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El próximo viernes 30 de septiembre la Comunidad Siervos de las Bodas del Cordero y Tapimós Ediciones presentarán el libro inédito del Padre Eduardo Sirio «Como atravesar la crisis de los 40… y también otras crisis», en el año del 10º aniversario de su pascua.

El Padre Eduardo recordaba que «la crisis de los cuarenta llega para algunos como un vidrio que estalla a causa de una pedrada. Con los pedazos caídos por tierra podemos ponernos a llorar o a rediseñar el más hermoso y colorido vitró que jamás hayamos construído. Como recogiendo esos pedazos en forma de títulos, que luego adquirieron color cuando comencé a escribir sus contenidos al finalizar la crisis, te ofrezco este testimonio como si fuese un variado y colorido vitró.»

La presentación se hará el viernes 30 de septiembre a las 20.00 en el «Salón Nuestra Señora de Luján» de la Catedral de Quilmes (Rivadavia 355, Quilmes) 

Ante la mención del «Padre Quique» en diferentes medios de comunicación, en referencia al Presbítero León Carlos María Nisoria de esta Diócesis de Quilmes, aclaramos que el Padre Quique no forma parte del centro denunciado y se pone a disposición de la justicia para colaborar con el proceso de investigación como sea requerido.

La diócesis de Quilmes se une al dolor de las personas involucradas en esta investigación y sus familias, y pide a las autoridades que se encuentre una respuesta humanamente satisfactoria para ellas.

Catedral de Quilmes, viernes 16 de septiembre de 2022

“Hagan esto en memoria mía” (1 Co. 11, 24)
“El que quiera ser el primero, que se haga el último y el servidor de todos” (Mc. 9, 35)

Hermanas y hermanos:

La Palabra ha sido pronunciada solemnemente. Después que Jesús ha anunciado a los discípulos por segunda vez el misterio de su muerte y resurrección, al llegar a la casa en Cafarnaún les pregunta: “¿De qué hablaban en el camino?”.

Es la misma pregunta que nos acompaña en nuestra Camino Sinodal. Muchas son nuestras respuestas. Cada uno tiene la suya. Dios conoce nuestros corazones, mejor que nosotros mismos. Como les pasó a los discípulos. Ellos callaban, pero Jesús sabía de qué venían conversando; “habían estado discutiendo sobre quién era el más grande”. Asistimos a un momento en que el Maestro forma a sus discípulos. Con gestos y palabras. Después del primer anuncio de la pasión, y la reprensión a Pedro que se resistía a creerle; luego les hizo experimentar el deslumbrante momento de la Transfiguración. Ahora, luego del segundo anuncio, Jesús les enseña con paciencia. No puede entrar en sus mentes la visión de un Mesías humilde, servidor, perseguido y derrotado. Aunque físicamente están siguiendo a Jesús, sus corazones van en otra dirección, seducidos por la vanidad, el éxito, el deseo de sobresalir, de dominar. Por eso, pelean y discuten entre ellos. Qué parecido esto con algunas situaciones de nuestra vida social y comunitaria.

El Evangelio de Marcos, que repara en los detalles, dice: “Entonces, sentándose, llamó a los Doce y les dijo”. Es el Maestro en medio de la comunidad, y quiere dar una enseñanza esencial, importante, para todos los que lo siguen: “El que quiere ser el primero, debe hacerse el último de todos y el servidor de todos” (el versículo que elegiste, Guillermo, para tu vida ministerial). Jesús no rechaza el deseo de ser el primero. Ojalá que cada discípulo, de todos los tiempos, quiera ser el primero, y no nos reduzcamos a una vida insulsa, mediocre y apagada. Sabiamente los santos, como San Ignacio, se consumieron en grandes deseos de servir a Dios y a los hermanos. No es buena propuesta esconder los talentos y dones recibidos. Se trata de desarrollar todas nuestras posibilidades, no para competir o buscar prestigio personal, sino para servir mejor a la comunidad.

Para hacerlo más patente, como era costumbre en su modo de enseñar, Jesús tomó un niño y lo puso en medio. Jesús se identifica con ese niño. “El que recibe a uno de estos pequeños” los discípulos reciben a Jesús mismo, y en él, al Padre que lo ha enviado. Es claro el mensaje: ellos que discutían quién era el más grande reciben la enseñanza que en la comunidad cristiana, la máxima jerarquía es la de ese “pequeño”. Es el Dios grande que se hizo pequeño… Esa es la paradoja que los discípulos no pueden entender; se escandalizan.

Será el Espíritu Santo el que les enseñará todo. Será el que les hará gustar y gozar del misterio de la Pascua. El mismo Espíritu que invocaremos solemnemente en esta tarde de Ordenación Sacerdotal. Como lo hacemos en cada Eucaristía, el sacramento de la nueva Alianza, donde se actualiza la acción redentora de Cristo y él entra en el corazón de su pueblo para renovarlo y hacerlo capaz de una amorosa fidelidad: “Esta copa es la nueva alianza en mi sangre, que es derramada por ustedes” (Lc. 22, 20). Y hoy nos dice San Pablo que es lo que él recibió como enseñanza del Señor: “Hagan esto en memoria mía” (1 Co. 11, 24) (El versículo que elegiste, Darío, para tu vida ministerial).

En este templo emblemático de Quilmes, nuestra Catedral, seremos testigos de otro maravilloso gesto del amor misericordioso de Dios. Ustedes serán ordenados sacerdotes hoy. Muchos de los presbíteros acá presentes, también fueron ordenados aquí. El próximo lunes 19, celebraremos un nuevo aniversario de la ordenación episcopal del Padre Obispo Jorge Novak, realizada en este altar. Hoy lo recordamos con un corazón agradecido.

Cualquiera podría preguntar: ¿para qué ser sacerdote? Para celebrar la Eucaristía y para perdonar los pecados. Toda otra cosa pueden hacerlo las personas laicas, como me lo han oído decir tantas veces en estos años de formación. Nadie puede consagrar el pan y el vino sino el sacerdote. Nadie puede perdonar sacramentalmente los pecados, sino el cura, como popularmente lo sabe la gente. Podremos hacer muchas otras cosas sin ser ordenados sacerdotes, pero nos hacemos curas para hacer esas dos cosas fundamentalmente. La Eucaristía es la presencia real de Jesús para alimentar a su pueblo, y el sacerdote está ordenado para celebrarla; “Hagan esto en memoria mía” (1 Co. 11, 24) De aquí nacerá la preocupación de ustedes para que la gente tenga lo necesario para vivir bien, dignamente. El compromiso social del sacerdote nace de esa misión de vivir para la Eucaristía y de la Eucaristía. Será esa Misa que celebrarán la que los vaya formando a su imagen; ser como el alimento sencillo y fuerte para la gente; bondadosos como el pan. Entregándose en cuerpo y alma por su pueblo, como Cristo inmolado en la cruz. De esa Eucaristía nace la preocupación social del sacerdote y le da su fuerza espiritual para no desfallecer en la causa por la justicia y la paz.

“Vivan cada Misa, con el corazón necesitado y déjense sostener por Jesús; y en cada Misa descansen y recuperen el sentido de su sacerdocio. No importa cuántas veces la celebren, sino que cada vez sea la fuerza y el alimento, y nunca una obligación. Esta unión tan especial entre el cura y la Eucaristía no se borra más, porque es la gran marca que el ordenado lleva dentro, es parte esencial del “carácter” del orden sagrado” (Víctor M. Fenández, 21/11/2020)

Son ordenados sacerdotes para absolver los pecados en nombre de Dios. ¡Cuánto dolor hay en los corazones!¡Cuántas heridas causadas por el rencor, el odio, las venganzas, los celos, las envidias, las ambiciones desmedidas, las injusticias de todo tipo, las discriminaciones, los abusos, la soberbia, las traiciones, etc.! Sean imagen del padre que recibe con los brazos abiertos para dar el perdón. La Eucaristía los irá formando en la vida para ser pan para los corazones hambrientos de amor que perdona. A nadie cierren esta fuente de gracia y misericordia. Es preferible que se equivoquen por ser muy comprensivos antes que ser jueces desalmados, inhumanos con la gente. No son curas para eso. “Como decía santo Tomás, eso “vale más que la creación del cielo y de la tierra”. No dejen de agradecer que ustedes como sacerdotes están ahí, participando de ese prodigio que es divino, como cauces que dejan correr el río de la gracia. ”Perdonen setenta veces siete porque Dios perdona setenta veces siete. Y de este sacramento brotará también el ministerio de reconciliar a las personas, de sembrar diálogo, comprensión y paz social”. (ídem)

¡Qué necesarios son los sacerdotes! Por eso, la alegría que nos causa verlos sacerdotes para siempre nos invita a mirar al pueblo de Dios y escuchar a Jesús que dice: “la cosecha es abundante, pero los trabajadores son pocos. Rueguen al dueño de los sembrados que envíe trabajadores para la cosecha” (Mt. 9, 37-38) Invito a las comunidades que recemos pidiendo esa gracia. Que los que reciben el llamado de Dios, encuentren quiénes los acompañen, los alienten y los ayuden a discernir la voluntad de Dios. Es un compromiso de toda la diócesis para este tiempo. Es la preocupación que tenemos por el futuro de nuestro Seminario. No nos angustiamos, pero no dejamos de pedir ayuda al Señor y a todos ustedes para que, con una imaginación creativa, vayamos consolidando una pastoral vocacional entusiasmante para las juventudes de hoy.

Querido Darío, querido Guillermo: les deseo que sean curas felices. Serán felices en la medida que se sepan cada día instrumentos de la gracia de Dios. El Señor Jesús es el Buen Pastor. Nosotros sólo sus instrumentos. Él seguirá apacentando a su pueblo a través de ustedes. Déjense pastorear por Él, y en esa medida, siendo instrumentos de su amor, serán buenos y felices pastores en su Reino. Ya están jugados por Él y por su pueblo. Déjense amar por Él como son, y conscientes de su fragilidad, amen con todo su ser a los demás.

Se han consagrado a Dios para orar por su pueblo. No dejen de rezar. En la oración podrán hacer vida la palabra de Jesús “permanezcan en mí” (Jn. 15, 4) Al modo del Santo Cura Brochero sean hombres de oración. Así lo atestigua el Santo Cura cuando le escribe a su compañero de curso (Mons. Yañiz, Martin): “Me ha movido escribirte porque tres veces he soñado que he estado en funciones religiosas junto contigo, y también porque el 4 del entrante mes enteramos 47 años, a quienes eligió Dios para príncipes de su corte, de lo cual le doy siempre gracias a Dios, y no dejo ni dejaré aquellas cortitas oraciones que he hecho a Dios, a fin de que nos veamos juntos en el grupo de los apóstoles en la metrópoli celestial” (José Gabriel Brochero, 28 de octubre de 1913)

En la carta que cada uno me escribió pidiendo la ordenación presbiteral, me dicen que han hecho el retiro en el Monasterio de las Carmelitas de Mar del Plata. Inmediatamente pensé en el cardenal Pironio. Sé que ustedes lo aprecian mucho. Lo ví personalmente por primera vez en Mar del Plata, en el año 1973. Termino con una cita suya de la conocida “Meditación para tiempos difíciles”: “Hacen falta hombres nuevos, capaces de saborear la cruz y contagiar el gozo de la resurrección, capaces de amar a Dios sobre todas las cosas y al prójimo como a sí mismos, capaces de experimentar la cercanía de Jesús y de contagiar al mundo la esperanza… Hombres que han experimentado a Dios en el desierto y han aprendido a saborear la cruz… Porque, en la fidelidad a la Palabra, han comprendido que los tiempos difíciles son los más providenciales y evangélicos, y que es necesario vivirlos desde la profundidad de la contemplación y la serenidad de la cruz. De allí surge para el mundo la victoria de la fe (1 Jn 5,4), que se convierte para todos en fuente de paz, de alegría y de esperanza” (Ed. Patria Grande. 1976. Pg. 62-63)

Que la Inmaculada Concepción, que estuvo desde el inicio del llamado de ustedes, los cuide y los abrace siempre con ternura.

+ Carlos José Tissera
Obispo de Quilmes

El próximo sábado 27 de agosto se realizará la misa de envío misionero del Presbítero José Antonio Zurita , junto con otros misioneros, que participará de la misión en Yahuarcocha, Diócesis de Ibarra, Ecuador, durante dos meses.

La Misa la presidirá el Padre Obispo Juan Carlos Romanín sdb, emérito de Río Gallegos, a las 11.00 de la mañana en la Capilla Santa Elena del Parque Pereyra Iraola.

El Padre José Antonio forma parte del grupo de misioneros del «Negrito Manuel» de la Basílica de Luján, que recorren los lguares más humildes dentro y fuera del país, acompañan a los pueblos de desde su religiosidad popular y dififunden la devoción Negrito Manuel, esclavo de la Virgen de Luján, para su pronta beatificación.

«La misión me llena el corazón… me alimenta la fe, me ayuda a seguir en el camino del sacerdocio y alimentarlo», comparte el Padre José Antonio.

Rezamos por él y por todas las personas que participarán de esta experiencia misionera para compartir la vida y la fe.

La Diócesis de Quilmes se une en oración por sus presbíteros que, junto con el Padre Obispo Carlos José Tissera, participarán de un retiro espiritual en Luján, en la Villa de los Maristas, desde la tarde de este lunes 22 de agosto hasta el viernes 26.

El retiro del presbiterio estará animado por el sacerdote jesuita Oscar Freites.

Rezamos por ellos para que puedan vivir de manera plena estos días de gracias para el bien de todo el Pueblo de Dios.

Luego de 3 meses del fallecimiento del Presbítero Carlos Abad, el Padre Obispo Carlos José Tissera confía la misión de párroco de Nuestra Señora de la Paz del Decanato Quilmes Centro (Ascasubi 212, Bernal) al Presbítero Daniel Fernando Moreno.

El Padre Daniel iniciará su ministerio pastoral el domingo 23 de octubre a las 11.00 en el misa que presidirá el Padre Obispo Carlos en el templo parroquial.

Damos gracias a Dios porque en su infinita providencia provee de un pastor para seguir caminando junto  a esta comunidad. El Padre Obispo Carlos agradece especialmente a los presbíteros Gustavo Módica y Adolfo Bertinelli, y a los diáconos por la disponibilidad de estos meses acompañando a esta comunidad parroquial.

Queridos hermanos sacerdotes:

En este día sacerdotal, tradicional DÍA DEL PÁRROCO, en la memoria del Santo Cura de Ars, quiero desearles un ¡Feliz día!

En nuestro “Camino sinodal diocesano” hemos escuchado la voz del Señor y la voz de nuestro pueblo, parafraseando al Beato obispo mártir Enrique Angelelli, que hoy conmemoramos el 46° aniversario de su martirio.

Hemos escuchado tantas experiencias de hermanas y hermanos visitados por el dolor y el sufrimiento en esta larga pandemia, entre los cuales también hay hermanos sacerdotes. Por ello quiero expresarles mi saludo agradecido en este día por tanta vida entregada al servicio de nuestro pueblo fiel. Solo Dios sabe lo que cada uno ha vivido en este tiempo; momentos de gozo profundo y tantos otros de desazón, desilusión o desencanto. En toda situación, en todo recoveco de nuestro caminar el Señor sigue pronunciando el cautivante llamado: “Sígueme”. Con la gracia de su amor hemos respondido “Sí Señor; aquí estoy”.

Hemos sido ordenados para la Eucaristía, para el servicio de nuestro pueblo. Hacernos “uno” con Jesús que muere y resucita, gran misterio celebrado por nosotros cada día.

Quisiera compartirles un párrafo de la reciente Carta Apostólica del Papa Francisco “Desiderio desideravi”, sobre la formación litúrgica del pueblo de Dios. Francisco destaca nuestra misión en el pueblo “Para que este servicio se haga bien –con arte– es de fundamental importancia que el presbítero tenga, ante todo, la viva conciencia de ser, por misericordia, una presencia particular del Resucitado… El propio presbítero se ve sobrecogido por este deseo de comunión que el Señor tiene con cada uno: es como si estuviera colocado entre el corazón ardiente de amor de Jesús y el corazón de cada creyente, objeto de su amor. Presidir la Eucaristía es sumergirse en el horno del amor de Dios. Cuando se comprende o, incluso, se intuye esta realidad, ciertamente ya no necesitamos un directorio que nos dicte el adecuado comportamiento. Si lo necesitamos, es por la dureza de nuestro corazón. La norma más excelsa y, por tanto, más exigente, es la realidad de la propia celebración eucarística, que selecciona las palabras, los gestos, los sentimientos, haciéndonos comprender si son o no adecuados a la tarea que han de desempeñar. Evidentemente, esto tampoco se puede improvisar: es un arte, requiere la aplicación del sacerdote, es decir, la frecuencia asidua del fuego del amor que el Señor vino a traer a la tierra” (cfr. Lc 12, 49)

Que la Virgencita de Luján nos ayude a vivir hondamente el misterio del sacerdocio, y el santo Cura Brochero nos alcance de Dios una “ponchada” de gracias para mejor servir a nuestro pueblo.

¡Feliz día, hermanos queridos!

+ Carlos José Tissera
Obispo de Quilmes