amar como lo hizo Jesús”.

“Hermanos y hermanas, quisiera que este fuera nuestro primer gran deseo: una Iglesia unida, signo de unidad y comunión, que se convierta en fermento para un mundo reconciliado.”

“En nuestro tiempo, vemos aún demasiada discordia, demasiadas heridas causadas por el odio, la violencia, los prejuicios, el miedo a lo diferente, por un paradigma económico que explota los recursos de la tierra y margina a los más pobres. Y nosotros queremos ser, dentro de esta masa, una pequeña levadura de unidad, de comunión y de fraternidad. Nosotros queremos decirle al mundo, con humildad y alegría: ¡miren a Cristo! ¡Acérquense a Él! ¡Acojan su Palabra que ilumina y consuela! Escuchen su propuesta de amor para formar su única familia: en el único Cristo somos uno. Y esta es la vía que hemos de recorrer juntos, unidos entre nosotros, pero también con las Iglesias cristianas hermanas, con quienes transitan otros caminos religiosos, con aquellos que cultivan la inquietud de la búsqueda de Dios, con todas las mujeres y los hombres de buena voluntad, para construir un mundo nuevo donde reine la paz”

“Este es el espíritu misionero que debe animarnos, sin encerrarnos en nuestro pequeño grupo ni sentirnos superiores al mundo; estamos llamados a ofrecer el amor de Dios a todos, para que se realice esa unidad que no anula las diferencias, sino que valora la historia personal de cada uno y la cultura social y religiosa de cada pueblo” “Hermanos, hermanas, ¡esta es la hora del amor!”


Hoy recordamos al Padre Obispo Gerardo Tomás Farrell, a 25 años de su pascua. En esta Catedral descansan sus restos, junto al Padre Obispo Jorge Novak. Ordenado sacerdote en 1960 en su diócesis de Morón, desarrolló una intensa labor pastoral. Era teólogo y sociólogo. Fue muy valorado su accionar en los ámbitos de la educación y en la formación del clero y en la vida religiosa. Sus obras de carácter pastoral aportaron una mirada original sobre los grandes temas eclesiales de naturaleza histórica y social: “Situación social de Morón, Merlo y Moreno” (1971; 1973), “Iglesia y Pueblo en Argentina” (1976; 1986; 1988; 1992); “Comentario a la Evangelii Nuntiandi” (1978); “Religiosidad Popular y Fe” (1979); “Doctrina Social de la Iglesia” (1983; 1984; 1991); “Argentina como cultura” (1988); “Liberalismo, Iglesia y Nuevo Orden” (1991); “Magisterio social latinoamericano a los 25 años de Medellín” (1994), entre otras colaboraciones en distintas publicaciones eclesiales. La Iglesia en Argentina lo tuvo entre sus estrechos colaboradores como Secretario Ejecutivo de la Comisión Episcopal de Pastoral (1967-1972) y Secretario Ejecutivo de la Comisión Episcopal de Pastoral Social en los períodos 1982-1984; 1987-1991; 1991-1993.

El 29 de marzo de 1997 fue preconizado Obispo Coadjutor de Quilmes por Juan Pablo II, consagrado en Morón el 12 de abril del mismo año por el obispo Justo Oscar Laguna, bajo el lema episcopal «Lumen Gentium Christus» (Cristo, luz de los pueblos). Tres días después de su ordenación episcopal, el 15 de abril, se presentó formalmente en la Diócesis de Quilmes ante la persona de nuestro obispo Jorge Novak, iniciando su presencia pastoral en la Celebración Eucarística de Pentecostés de ese mismo año. Como Obispo Coadjutor de Quilmes se dedicó a las áreas de la Pastoral Social, de Catequesis, de Educación Católica, de Cáritas, de Comunicación Social, de Administración y de la Fundación Jorge Novak.

Fue nombrado presidente del Consejo de Educación Católica de la Provincia de Buenos Aires en octubre de 1997, y un año después fue designado Presidente del Primer Congreso de Educación Católica bonaerense. En noviembre de 1997 asistió como perito a los Obispos argentinos delegados del Sínodo de América que tuvo lugar en Roma. Un mes más tarde visitó la misión de la Diócesis de Quilmes en la República de Benín, África.

Aquejado por una grave dolencia desde septiembre de 1999, el obispo Farrell falleció el 19 de Mayo de 2000.

Agradecemos su labor generosa y valiosa en la Diócesis. Pedimos por él, y que junto a Dios interceda por nosotros.

La Virgen santa cuide de nuestro querido Papa León, y nos acompañe como peregrinos de la Esperanza, proclamando al mundo el amor de Dios con alegría.

+ Carlos José Tissera
Obispo de Quilmes

Queridos hermanos y hermanas 
que caminamos en la diócesis de Quilmes:

El lunes 21 de abril, octava de Pascua, sorprendió al mundo y a cada uno de nosotros la partida de nuestro querido Hermano Mayor, el Papa Francisco. Nuestra humanidad llora y esta realidad se nos vuelve consciente muy lentamente porque «(…) cuantas veces nos engaña la ilusión de ser eternos” [1]. Sin embargo, su vida, centrada en la buena noticia de Jesús, comprometida al servicio de “todos, todos, todos”, partiendo desde los pobres y vulnerables, nos impulsa a no perder la esperanza ni declinar la alegría del evangelio siendo conscientes de que el sentido de la vida está en donarla sin guardarnos nada. Hasta el último momento de su vida, Francisco, en la fragilidad de su estado de salud, entregó su vida con sus palabras y su presencia concreta el último domingo de pascua recorriendo la plaza de San Pedro.

Francisco, enfermo, frágil y vulnerable nos regaló el anuncio de la resurrección: ¡Cristo vive y te quiere vivo! nos regaló la gracia de vivir la fe con el corazón el cielo y los pies en la tierra.

Con la certeza de que en su corazón la luz de la resurrección es el cumplimiento de la promesa hacemos nuestras sus palabras:

«El Señor nos dice que estemos preparados para el encuentro, la muerte es un encuentro: es Él quien viene a encontrarnos, es Él quien viene a tomarnos de la mano y llevarnos con él. 

¡No quisiera que esto sea un aviso de funeral! Es simplemente el Evangelio, es simplemente la vida, simplemente decirse el uno al otro: todos somos vulnerables y todos tenemos una puerta a la que el Señor llamará algún día».

«De todas las cosas que hemos reunido, que hemos ahorrado, legalmente buenas, no nos llevaremos nada. Pero sí, llevaremos el abrazo del Señor. Piensa en tu propia muerte: ¿cuándo moriré? En el calendario no está arreglado, pero el Señor lo sabe. Y ora al Señor: «Señor, prepara mi corazón para morir bien, morir en paz, morir con esperanza». Esta es la palabra que siempre debe acompañar nuestra vida, la esperanza de vivir con el Señor aquí y luego vivir con el Señor en otra parte. Oremos los unos por los otros, por esto» 
[2]. 

En este espíritu nos encontraremos para celebrar la vida de Francisco en nuestra Catedral de Quilmes el próximo sábado 26 de abril a las 19 h, día de sus exequias. Muchos de ustedes lo harán igualmente en sus propias comunidades.

Que María Inmaculada nos siga enseñando a caminar juntos, sin dejar a nadie fuera.

Con nuestros deseos de paz y bien.

+ Carlos José Tissera
Obispo de Quilmes

+ Eduardo Gonzalo Redondo
Obispo Auxiliar de Quilmes

Quilmes, 24 de abril de 2025.

[1] Cfr. Santa Marta 29/11/2019. Homilía diaria del Papa Francisco
[2] Ibidem.